El simulacro del poder
Por JAVC – Washington, 22 de diciembre de 2032
En la primera parte de esta crónica vimos cómo la
democracia estadounidense fue desmantelada sin estridencias, gota a gota, hasta
transformarse en una maquinaria de control total.
Ahora, con el sistema completamente absorbido por la lógica del poder, comienza
la fase más inaprensible y más letal de esta nueva era. Esta fase final es la
más sutil; pues es la normalización y el triunfo de un simulacro. Trump no
necesita disolver instituciones; las vacía por dentro hasta dejarlas como
cascarones decorativos. El Congreso aprueba leyes que nadie lee. Los tribunales
emiten fallos previsibles, dictados desde oficinas situadas en Silicon Valley.
La Casa Blanca se transforma en un centro de datos, un lugar donde la política
ha sido reemplazada por estadísticas y algoritmos, y donde el poder real se
mide en capacidad de control, no en votos. Y la economía, mientras tanto,
florece de manera espectacular. Los grandes conglomerados tecnológicos —los
mismos que vigilan a la población— garantizan pleno empleo y avances
deslumbrantes: ciudades inteligentes, transporte autónomo, inteligencia
artificial en cada hogar. El ciudadano común, satisfecho con la comodidad y el consumo,
deja de hacerse preguntas. ¿Para qué cuestionar la libertad cuando todo parece
funcionar mejor que nunca?
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| La Mañana 22.12.2025 |
Epílogo
Fuera de Estados Unidos, las potencias observan con una mezcla de miedo y fascinación el mundo que viene. China, el modelo que Trump había criticado durante décadas, se ha convertido en su aliado estratégico. Europa, debilitada y dividida, apenas reacciona. En América Latina, algunos gobiernos ya estudian replicar el “modelo MAGA”, un sistema donde la vigilancia se disfraza de progreso y la obediencia se vende como patriotismo.
En esta distopía de la historia, quizás, dentro de muchos años, algún investigador encuentre la pregunta que nadie se atrevió a formular a tiempo: ¿En qué momento exacto dejó de existir la democracia americana? ¿Fue cuando se amordazó al primero que se atrevió a hablar, su voz libre se apagó bajo el miedo y la libertad de prensa quedó reducida a un eco? ¿O cuando se instaló la primera cámara “en aras de la seguridad”? ¿O cuando, seducidos por la promesa de orden, millones de ciudadanos entregaron su libertad sin darse cuenta?
Hoy, mientras el Guardián contempla su imperio desde el balcón de la Casa Blanca, la respuesta se diluye, como la verdad misma, en el silencio absoluto de una nación que creyó haber despertado…, cuando en realidad solo estaba soñando. Estamos viviendo una restauración del patriarcado, del nacionalismo, del racismo y del individualismo capitalista: la furia nostálgica de los movimientos de derecha que quieren volver a un pasado idealizado, que tal vez nunca existió, y restablecer los órdenes jerárquicos. Es el aterrador futuro panorama convertido en un presente casi inmediato. Y es que, como nos advertía Cicerón, “la libertad no consiste en tener un buen amo, sino en no tener ninguno”. Una lección que, para Estados Unidos, no solo ha llegado demasiado tarde, sino que confirma el círculo fatal de su historia: la nación que nació desconfiando del Estado terminó devorada por su propia libertad.


