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miércoles, 25 de marzo de 2026

La terca ley de la primavera frente al Segre.

 

La primavera siempre me ha parecido un prodigio fascinante, íntimo. He vivido ya ochenta, y aún hoy me asombra comprobar que ninguna se repite: todas son la misma y, sin embargo, todas tan distintas; como si la naturaleza, paciente, se empeñara en reinventar su misterio ante mis ojos ya cansados. Este año, como otros años, ha llegado sin avisar, ligera y súbita, y a mí me ha alcanzado como una risa que se me escapa entre los labios antes de recordar por qué estaba triste.

 



He salido al balcón de mi casa y he dejado que la mirada se deslizara por el Segre, que esta primavera baja ancho, generoso, casi con un pulso propio. Me he entretenido un rato observando a los patos, atareados, buscando un lugar donde comenzar la vida y, al poco tiempo, la mirada se me ha ido ligeramente más lejos, hasta donde descansan los Campos Elíseos, como si el ritmo de la vida allí se hubiera vuelto más lento. Casi de improviso, he sentido en el aire una vibración leve, una luz color limón que no sabría explicar del todo y que, sin embargo, me atraviesa. Y entonces, sin apenas darme cuenta, he regresado a mi infancia en Marruecos: a las azoteas llenas de sol, a los naranjos en flor de la fértil vega del Lucus, a aquel espacio de tiempo detenido en el que la vida no pedía nada, porque todo estaba ya ocurriendo y bastaba con mirarlo.

 

Siempre he acabado sucumbiendo a la primavera. Ésta, la de este año, ha llegado entre los últimos restos del invierno y antes de que el verano empiece a insinuarse, y me ha dejado en una especie de territorio intermedio, tibio, donde el ánimo vacila y el cuerpo, que todavía se duele con algunas secuelas al haber sido intervenido, lo sigue sin demasiada resistencia. Han sido unos primeros días de primavera, en los que he sentido que convenía no forzar nada, sino dejar que el tiempo respirara por sí solo. Pero la memoria, obstinada, me ha empujado a recordar que incluso en los momentos más inciertos, la belleza aparece de pronto, sin anunciarse, casi de incógnito. Así la viví en Amberes y La Haya, cuando ya había cumplido largamente los treinta, y más tarde en Zúrich y Lausana, al pasar de los cuarenta. No eran primaveras muy distintas de ésta, y sin embargo lo eran todo. En esas ciudades sentí —y ahora con nitidez lo recuerdo— que la primavera no sucedía solo fuera, sino también dentro de mí, como una irrupción inesperada que lo iba llenando todo poco a poco: las calles, los canales, el puerto, las plazas, el lago y también algo más hondo, más difícil de nombrar; la propia consciencia. Un tiempo, unos años, unos días, unos instantes, a veces breves, pero tan intensos, que todavía hoy me dejan sin aliento.

 

Segre 8.04.2026

Hay algunos días, otros momentos, en los que uno querría no vivir —no por deseo de morir, que eso queda lejos—, sino por el cansancio de registrar cada estímulo, de enfrentarse a este mundo loco y desordenado que tenemos y que no siempre acierto a comprender. Y, sin embargo, mientras repaso estos recuerdos que se me han ido entrelazando —el río, las azoteas, el inconfundible azahar de los naranjos de mi infancia y las ciudades que me habitaron—, caigo en la cuenta de que la primavera, incluso ahora, sigue imponiendo su ley. Y llega también, incluso, bajo la cruel lluvia de bombas y misiles que asolan otras no tan lejanas tierras, ajena y persistente, como si nada pudiera detenerla. Y mientras allí mueren seres inocentes, aquí, mientras tanto, entre almendros y frutales en flor, la vida vuelve a pintar el aire con una obstinación serena que me desconcierta. Y tal vez por eso, en estos días más difíciles, es cuando me descubro susurrando plegarias casi iracundas, como aquel ruego de Robert Frost que, con sencillez filosófica y profundidad sentimental, decía—“Señor, hazme caso a mí”—. Y, comprendo, no sin cierta resistencia, que cuando todo parece a punto de quebrarse, la primavera abre una rendija en la desesperación y me obliga, una vez más, a mirar al cielo.

 

Es en esos momentos cuando, casi sin proponérmelo, vuelvo hacia atrás en la memoria y me recuerdo en Marruecos, cuando el sol bajaba lento. Y es que aquella luz cálida me enseñó que la primavera no se apresura; llega despacio, entre juegos de sombras y destellos dorados, y que cada flor abierta es un milagro silencioso. Incluso entonces, siendo niño, entendía que algo se renovaba en el aire y que la vida, por más simple que pareciera, podía sorprendernos con su delicadeza.

 

Años después, entre Amberes y La Haya, aprendí a percibir la primavera como un estallido más abrupto. Los canales holandeses y el puerto del majestuoso Escalda reflejaban la luz de marzo con un brillo metálico, y los árboles se llenaban de brotes verdes casi de golpe, como si quisieran recordarme que siempre hay un momento para dejar atrás la rigidez del invierno. Y me veo a mí mismo caminando por las calles empedradas, doblando cada esquina, cruzando cada puente, deteniéndome o sentándome en las plazas, recorriendo un escenario donde la primavera parecía querer hablarme, como si insistiera en que los días grises eran más que el preludio de un luminoso acontecer. Y años más tarde, ya en tierras suizas, en Zúrich, junto al lago, y en Lausana, inseparable del Léman, la primavera adquiría otro lenguaje: el agua reflejaba el cielo y me hablaba con el murmullo de las olas, mientras el viento traía aromas de los Alpes y del Jura, extraños y familiares al mismo tiempo.

 

Y es así, entre recuerdos que no terminan de irse y este presente que se impone con suavidad, como vuelvo a lo inmediato, a lo que ahora mismo me rodea. El murmullo de los pájaros, el crujido de la luz que se estira un poco más cada tarde y el perfume de las flores me recuerdan que la vida persiste. Los caminos se llenan de un brillo nuevo, como si el mundo hubiera sido lavado durante la noche y ahora reluciera con cierto descaro. Y entonces camino más lento, respiro más hondo, como aquel niño que descubría cada rincón de Marruecos, como aquel docente que se dejaba arrastrar por las calles de Amberes, La Haya, Zúrich y Lausana; porque la primavera es, para mí, eso: un regreso, un recuerdo que se hace presente, una promesa de vida que llega sin permiso, con la suavidad de la luz y la firmeza de lo vivido aquí, frente al Segre.

 

 

 

 

 

 

 

36 comentarios:

  1. Pues, querido Juan Antonio, me gustaría decirte que has regalado muchas primaveras a tus lectores con artículos como éste desde aquél lunes, 29 de abril de 2013 en que nació este blog.
    Has sido, eres y seguirás siendo ese faro de entendimiento, tolerancia, sentido común y sabiduría. Ese punto de encuentro y espacio de libertad que has conseguido que sea tu blog en los 13 años que ahora se cumplen.
    Enhorabuena, deseo que todas las primaveras que vendrán lo sigan haciendo despacio, "entre juegos de sombras y destellos dorados", "como aquél "sol de la infancia" en Marruecos.

    Un abrazo,
    Miguel Ángel Cerviño

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  2. Hola, Juan Antonio, buenas tardes
    Cuando haces artículos personales, íntimos, es cuando lucen tus virtudes literarias, en los de opinión también queda patente tu dominio de la lengua y de su gramática, pero es los que, como éste que comentamos, donde yo llego a ver hasta tu personalidad. Estos son artículos de premio, los de opinión dependerá de la ideología del tribunal que otorga el premio, pero en tus personales todo el mundo, por unanimidad, está de acuerdo con tus cualidades excepcionales del dominio de la lengua y de su uso escrito. Felicidades.
    Una abrazo.
    Ramón Morell

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  3. Juan Antonio,
    A mí también me gusta la primavera, pero no me despierta tanto los sentidos como a ti que te lleva a evocar las primaveras de tu infancia. Mucha poesía y una gran memoria.
    Celebro que te encuentres bien .
    Un abrazo para ti y para Rosa.
    Pilar Barrabés

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  4. Buenos días tío, te toco el punto de melancolía que tan bien manejas y expresas en tu línea de como ves la vida en el artículo …muy bonito.

    Besos
    Nacho Valero

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  5. Qué maravilla de texto. Me ha hecho sentir esa primavera como si estuviera yo mismo en ese balcón frente al río. Esa mezcla de memoria y presente está escrita con una delicadeza impresionante

    Antonio Ruiz

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  6. He leído el artículo despacio, saboreándolo, y me ha emocionado profundamente. Esa forma de enlazar la infancia con el ahora es preciosa. Gracias por compartir algo tan íntimo-

    Carmen López

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  7. Hay una serenidad en sus palabras que se contagia. Me ha gustado especialmente esa idea de que cada primavera es distinta, aunque parezca la misma. Muy cierto y muy bien expresado.

    José Manuel Ortega

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  8. Me ha transportado completamente. Las imágenes del Segre, los recuerdos de Marruecos… todo está lleno de luz. Es un texto que invita a detenerse y respirar-

    Mª Dolores Navarro

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  9. Qué forma tan bonita de hablar de la primavera y de la vida. Me ha llegado especialmente ese contraste entre la belleza y el dolor del mundo. Muy conmovedor.

    Ana Belén Castillo

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  10. Es de esos artículos que uno relee varias veces. Tiene profundidad, sensibilidad y una mirada muy humana sobre el paso del tiempo. Me ha encantado.

    Francisco J. Morales

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  11. Hay frases que se quedan resonando mucho después de terminar la lectura. Este texto está lleno de ellas. Una reflexión muy lúcida y honesta.

    Miguel A. Serrano

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  12. He sentido mucha paz leyendo este artículo. Tiene algo casi poético que te envuelve. Gracias por escribir con tanta verdad.

    Laura Jiménez

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  13. Magnífico. La manera en que describe los lugares y los recuerdos es extraordinaria. Uno casi puede ver la luz, oler el azahar y escuchar el río.

    Pedro L. Herrera

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  14. Un texto precioso y muy humano. Me ha hecho pensar en mis propias primaveras y en cómo cambian con los años. De verdad, una lectura inolvidable.

    Isabel Moreno.

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  15. Precioso artículo. La primavera es bonita y florida si el invierno hay mucha lluvia como este año yo lo tengo probado. Enhorabuena

    Antonio Puig

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  16. Buenas noches,
    Gracias por compartir. Magnífico, como nos tienes acostumbrado.

    Santiago Fernández

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  17. Mirando el Segre que pasa delante de tu casa, hoy has tenido la suerte de recordar las primaveras vividas en distintos lugares de nuestro continente en edad adulta y en el del norte de África en la niñez..., esta realidad es a su vez una suerte inmensa, que no todos hemos vivido. Pero a la vez siento que tus recuerdos mirando el Segre, te lleva a escribir este delicioso artículo sobre las primaveras de tu vida, llenas de imágenes y perfumes de flores de naranjos y flores a tu paso en cada lugar donde has pasado varios años de tu vida.
    Como siempre tú relato me emociona, y te agradezco la ocasión que me ofreces de leerlo.
    ¡Me encanta !
    Muchas gracias y buenas noches amigo.

    Pili Obre

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  18. Maravilloso artículo. ¡Enhorabuena!

    Josep Porta

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  19. Buenos días. Muy bonito tu artículo sobre la primavera. Haces una descripción muy poética de la estación más bonita del año en la que la naturaleza rebrota del letargo invernal y su luz nos llena de energía. Me ha gustado mucho.
    Un abrazo.
    Anna García

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  20. Que la primavera renazca en ti, cada año de los que aún te quedan por vivir. Que te inspire, ese sentimiento poético de ahora, mirando el rio Segre; que te haga percibir, todos los aromas florales que te han impregnado hasta el momento y sobre todo, que tu "Señor" te haga caso.
    Un abrazo.
    Magda Díez

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  21. Emotivo y lleno de añoranzas el artículo sobre la primavera. Bonita época del año que siempre nos sorprende y personalmente me llena de vida y, actualmente, también de esperanza al demostrar que a pesar de la asombrosa brutalidad que muestra parte le la humanidad, la naturaleza siempre nos regala obstinadamente la belleza del renacer de nuevo.
    Bona nit.
    Manolo Pulido

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  22. Qué maravilla de texto. Me ha emocionado cómo enlazas la memoria con el presente, como si la primavera fuera un puente secreto entre todas tus edades. He sentido el Segre casi como un personaje más.
    Un abrazo
    Martín Cebrián

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  23. Su forma de describir la luz me ha dejado suspendida un momento. Esa “vibración color limón” es una imagen preciosa. Gracias por recordarnos que la belleza sigue apareciendo incluso cuando el mundo parece desordenarse.

    Laura Benet

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  24. Me ha impresionado la serenidad con la que habla del paso del tiempo. No desde la nostalgia amarga, sino desde una especie de gratitud tranquila. Ojalá todos pudiéramos mirar así nuestras propias primaveras.

    Araceli Vidal

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  25. He leído tu artículo dos veces. La primera, por placer; la segunda, porque necesitaba volver a esa sensación de calma que transmites. Qué forma tan delicada de unir Marruecos, Amberes, Suiza y el Segre en un mismo latido.

    Saludos afectuosos
    Sofía Marquina

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  26. Hay un momento en el que dices que la primavera sucede también dentro de ti. Esa frase me ha acompañado todo el día. Gracias por escribir algo que no solo se lee, sino que se respira.
    Saludos cordiales
    Joaquín Ferrer

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  27. Me ha conmovido especialmente la parte en la que menciona la guerra y, aun así, la primavera que insiste. Es un contraste duro, pero real. Su reflexión tiene una humanidad que se agradece.

    Clara Espluga

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  28. Qué forma tan elegante de narrar el cansancio y, al mismo tiempo, la esperanza. Me he sentido muy identificado con esa sensación de “territorio intermedio” en la que uno no fuerza nada y deja que el tiempo haga su trabajo.

    Ricardo Mena

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  29. Sus recuerdos de Marruecos son de una belleza luminosa. Parecen escenas de una película que uno querría volver a ver. Gracias por compartir esa infancia que todavía le acompaña.

    Nuria Castellví

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  30. Me ha encantado cómo conviertes cada ciudad en un estado del alma. Amberes, La Haya, Zúrich, Lausana… todas parecen hablarte, y tú las escuchas con una sensibilidad que ya no se encuentra fácilmente-

    Saludos desde la distancia.
    Álvaro Pons

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  31. Su artículo es un abrazo lento. Me ha recordado que la primavera no es solo una estación, sino una forma de mirar. Ojalá siga escribiendo así, con esa mezcla de ternura, lucidez y memoria.

    Helena Rull

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  32. ¡Pero qué preciosidad! Poesía de la buen en prosa. Siempre te he dicho que este tipo de artículos son los que mejor se te dan. Los análisis sobre hechos pueden ser de una u otra manera, pero son sobre hechos ajenos. Sin embargo, lo que has escrito va de dos almas: la de la naturaleza y la tuya, y de cómo se pueden entrelazar.
    Muchas gracias y un abrazo.
    Jaime Martínez

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  33. La primavera entierra el crudo y duro invierno lleno de agua que hemos vivido este año, plagado de tormentas e inmensas catástrofes, en distintas comunidades y pueblo de nuestro país.Te mando un nuevo trabajo de Juan Antonio, recordando las primaveras que ha vivido en distintos países.
    Un abrazo.
    Miguel Soto.

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  34. Extraordinario y bellísimo artículo sobre la primavera, lleno de sensibilidad poética. Literariamente es magnífico. Me ha gustado mucho. ¡Enhorabuena !Juan Antonio.

    Un fuerte abrazo,
    Claudio Madrid

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  35. Amigo Juan Antonio.
    !!!Cómo me ha emocionado tu relato.!!! Qué envidia ese don que tienes y que te permite expresar con palabras los sentimientos y las emociones que casi todo el mundo siente, pero que solo algunos, muy pocos, sois capaces de expresar. Tus textos, para mí , son pura poesía. Se lo voy a remitir a todos mis contactos, como lo que me gustaría decirles a la llegada de la primavera.
    Por otro lado, te cuento que hemos ido aplazando una escapada a Cambrils a causa del mal tiempo y esta próxima semana tampoco podemos ir, así que esperemos que a partir de mediados de Abril finalmente podamos pasar 8 o 10 días junto al mar. Te informaré por si pudiéramos coincidir. Y espero que para entonces te hayas podido deshacer de los médicos.
    Un fuerte abrazo para ti y otro para Rosa.

    Rafael Muyor

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  36. Siempre he admirado a los que yo llamo “juntapalabras”, esos elegidos por las musas de la inteligencia que de una cosa, un sentimiento, un color, una palabra; en fin, cualquier cosa que a las otras personas nos parecen normales, otros, plasman textos de una belleza incontestable y, que su lectura, nos llevan a recordar nuestras propias intimidades, que en la mayoría de los casos, creíamos que habíamos borrado de nuestra memoria. Salir al balcón, mirar el Segre y viajar hasta Marruecos, Amberes, la Haya, Zürich y Lausanne y plasmarlo en un texto tan poético, me ha transportado hasta mi infancia. Está claro, que no tengo el talento para plasmarlo en un escrito, mínimamente decente, pero las emociones vividas con mis recuerdos, estoy seguro que equivalen a un buen texto.
    Un fuerte abrazo
    Santiago Fernández

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Gracias por tus comentarios.