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lunes, 14 de julio de 2025

Relato: Villa Cisneros, 1966

 

Todos los años, como si una alarma se activara en lo más hondo de mi memoria, al llegar estas fechas regresan a mí los recuerdos de aquellos veranos pasados en África. Y, entre todos, hoy, uno en particular se impone con nitidez: el del verano de 1966. Corrían los primeros días de julio. La mañana aún era fresca en aquel empezado estío en la meseta, cuando mi madre y yo, con el alma y las maletas cargadas, subimos al tren en Valladolid. Nuestro destino: Villa Cisneros, África. Aquella tierra de horizontes inmensos nos reclamaba de nuevo. Atrás quedaba la universidad, y con ella un curso ya clausurado en el archivo de mi presencia. La vida, como el tren, avanzaba sin pausa.

 

La Mañana 15.07.2025

Llegamos a la estación del Norte de Madrid, también conocida como Madrid-Príncipe Pío. Un taxi nos llevó a Barajas. El cuatrimotor de Iberia aguardaba con sus entrañas abiertas, dispuesto a trazar el arco que nos llevaría de regreso a ese otro mundo que no nos era desconocido. Casablanca nos recibió primero, como escala obligada, y allí el tiempo se estiró en la espera, como si el reloj se hubiera detenido bajo el sol. Mi madre, ansiosa por abrazar a los suyos, apenas podía disimular su impaciencia. Yo, en cambio, dejaba que las horas se me posaran encima como un polvo fino, casi sin darme cuenta. A las cinco, por fin, el viaje prosiguió, y al atardecer, cuando la luz comenzaba a dorarse, aterrizamos en Villa Cisneros. Allí estaban mi padre y mi hermano esperándonos, con ese amor que no necesita palabras. Tras los besos y abrazos, nos llevaron al hotel Sahara Regency, pues hasta el día siguiente no podríamos instalarnos en la Residencia Militar. Recuerdo aún el silencio del vestíbulo del aposento, las miradas ajenas de otros huéspedes, la mayoría españoles, que me parecieron un poco exiliados del tiempo. Supe, días más tarde, que eran empresarios, técnicos de Pescanova, profesores y algún errante viajero extranjero. En el bar del hotel flotaba una paz espesa, como suspendida en el cielo.

 

Al día siguiente, por la mañana, fueron los trinos de los pájaros los que me recordaron que el mundo seguía girando. Me asomé al balcón de la habitación del hotel. Frente a mí, una ciudad extraña y, a la vez, familiar: Villa Cisneros, o Dakhla, o ad-Dajla —“la interior, la entrada”—, un nombre para cada boca que la pronunciaba, y un latido distinto en cada una de sus entrañas. Aquel nombre resonaba como un secreto revelado. Era una ciudad pequeña, de unos 30.000 habitantes, con militares y sus familias como protagonistas, y saharauis como alma. Construida sobre una lengua de tierra, la península de Río de Oro, que parecía querer escapar del cercano desierto. No había grandes monumentos: la iglesia, la fortaleza, la telefónica, el hotel colonial, algunos establecimientos comerciales, el bar Barcelona, la mezquita… eran apenas piedras, fachadas que se desplegaban como un rincón anclado entre la historia y el mar. Y es que el alma de la ciudad estaba en otra parte: en su zoco ruidoso y aromático, en las playas doradas y tranquilas, en el paseo marítimo donde la brisa contaba historias. Por las noches, la plaza de España se vestía de fiesta. Sonaban orquestas que entremezclaban jotas y fandangos, coplas desgarradas, boleros melosos, rancheras lejanas y canciones yé-yé, mientras los cantos bereberes tejían el espíritu y esencia del lugar. El mapa de la pequeña península se alzaba como un monolito, y entre el alminar de la mezquita y el campanario de la iglesia española, parecía haberse sellado una antigua tregua.

 

Algunos días, al otro lado de la ría, donde terminaba el muelle, nos aventurábamos a buscar marisco con mi hermano y los amigos: langostas, percebes, criaturas de roca que se dejaban encontrar con una generosidad que hoy me parece mítica. Quizá por eso lo llamaban Río de Oro. Pero si algo me marcó, si algo se tatuó en mi alma en aquel verano, fueron dos cosas: el pueblo saharaui y el desierto. Y es que, la hospitalidad de aquellas gentes era un espejo donde uno podía mirarse sin miedo. Me abrían sus jaimas como quien abre el corazón, ofreciéndome dátiles, leche de camella, dulces, y el ritual sagrado del té. El primero, amargo como la vida. El segundo, dulce como el amor. El tercero, suave como la muerte. Así, en tres sorbos, comprendí una filosofía entera.

 

Y luego, el desierto. Ah, el desierto… Ese mar sin agua. Esa ausencia que lo llena todo. Esa vastedad que no necesita explicación. Las noches en él eran un templo de estrellas. El cielo, despejado como una promesa. La luna, testigo mudo de mis pensamientos más íntimos. Dormía a veces bajo su luz, envuelto en mantas y preguntas. Y, cuando soplaba el siroco, el mundo se volvía otro. El viento aullaba como un animal salvaje, y yo, con mis gafas protectoras contra el vendaval, buscaba refugio en los libros. No había más que leer y esperar. Esperar a que el aire devolviera al paisaje su forma. Aquel verano no fue un simple tránsito. Fue un umbral. Un lugar donde la arena del desierto me enseñó a mirar lo esencial, y la gente a recibir sin exigir. Fue, sin duda, otro espacio, otro mundo. Uno al que, cada vez que cierro los ojos, regreso sin avisar.

 

(Continuará)

 

 

miércoles, 2 de julio de 2025

Informe exprés de la UE: solo ha costado 60.000 muertos

 

Kaja Kallas, la liberal estonia y jefa de la diplomacia europea, ha entregado a los países de la UE el primer informe comunitario que señala al Gobierno de Netanyahu por vulnerar el Derecho Internacional. ¡¡No puede ser!! ¿En serio? ¿Cómo no se habían dado cuenta antes de lo que está haciendo Israel en Gaza? Tal vez porque, verdaderamente, no se lo esperaban de un país tan democrático como es Israel y menos sabiendo que Benjamín Netanyahu, su Presidente de Gobierno, es conocido mundialmente por su extraordinaria humanidad. Tiene que haber algún error o alguna conspiración en su contra… No me acabo de creer eso del "Incumplimientos de los derechos humanos que está haciendo Israel”, como dice el informe de la Sra. Kallas. Y además, no conforme con semejante indicio, el informe cuenta que la UE abre la puerta a revisar su relación con Israel. No sé, no sé…Desde mi punto de vista, por si acaso se equivocan en su apreciación, creo que la UE debería demorar un par de años más la decisión firme en decidir atravesar esa puerta.

 

Segre 5.07.2025
No obstante, algunos medios le recriminan a la Alta Representante de la Unión Europea que ha tardado demasiado en transcribir el citado documento. Que van con un poquito de retraso. ¡Guau!, enhorabuena por llegar a esa conclusión. Aunque creo que se han quedado un poquito cortos, ¿no? Y es que no se dan cuenta que redactar un informe cuesta un montón de tiempo, y que cuando se termina de hacerlo, pueden surgir problemas: como que falte tinta en la impresora, que luego lleguen las vacaciones y lo dejemos para después, y tal…. De todas formas, lo importante, creo yo, es que sospechan que algo debe de haber de cierto al respecto. Es señal que llevan un tiempo rondándoles la cabeza como una lejana posibilidad…. Me parece recordar que las dudas de la Sra. Kallas y demás miembros de las instituciones de la UE, sobre lo que estaba haciendo Israel en Gaza, debieron surgir a partir del niño aplastado por escombros número 16.000 más o menos. Fue entonces cuando, parece ser, comenzaron a sospechar que algo no debía ir muy fino por la Franja de Gaza en temas de DDHH. En fin, aunque tarde, menos mal que se han dado cuenta a tiempo y han sido muy rápidos tomando unas decisiones que asombran, pues han tardado solamente 20 meses. Así me gusta, que reaccionen raudos, alto y claro sobre las atrocidades que está cometiendo Israel en Gaza. ¡Congratulations!, son ustedes unos máquinas.Venga, no se demoren, que les espera el buffet libre de recompensa. Y es que esta Sra. Kallas es una visionaria. En cuanto se ha percatado de lo que ocurre en Gaza, porque se lo han dicho, ha tardado un “plis plas” en tomar cartas en el asunto; aproximadamente más que el parto de una elefanta. Sesuda conclusión después de los centenares de miles de muertos. Y es que, con elementos como esta Sra., no hace falta que Trump intente cargarse a la Unión Europea, pues la propia UE se autodestruye. Tan solo un pero, les ha faltado en el informe poner "presuntamente" o "parece ser", para dejar clara su contundencia y firmeza. En todo caso, ya puestos, ahora que parece que sus señorías han trabajado algo, ¿podrían adelantarnos qué será lo siguiente?. ¿Van a seguir enviando armas a Israel? ¿Seguirán pensando si enviarlas o no mientras Israel prosigue el genocidio palestino y la anexión de Gaza y parte de Cisjordania? La demora de los plazos ya es toda una declaración de intenciones. Las ONGs han dicho que en pocos meses pueden morir cientos de miles de personas gazatíes por la sed y la hambruna. Menos mal que han actuado con rapidez, ya que la petición del informe se hizo en mayo, lo presentaron un mes más tarde y el Consejo Europeo se ha reunido el pasado 27 de junio…Pero, tranquilos, que no decidirán nada hasta julio. ¡Bravo! Y es que dichos retrasos son un mensaje implícito a los gobiernos: nada de sanciones al democrático Estado de Israel. Pues si, por las propias dilaciones se está permitiendo que muera gente en Gaza, no se va a votar ahora rápidamente por las sanciones. Es notable, chocante y extraño, si no fuera tan trágico e inhumano, que cuando Kaja Kallas llegó al cargo reuniese un día a los ministros de exteriores y les pidiera 45.000 millones de Euros de manera urgente para Ucrania; quería que se los aprobaran ese mismo día y sin debate alguno. Es una clara muestra de que la Sra. Kallas, con su informe, permite que los países valoren si cortar o no el acuerdo con Israel, máxime ahora que ha estado, y está, en guerra con Irán. Pues, seguramente, para ella esto parecería una puñalada por la espalda.

 

Soy europeísta convencido, y creo que la UE es necesaria. Pero, cuando veo que se dedican a legislar que el tapón de plástico esté unido a la botella mediante un collarín indestructible, mientras siguen comprando petróleo y gas a la Rusia de Putín y siguen enviando armas a Israel, y diciendo que "Israel tiene derecho a defenderse", me vuelvo algo escéptico y me entran ganas de volar la Comisión Europea, el Parlamento y todos esos chiringuitos habitados por políticos con sueldos elevadísimos a quienes no conoce nadie. Disculpen la franqueza.

 

La Alta Representante y el conjunto de la UE no tienen vergüenza al ignorar y NO decir lo evidente, que es un GENOCIDIO y no la falta de Derechos Humanos, lo que está cometiendo y haciendo Israel en Gaza. ¿Cómo se puede tener tanto cinismo? ¿Todavía no se han enterado que el genocida Gobierno de Israel lleva matando gente inocente desde hace más de un año? No creo que hayan de ser muy perspicaces para comprobar lo evidente. ¿Acaso no existen certidumbres con datos concretos, hechos determinantes e impunes asesinatos, para decir sin ambages que lo que está realizando Israel sobre el pueblo de Gaza es un genocidio, un apartheid y una eliminación étnica? Pues parece ser que NO. Que, de momento, sólo son "señales". Sesudo informe, para justificar lo injustificable después de más de 60.000 asesinatos. Pero claro, ya sabemos cómo funciona la UE, la medicina llegará después de la muerte. O como diría el viejo proverbio latino: Post mortem medicina. Tras la tumba, llegaran, —muy tarde— los valores.

 

 

 

viernes, 27 de junio de 2025

Europa, el rehén estratégico y el chantaje del 5%

 

Mientras Europa eleva su gasto militar al ritmo que dicta Washington, el verdadero beneficiario del rearme no está en Bruselas ni en Berlín, sino al otro lado del Atlántico y también en Pekín. En este contexto, Donald Trump, tras la cumbre de la OTAN, ha reprochado a España su negativa a elevar el gasto en defensa al 5% del PIB y ha amenazado con represalias comerciales si no lo hace. Sin embargo, a pesar de las coacciones, Pedro Sánchez ha mantenido una  apuesta por la contención, reafirmando la soberanía presupuestaria, y dejando claro que España decide sus niveles de gasto de acuerdo a sus propias evaluaciones estratégicas, económicas y sociales.

 

En este escenario, la seguridad europea se ha convertido en un lucrativo negocio que podría debilitar, más que reforzar, a los países miembros de la UE. Y es que desde la perspectiva de Washington, la ecuación es clara: si los países europeos destinan el 5% de su PIB al gasto de la OTAN en defensa, se abriría una corriente de transferencias económicas anuales que podrían llegar hasta los 300.000 millones de dólares hacia la industria militar estadounidense. Esta dinámica permitiría recortar entre un 30% y un 40% el déficit comercial entre ambas orillas del Atlántico en tan solo diez años, transformando así la noción de “seguridad europea” en uno de los negocios más lucrativos de la era actual.

 

La Mañana 7.07.2025

Sin embargo, bajo esta lógica de beneficios inmediatos se esconden riesgos sistémicos de largo alcance. Aunque en el corto plazo esta estrategia puede reforzar la demanda de dólares como moneda de reserva, el aumento constante del gasto militar y la presión sobre la deuda pública de los EE.UU, empeorada por el incremento de los tipos de interés, podría minar la credibilidad global en la solidez del dólar. Y este hecho, entiendo que llevaría la Administración Americana a un punto crítico, ya que la primacía financiera de EE. UU. depende en gran medida de la credibilidad que le otorgan los inversores extranjeros, responsables de financiar cerca de un tercio de su deuda soberana. Y, si esa credibilidad se erosiona, el entramado financiero que sostiene el poder global de Estados Unidos podría comenzar a desestabilizarse, desencadenando reacciones de alcance incierto y potencialmente disruptivo.

 

De hecho, por encima de las guerras visibles, ya sean militares, comerciales o tecnológicas, se libra otra más silenciosa pero determinante: la batalla por el control de la moneda dominante en la economía global mundial en los próximos años venideros. En este terreno, China ha avanzado sin estridencias, beneficiándose de un escenario donde el desgaste y la fragmentación del bloque occidental parecen jugar a su favor. Pues, como suele decirse, el verdadero beneficiado no es quien dispara, sino quien capitaliza el desgaste ajeno.

 

En medio de este complejo tablero, Europa aparece como la pieza más vulnerable. Reducida a depender de importaciones militares, termina costeando el declive de su propia influencia geoestratégica. Mientras las potencias compiten, el Viejo Continente parece condenado a la irrelevancia. Este contexto recuerda a una especie de reparto informal del mundo al estilo de una ficción mafiosa global, en la que Estados Unidos, China y Rusia ejercen presiones cruzadas para moldear el futuro a su medida. Y, en este guion, la figura de Vladimir Putin actúa como catalizador. Dado que su ofensiva en Ucrania ha empujado a gran parte de las capitales europeas, de Berlín a Varsovia, a incrementar con urgencia y determinación sus gastos en defensa, con un efecto dominó que empuja a todos los países del continente europeo integrados en la OTAN. Y es que, Putin, en esta ecuación, resulta ser tanto un aliado coyuntural del ultranacionalismo autoritario y populista norteamericano del Presidente Trump, como un socio estratégico del avance chino. Su papel ha sido instrumental en provocar una reorganización del equilibrio euroasiático, capitalizando las fracturas internas de Europa y fortaleciendo su influencia mediante la amenaza constante. Y, paradójicamente, este impulso al rearme ha logrado, por una parte, cohesionar a la Unión Europea frente a desafíos externos, pero también ha evidenciado su fragilidad estratégica y su subordinación geoeconómica. Europa está fortaleciendo su capacidad militar, pero lo hace sacrificando su independencia, inmersa en complejas interdependencias y sin una estrategia definida que oriente sus pasos. Por eso, cuando desde EE. UU. se caricaturiza a Europa como un actor débil o “patético”, como ha hecho Trump en más de una ocasión, la respuesta no debería ser solo indignación, sino también una seria reflexión sobre cuán ciertas son esas palabras.

 

Europa se rearma, sí, pero no lidera. Invierte, pero no decide. Se cohesiona, pero no por voluntad propia, sino arrastrada por amenazas externas y agendas ajenas. Si no redefine pronto su autonomía estratégica, la UE corre el riesgo de convertirse en un mero espectador de su propio declive. Y es que, como advirtió Tucídides, en su historia sobre la decadencia de las polis griegas: “El secreto de la libertad es la valentía.” Y hoy, más que nunca, Europa necesita el coraje de actuar por sí misma, antes de que su dependencia se consolide como destino.