Era una de esas tardes grises, desapacibles, frescas y húmedas de mediados de otoño. El viento frío del Pirineo que soplaba levemente, no parecía presagiar la tragedia que acaecería en un breve espacio de tiempo. Aquel día, el Segre portaba un extraordinario caudal, tanto que estaba a punto de sobrepasar el muro de contención. La presión del agua era enorme y muchos viandantes se habían parado y hacían conjeturas sobre si podría o no soportar su empuje. Las dudas se disiparon rápidamente; con gran estruendo, la voluminosa potencia del agua lo derribó como si fuera un gigante abatido por las fuerzas de la naturaleza y una inmensa ola arrasó todo lo que encontraba a su paso. Aquel reventón del río fue solamente el preludio de lo que, un rato más tarde, sucedería. Y…, así llegó la tragedia. Eran las 15:40 horas del día 2 de noviembre de 1937, el Liceo Escolar, junto al mercado de Sant Lluís y los edificios circundantes, fueron destruidos. En aquel infame y perverso ataque fascista, en un instante, perdieron la vida medio centenar de alumnos y varios profesores del colegio. La población de Lleida que transitaba por las calles, aterrorizada y confusa, se refugiaba donde podía ante la masacre que se estaba produciendo. Y se quedó muda y perpleja, como los humanos nos quedamos a veces, mirando a los estudiantes y educadores que yacían en el suelo, esperando que se levantasen y volvieran a caminar en cualquier momento. Pero…, ellos, no volvieron.
“Tres cuarenta de la tarde. Se abrió el cielo y de pronto se hizo grande, arrojó fuego... Paseo, miro hacia donde estaba el Liceo. Rememoro la tragedia y, de nuevo, siento miedo. Recorro las calles de Blondel y alrededores esperando veros y no os encuentro. Os busco, compañeros, os llamo y desespero. Ya solo queda el recuerdo. Tres cuarenta de la tarde… Silencio”
Estos sucesos, mucho más largos y extensos, casi entre lágrimas, me los relató hace años, un día de otoño, mi suegro.
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| Segre 11.11.2024 |
Hasta hace pocos años, se creyó firmemente que la Legión Cóndor fue la responsable de una de las masacres más crueles que sufrió la capital del Segriá. Sin embargo, una investigación de los periodistas Jordi Guardiola y José Carlos Miranda reveló que el terror fascista no provenía de Alemania, sino de la Aviazione Legionaria Italiana. Y además, parece ser, que fueron las condiciones meteorológicas las que decidieron el fatídico destino el 2 de noviembre de 1937. Entonces, casi como ahora con la Dana, fueron unas abundantes y pesadas nubes que había sobre la localidad de Flix, en Tarragona, las que determinaron el futuro de medio centenar de alumnos y varios profesores del Liceo Escolar de Lleida. Por lo que se conoce, inicialmente el objetivo de las fuerzas aéreas sublevadas era Flix, pero las citadas nubes llevaron a Lleida a ser el blanco de los bombardeos. No se sabe si fue una casualidad o un plan B premeditado. El hecho es que durante el ataque, parte del Liceo Escolar fue destruido, causando la muerte, como indico anteriormente, de cincuenta niños y algunos profesores. Y que el mismo bombardeo también impactó el Mercado de San Luis, donde muchas mujeres y niños perdieron la vida.
Ayer, 3 de noviembre, Lleida volvió a recordar estos hechos, una de las páginas más oscuras de su historia: el bombardeo del Liceo Escolar. La Paería, conmemoró el 87 aniversario del trágico suceso con un acto sencillo pero cargado de emotividad, en el que autoridades municipales y familiares de las víctimas se reunieron, una vez más, en la calle Blondel junto al monumento “Dignidad, Memoria y Vida” que homenajea a las víctimas y supervivientes del bombardeo, para recordar a los más de cincuenta alumnos y profesores que perdieron la vida aquel fatídico 2 de noviembre de 1937. El acto se abrió con una introducción histórica a cargo del historiador Oriol Bosch. Seguidamente, el regidor de Educación, Xavier Blanco, pronunció unas palabras en las que recordó el horror vivido aquel día, subrayando la importancia de mantener viva la memoria de este suceso para que tragedias como ésta no se repitan. A continuación la compañía de Teatre La Màxima, de la Fundación Privada Ilersis, bajo la dirección artística de Jaume Belló y Mireia Freixas, recreó los hechos sucedidos, acompañada por la alumna de viola del Conservatorio Municipal de Música de Lleida Laura Baraut, que interpretó El cant dels ocells. El Sr. Sampedro, uno de los escasos alumnos que continúa con vida, nos recordó a los asistentes el dolor y la injusticia de aquel día haciendo un emotivo llamamiento a la paz. Y cerró el acto el Sr. Alcalde, Félix Larrosa que, tras pronunciar unas emotivas palabras, realizó la ofrenda floral, conjuntamente con varios regidores y familiares en memoria de los alumnos y profesores fallecidos.
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| Ofrenda floral 4.11.2024 |
Un lienzo gris, manchado por la tragedia, se desplegó sobre Lleida aquel aciago otoño. El viento, como un susurro de fatalidad, anunciaba la tormenta que se cernía sobre la ciudad. El río, embravecido, rugía como un león enjaulado, presagiando el caos que se avecinaba. Y así, entre el cielo plomizo y la tierra anegada, la muerte sembró su terror, transformando un día cualquiera en un eterno lamento. Las bombas, como látigos de odio, azotaron la ciudad, dejando una estela de dolor y desolación. La inocencia de los niños, la sabiduría de los maestros, se apagaron en un instante, víctimas de una guerra cruel y despiadada. Lleida, marcada por la cicatriz de aquel día, ha decidido no olvidar. Con cada aniversario, la ciudad reafirma su compromiso con la paz y la justicia. El recuerdo de las víctimas nos obliga a construir un futuro donde la violencia no tenga cabida. Que la memoria de aquellos niños y profesores sea un faro que ilumine nuestro camino hacia una sociedad más justa y equitativa.


