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jueves, 23 de abril de 2026

St. Jordi: escribir en voz baja

 

Desde niño siempre había querido escribir, que no es lo mismo que ser escritor. Escribo unas veces desde el presente recuerdo y, en otras ocasiones, desde el recuerdo presente. Y sin embargo, hay días en los que esa inclinación íntima parece encontrar su eco en el mundo. El día 23 de abril es uno de ellos. Y es que ese día, en el que las calles se llenan de libros como si fueran panes recién hechos y las manos se buscan entre páginas y rosas, uno tiene la tentación de creer que escribir es un acto público. Que pertenece a la celebración, al bullicio, al intercambio. Pero no es verdad. Escribir, en realidad, sucede en voz baja. Lejos del ruido, incluso cuando las calles se llenan de libros y de rosas. Sucede, por ejemplo, en la soledad de un cuarto donde el reloj avanza sin testigos, o en una mesa de un escritorio cualquiera donde el café se enfría mientras una frase se resiste. En el fondo, escribir es reescribir hasta que el párrafo deja de avergonzarte. Hasta que, por un instante breve y casi milagroso, lo que has querido decir se parece un poco a lo que has escrito. Y aun así, nunca del todo es perfecto.

 

La Mañana 23.04.2026

Entonces, ¿cómo y qué es escribir? La pregunta tiene algo de trampa. Es como preguntarle a quien ha estado en el fondo del mar cómo es la oscuridad o a quien ha regresado de muy lejos cómo suena el silencio. Porque escribir no se explica, se atraviesa. Y quienes escribimos en un diario —si es que podemos llamarnos así sin rubor— lo hacemos quizá porque antes fuimos lectores, espías discretos de vidas ajenas, y un día decidimos exponernos, cruzar la frontera, convertirnos en lo observado.

 

Personalmente, no escribo para nadie en concreto. Ni siquiera para quien ahora lee estas líneas. Escribo para mí, como quien habla solo en una habitación vacía y, sin embargo, siente que alguien escucha. Escribo por una mezcla de obstinación y de placer, por ese impulso antiguo que me empuja a ordenar el mundo cuando el mundo no tiene orden. A estas alturas de la vida —cuando uno ya no espera casi nada y ha aprendido a convivir con la intemperie— escribir se parece más, al menos para mí, a una forma de resistencia que a una pasión u oficio.

 

Recuerdo —y en ese recuerdo hay una lejana ciudad entera latiendo— el día en que escribí mi primer artículo. Era joven, cursaba aquel recordado bachillerato superior, y el miedo ocupaba más espacio que las palabras. Tenía una semana para entregarlo, pero lo terminé en el último momento, cuando la mañana ya era un ruido inevitable. Entré en clase con el texto temblando entre las manos. Mi profesor lo leyó en silencio. Aquel silencio fue, quizás, la primera lección de escritura que recibí. Luego corrigió un par de frases y dijo simplemente: “bien”. No hubo aplausos, ni entusiasmo, ni ceremonia. Solo esa palabra seca que, con los años, he aprendido a valorar más que cualquier elogio. Al cabo de dos días salió publicado en el diario El Faro de Ceuta.

 

Desde entonces, escribir ha sido siempre lo mismo y siempre distinto para mí. Empieza con una idea —una escena vista al pasar, una frase oída en un autobús, una noticia leída sin demasiada atención— y termina en otro lugar. Porque escribir es descubrir. Uno cree que va hacia un sitio y acaba llegando a otro. Y es que las palabras tienen su propia voluntad, y a veces se desvían, como si supieran algo que nosotros ignoramos. De hecho, hay días en que escribir es como tocar un instrumento. No uno clásico, sino algo más cercano al jazz: una melodía interior que se improvisa mientras avanza. Persigo a los personajes como si no fueran míos, como si también yo los leyera por primera vez. Y en ese seguimiento hay una curiosidad que me salva, una especie de juego que me mantiene a flote. Otras veces, en cambio, escribir es enfrentarme a una ausencia. La palabra que no aparece, que se intuye como un miembro fantasma, que sabemos que existe pero se esconde. Entonces el lenguaje se vuelve un territorio incierto, lleno de huecos y de silencios. Y uno insiste, borra, corrige, vuelve a empezar. Porque escribir es, sobre todo, insistir.

 

Dicen que el miedo del escritor es el folio en blanco. Desde mi punto de vista, no es cierto. El verdadero miedo es el folio ya escrito. La página vacía aún guarda la promesa de lo que podríamos llegar a ser. La escrita, en cambio, nos devuelve lo que somos: nuestras limitaciones, nuestras torpezas, nuestras repeticiones. Releer es un ejercicio de humildad, a veces también de vergüenza. Y sin embargo, seguimos. Seguimos porque en el interior de cada texto hay un ritmo, un tiempo secreto que nos arrastra. Como en una partitura, las palabras marcan un compás, pero dejan un margen de libertad donde sucede lo esencial. Lo que está escrito no es más que un conjunto de signos que juntan letras. La verdadera historia ocurre en la mente de quien lee, en ese diálogo silencioso que convierte el texto en experiencia. Por eso escribir no consiste en decirlo todo, sino en sugerir lo suficiente. En dejar espacios para que el lector los habite. En confiar en que, al otro lado, alguien completará lo que nosotros apenas hemos insinuado.

 

A veces pienso que escribo para recordar. No los grandes acontecimientos, sino los detalles: algún hecho de mi infancia o juventud, una calle de una ciudad de Europa por la que caminaba sin rumbo, la luz de una tarde cualquiera, el eco de una conversación casi olvidada con mis padres o amigos. Esos fragmentos que el tiempo amenaza con borrar y que la escritura rescata, aunque sea de forma imperfecta. Porque también en eso fracasa uno: nunca se consigue contar las cosas exactamente como fueron. Pero lo intento. Y vuelvo a intentarlo. Y es que, quizá ese sea el único deber: escribir. Tal vez por ello, en este día de Sant Jordi, repleto de libros y rosas, cuando todo parece celebrar la literatura como un acto compartido, conviene no olvidar que su origen es íntimo. Que cada texto nace de una conversación privada, de una necesidad que no siempre tiene nombre. Y que, al final, escribir es una forma de estar en el mundo sin resignarse del todo a él. Escribo, en definitiva, porque me gusta. Porque me permite vivir otras vidas sin abandonar la mía. Porque, mientras escribo, el tiempo se ordena y la incertidumbre se vuelve, por un instante, soportable. Y también —por qué no decirlo— porque, en ocasiones, al terminar un párrafo, ya no siento vergüenza.

 

36 comentarios:

  1. Gracias por escribir Juan Antonio, por escribir para recordar.
    También es un acto de generosidad.
    Te lo agradezco con una palabra: bien.

    Un abrazo,
    Miguel Ángel Cerviño.

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  2. Buenos días Tío, como siempre felicidades por tu manera de expresarte en el artículo, está súper bonito. Envidia sana es lo que me das ya que me encantaría escribir también a mi y contar todo lo que he paso en mi vida y transmitirlo como una historia a los demás pero en fin …algún día ..

    Besos
    Nacho Valero

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  3. ¡Qué maravilla de descripción!. Eres un fenómeno, me ha encantado.

    Miquel Soto.

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  4. Hola Juan Antonio,
    Acabo de leer el presente escrito y no puedo más que decirte que eres un maestro de la palabra, aunque tu humildad te haga negarlo. Sabes generar y estructurar tus pensamientos sólidamente, tanto en el fondo como en la forma, construyendo relatos consistentes, indistintamente si son trabajos eruditos o simplemente introspectivos, ya que todos muestran un poso literario suficientemente ligero, pero con la elegancia precisa que confirma tu maestría. Tal vez los escribes como un acto intimo, pero trascienden de tu mundo cuando le das forma escrita y los transmites pública o privadamente. Sin duda con cada artículo vas conformando tu legado intelectual, que muestra tu paso por el mundo.
    Ya me gustaría tener tus habilidades cuando sea mayor.
    Un cordial saludo.
    Jordi Testar

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  5. Hola, Juan Antonio, muy buenas noches
    Acabo de leer tu artículo y creo, sinceramente, que tendría que publicarse en una revista especializada de literatura,como, por ejemplo, la Revista de Occidente, quizás tendría que ser más largo, pero no veo ningún problema que impida que pudieras hacerlo, como digo, más largo. Para mi La Mañana es un periódico muy pequeño para un articulo de este nivel. Te mereces todo tipo de elogio, a mí me ha gustado mucho.
    Un abrazo.
    Ramón Morell

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  6. Hola,
    Me ha gustado tu artículo, ha sido un placer leerlo sentado en el jardín, con una cerveza y un saquito de patatas fritas. Me ha encantado la historia del profe con el “bien”, aunque mi cerebro fue más rápido que mis ojos y creí que hablabas de Valladolid, creo que ya me habías contado la anécdota.Es curioso, al finalizar la lectura tuve la impresión que puedo dividir en dos partes el artículo, una hablas sobre el “escribir” y la otra, simplemente “escribes”, no me pidas escoger.
    Gracias por compartir
    Buenas noches
    Santiago Fernández

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  7. Eres un artista. Leerte es un verdadero placer. ¡Enhorabuena!

    Helena Andreu

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  8. No hay suficientes aplausos para demostrarte tu magnífico artículo. ¡Fabuloso!

    Antonio Puig

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  9. ...Simplemente BIEN. Y hasta MUY BIEN, diría yo .Muchísimos pensamientos y muy bien expresados. Lo leeré más despacio y más veces.

    Pepe Pascual

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  10. ..."En el fondo, escribir es reescribir hasta que el párrafo deja de avergonzarte". Muy bueno, me identifico. Me pasa igual cuando redacto algo.
    Realmente creo que gran parte de lo escribes, representan tus vivencias personales, y te apunto que se leen con agradable pasión y placidez.

    Josep Porta

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  11. ¡Enhorabuena!, Juan Antonio. Me ha encantado.

    Mª Jesús González

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  12. ¡Madre mía!, ¡qué envidia de narrativa! Qué forma de navegar por tu subconsciente ..... recordando lo vivido he inventando tu paso por la vida paralela en tu forma de ver y soñar.
    Como siempre me sorprendes y admiro esa forma de ver y plasmar tus sueños y vivencias.
    Un abrazo.
    Anna Extremera

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  13. Mil Gracias. Un placer leerte y de paso, ¡Feliz día del Libro!, mañana

    Cati Pascual

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  14. Gracias, Juan Antonio, por este insuperable regalo.

    Mati Hernández

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  15. Como dijo tu antiguo profesor: "bien" . Un ejercicio de introspección con una memoria prodigiosa y un discurrir de razonamientos fluidos que, después de una elegante y atractiva secuencias vivenciales, sintetizas el escrito en el último párrafo:
    Y que, al final, "escribir es una forma de estar en el mundo sin resignarse del todo a él. Escribo, en definitiva, porque me gusta. Porque me permite vivir otras vidas sin abandonar la mía. Porque, mientras escribo, el tiempo se ordena y la incertidumbre se vuelve, por un instante, soportable. Y también —por qué no decirlo— porque, en ocasiones, al terminar un párrafo, ya no siento vergüenza".

    Enhorabuena, me ha encantado.

    Antonio Rojas

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  16. Escribes y lo haces muy bien. Leerte es un placer impagable. Dices que escribes por qué te gusta, y se nota, no dejes de hacerlo somos muchos tus lectores.
    Te deseo un buen San Jordi patrón tanto de los escritores como de los lectores, pienso yo.

    Pili Obre

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  17. Quin gran regal per St Jordi.
    M'ha agradat molt!!!
    Felicitats!

    Joana Company

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  18. Muy bien Juan Antonio, me ha parecido realmente acertada la manera de definir el hecho de escribir. Creo que tenéis una gran suerte , los que, como tú, tenéis la destreza de expresar por escrito ideas, sentimientos y opiniones. Creo que has descrito la escritura de manera genial y a la vez muy intima y personal.
    Felicidades.
    Bona nit.

    Manel Pulido

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  19. ¡¡¡Me encanta!!!,
    El comentario es que cuando escribes textos en tono íntimo y personal siempre aparece África por algún sitio.

    Rosa Acebal

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  20. Hola Juan Antonio.
    Desearía profundamente que no sintieras ese miedo ante el folio en blanco, tampoco vergüenza, porque será la manera de que escribas y los demás disfrutemos de ello; es igual que lo hagas con sensación de jazz, de vals o de tango. Tú...no dejes de insistir.
    Gracias.
    Un abrazo

    Magda Díez

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  21. Hola Juan Antonio!
    Muy bonito tu artículo. Espero que tú afición a escribir no decaiga y sigas regalando a tus lectores momentos agradables leyéndolos.
    Un abrazo
    Anna García

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  22. ¡¡Gracias por este precioso artículo!! Y, feliz día de las letras a vosotros/a que sabéis combinarlas…..

    Pilar Salillas

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  23. Bon dia Juan Antonio, i moltes gràcies pels teus bon desitjos i per ser un genial ""lletraferit" que sap arribar a l'ànima

    Consol Feu

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  24. Muchas gracias Juan Antonio por este precioso regalo.

    Almudena Jiménez

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  25. Me ha conmovido especialmente el recuerdo de El Faro de Ceuta. A veces, un 'bien' seco de un profesor que respetamos es el motor que nos mantiene escribiendo durante décadas. Gracias por recordarnos que escribir no es buscar el aplauso, sino encontrar esa palabra que deje de avergonzarnos.

    Juan Carlos Morales

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  26. Qué gran verdad esa de que el miedo no es al folio en blanco, sino al escrito. Al leerte me he sentido identificado con esa sensación de 'espiar vidas' para luego acabar exponiendo la propia. Tu visión de la escritura como jazz e improvisación es, sencillamente, brillante.

    Ricardo Gómez

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  27. Me quedo con la frase: 'Escribir es una forma de estar en el mundo sin resignarse del todo a él'. En estos tiempos de ruido y algoritmos, reivindicar la escritura en voz baja es casi un acto revolucionario. Un artículo magnífico para un día de Sant Jordi.

    Alberto Ruiz-Gallard

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  28. Es curioso cómo describes ese proceso de 'descubrir' mientras escribes. Me pasa lo mismo: uno cree que tiene el mapa, pero las palabras deciden el destino. Me ha encantado la calma que transmite tu texto, es un oasis frente al bullicio de las paradas de libros.
    Cordiales saludos.
    Sergio Valdivia

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  29. ¡Qué delicia de lectura! Me ha hecho pensar en mis propios diarios. Escribir para ordenar el mundo cuando el mundo no tiene orden... creo que no se puede definir mejor esa necesidad casi física de coger un bolígrafo. Gracias por compartir su 'intemperie' con nosotros.
    Elena Martínez

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  30. Me ha encantado la distinción que hace entre 'querer escribir' y 'ser escritor'. A menudo nos obsesionamos con el título y olvidamos el oficio, el silencio y el café que se enfría. Su texto es una invitación a disfrutar del proceso, con todas sus imperfecciones.

    Lucía Ferrero

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  31. Ese momento en el que lo que has querido decir se parece un poco a lo que has escrito... ¡qué sensación tan difícil de alcanzar y qué bien la ha descrito! Sant Jordi es hermoso, pero su artículo nos recuerda que la verdadera magia ocurre a solas.

    Marta Soler

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  32. Te leo y siento que la escritura es, efectivamente, ese miembro fantasma. Buscamos la palabra exacta y, aunque a veces se nos escapa, el solo hecho de buscarla ya nos salva de alguna manera. Un texto precioso y muy necesario.
    Un abrazo
    Beatriz Ortiz

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  33. Me he visto reflejado en esa 'resistencia' ante la vida. A veces escribimos para que el tiempo no borre los detalles, esa luz de una tarde o una conversación con los padres. Gracias por rescatar esos fragmentos y ponerles voz (baja).

    Carlos Vega

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  34. No suelo comentar artículos, pero éste me ha llegado al alma. Esa honestidad al admitir que escribe para usted mismo es lo que hace que, paradójicamente, los demás conectemos tanto con su escritura. Feliz Sant Jordi y siga insistiendo', por favor.

    Sofía Castro

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  35. Buenos días!
    Juan Antonio, admiro tu gusto por la escritura con la cual nos transmites tus pensamientos, opiniones y tus afanes por estar al día de la actualidad y darnos tu opinión sobre los últimos acontecimientos.
    No decaigas y continúa haciéndonos partícipes de tus opiniones.
    Buen fin de semana y un abrazo.
    Pilar Barrabés

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  36. Perdona que haya tardado, pero es que he estado fuera y desconectado.
    Tu artículo me parece excelente. Creo, sin temor a equivocarme y a mi juicio, que es de lo mejor que has escrito o, mejor, de lo que te he leído. Lo pongo en lugar aparte para recurrir a él.
    Un abrazo
    Jaime Martínez

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Gracias por tus comentarios.