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sábado, 12 de abril de 2025

La OTAN contra la OTAN: Groenlandia, una paradoja imperial

 

De las alianzas surgen paradojas Parece ficción, es difícil de creer lo que estamos escuchando y leyendo sobre los planes de Trump para apropiarse de Groenlandia como si fuera su propiedad, y genera una gran sensación de impotencia. Pienso que Europa debería plantearse respuestas en consonancia con la actitud del Presidente de los EE UU. La vieja Europa tiene mucho que decir y debería empezar ya a exponerlo; pues estamos, de facto, ante una política agresiva por parte de USA, y sus ciudadanos, aparentemente, la están asumiendo. No obstante, echando mano a la historia, no me extrañan sus pretensiones. ¿Qué se puede esperar de un país nacido del genocidio de los habitantes del Norte de América?. Considerables colonizadores, estimulados por la codicia y la miseria, aniquilaron a los pueblos originarios y nativos de esos territorios y usurparon de manera violenta sus tierras, dejando a los pocos que sobrevivieron que residieran en miserables reservas. El desprecio hacia esos pueblos fue tal, que no hubo ninguna intención de preservar ni sus lenguas ni sus ancestrales culturas, y menos aún pensar en el mestizaje, pues se les consideraba seres salvajes inferiores. Nada quedó de aquellos nativos pueblos: todo fue destrucción, aniquilación, dominación y despojo. Sobre ello, sobre esos hechos y conceptos, se sustenta la idea inicial de este otro gran pueblo que hoy día conocemos como los Estados Unidos de América.

 

En este contexto, el vicepresidente de los Estados Unidos, JD Vance, durante su reciente visita a Groenlandia, ha criticado a Dinamarca por no haber hecho un "buen trabajo" en la isla. Señalando que ha descuidado tanto la seguridad, como las inversiones necesarias para proteger a Groenlandia y a su población. Y que, en consecuencia, esto ha dejado a la región siendo vulnerable y, por tal razón, Estados Unidos debería asumir un papel de liderazgo en el Ártico. Ante este escenario, contemplando la eventualidad de que esto fuera verídico, quisiera saber las inversiones efectuadas por Estados Unidos en la “seguridad de Groenlandia” y los motivos de por qué los daneses han realizado tan mal trabajo, cuando ellos, poseen una base militar activa en la isla, acreditada como Base Espacial de Pituffik, que se destina a la vigilancia de satélites y proyectiles balísticos, y tampoco han contribuido en absoluto a la seguridad, defensa, ni al bienestar de los inuit de Groenlandia

 

La Mañana 12.04.2025

Es por ello que las necias y torpes declaraciones de JD Vance., rodeado de "boys americanos" no son más que pura retórica autojustificativa de mala calidad y peor intención. La situación evoca otros eventos históricos, ya que guarda una notable semejanza con el conflicto de Cuba en 1898. En este contexto, las autoridades de Dinamarca y Groenlandia deberían haber contactado a JD. Vance y su grupo para informarles que no eran bienvenidos y, además, solicitarles que reubicaran su base, junto con todo su personal militar, y la instalarán en Nebraska o en cualquier otro lugar que prefieran. En mi opinión, el Gobierno de Estados Unidos actúa sin escrúpulos ni consideración, mostrando una falta de ética en sus acciones; Hollywood, que refleja propagandísticamente tanto su realidad interna como externa, nos ha proporcionado múltiples ejemplos de su proceder.

 

Trump miente. No es por razones de seguridad por lo que EE.UU. codicia Groenlandia, al fin y al cabo es un territorio que pertenece a la OTAN, sino por las reservas de petróleo y minerales estratégicos raros que atesora y que actualmente Dinamarca, que en lo del cambio climático pone una vela a Dios y otra al Diablo, no puede extraer. De hecho, USA ha mostrado interés en adquirir Groenlandia en varias ocasiones a lo largo de la historia. El primer intento registrado fue en 1867, cuando el gobierno estadounidense consideró comprar Groenlandia e Islandia tras la adquisición de Alaska. Otro intento significativo ocurrió en 1946, cuando el presidente Harry S.Truman propuso entregar 100 millones de dólares en oro para adquirir la isla, pero Dinamarca declinó la oferta. Y más recientemente, en 2019, el propio Donald Trump ya expresó su interés en adquirir Groenlandia, lo que generó tensiones diplomáticas con Dinamarca.

 

Desde esta perspectiva, espero estar equivocado, pero considero que Estados Unidos acabará apropiándose de Groenlandia mediante el uso de la fuerza. Después vendrán las sanciones que la UE podrá imponer, con efectos limitados; mientras tanto, China y Rusia probablemente evitarán involucrarse, y los obedientes y subordinados países miembros de la OTAN, ni están ni se les espera y seguirán la línea marcada ante la superioridad militar de los americanos. El clamor de Trump proclamando “América primero” revela con nitidez sus prioridades y, al mismo tiempo, la incontestable hegemonía y poder de Estados Unidos. Y es que el Presidente de USA es el que manda en la OTAN. Y de esta dinámica de poder y control que se hace evidente cuando analizamos las ambiciones de Estados Unidos sobre Groenlandia y su relación con Dinamarca, surge la paradoja. Ya que La OTAN, fue creada para proteger a sus miembros de amenazas externas, y ahora se encuentra en una encrucijada donde parece amenazarse a sí misma. Puesto que Groenlandia pertenece a Dinamarca. Dinamarca forma parte de la OTAN. Trump intimida a Groenlandia, por tanto provoca a Dinamarca, por tanto amenaza a la OTAN. Los países que forman parte de la OTAN de conformidad con el Artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte, tienen que defender al miembro que es atacado o agredido. El que dirige y domina la OTAN tiene 36 bases militares en los territorios europeos de la OTAN y posee en esos países más de 150.000 soldados. Es decir, la OTAN amenaza a la OTAN. Y como colofón, ahora, los países europeos de la OTAN solo piensan en gastar 800.000 millones de euros en armamento, el 60% del cual se lo comprarán al que manda en la OTAN. ¡¡¡Vaya lío!!! Y es que, recurriendo al trabalenguas de la rica tradición oral española: La OTAN está liada, ¿quién la desenliará? El desenliador que la desenlíe, buen desenliador será.

 

 

sábado, 5 de abril de 2025

Trump y el terremoto arancelario global

 

Emulando a Carlos Puebla en su canción Y en eso llegó Fidel, aparece Donald Trump y se acabó la diversión. Tras los reiterados anuncios arancelarios, este pasado 2 de abril, El Presidente de EE UU ha comenzado a decretar órdenes para subir los aranceles comerciales a todo el mundo, salvo algunas extrañas excepciones, identificándolos con un nuevo "ideal patrio". Así que, ¡preparémonos!, pues ha llegado un terremoto económico. Y es que Donald Trump ha lanzado un órdago que sacude los cimientos del comercio global con aranceles masivos que prometen redefinir las reglas del juego. ¿Estamos ante el inicio de una guerra comercial sin cuartel? ¿O es una jugada negociadora para proteger la economía estadounidense? Todavía no se sabe con certeza. De momento, con las tablas de la ley arancelaria expuestas como un anunciado incendio controlado en el bosque económico integral, todas las bolsas mundiales lo están acusando de manera ostensible; especialmente la de Wall Street en New York, donde a fecha de hoy, 4 de abril de 2025, la agencia estadounidense de calificación crediticia "Standard & Poor's 500", que evalúa la solvencia de empresas y gobiernos, baja un 4,84%, y el Nasdaq se deja un 5,97%, por el miedo a que la guerra comercial frene la economía global. Lo que traducido en términos de capitalización de mercado, se estima que estas pérdidas representan aproximadamente 3,1 billones de dólares de valor destruidos y una pérdida de las tecnológicas de 850.000 millones de dólares, el mayor batacazo bursátil desde 2020, en plena pandemia. A su vez, el euro sube con fuerza y supera los 1,11 dólares, mientras el petróleo Brent se hunde un 6,42%, marcando un día negro para los mercados.

 

Segre 12-04-2025

Desde mi punto de vista, Donald Trump no es un engreído ignorante, ni tampoco lo son Musk, Bezos o Zuckerberg, creo que el Presidente sabe qué quiere y cómo llegar a acuerdos. Otra cosa es que la jugada le salga bien; pues lo que está haciendo no es crear riqueza en una de sus empresas, sino gestionar un Estado. Y aunque el parecido sea ese, es solamente algo análogo, pero no lo mismo. En este sentido, aclaro que carezco de formación económica y mis escasos conocimientos provienen de los artículos que leo sobre el tema, de los comentarios que me hace un buen amigo, y de los análisis que publica en este mismo medio. Por lo tanto, mi opinión es solamente eso, una opinión. Dicho esto, considero que el problema surge de que tanto él como sus multimillonarios amigos tienen escasos conocimientos de Historia Económica y, además, carecen de principios éticos más allá de tomar y retener el poder y el bien de sus negocios. Y, consiguientemente, la paz, el bienestar y la prosperidad de los ciudadanos de EE UU y del resto del mundo les importan muy poco. A este respecto, creo que su idea fundamental es clara: para que ellos y los EE.UU en su conjunto sean más ricos, los demás han de ser más pobres. Una idea que, parece ser, es un error de partida. Tal vez por ello, hay muchos economistas que lo tienen claro y nos dicen: máxima prudencia con las inversiones en EE UU, porque esto puede acabar muy mal; es decir, con otra “Gran Recesión” con epicentro en el territorio de los propios EE.UU., bajo el mandato o las políticas impulsadas por Trump, caracterizadas por su populismo económico, su autoritarismo y su falta de responsabilidad total. Y si a esto le sumamos que sus asesores le sugieren, entre otras ideas controvertidas, apropiarse de la deuda estadounidense en manos extranjeras y convertirla obligatoriamente en una inversión de interés mínimo y plazo casi eterno, nos encontramos ante una acción que, aunque podría parecer un gran negocio para Estados Unidos, implicaría romper la confianza en el sistema económico global establecido desde Bretton Woods. Esta es la razón por la que analistas financieros, inversores bursátiles y economistas como Paul Krugman consideran que, aunque el presidente Donald Trump y los grandes supermillonarios de las tecnológicas que lo respaldan, no son unos ignorantes en materia económica, si están profundamente equivocados. Pues las medidas arancelarias adoptadas lo que provocarán será una gran recesión; sobre todo en los EE.UU, los mercados ya la están anunciando.

 

Y es que el gran problema del embrollo en que está envolviendo Trump al mundo está basado en la desinformación económica, el matonismo imperialista contra sus tradicionales socios occidentales a los que ahora intenta reventar, la indigencia intelectual del Presidente y acólitos sobre la geopolítica y su simplista interpretación de la gestión de la economía ignorando su complejidad e interconexiones. Digo esto, porque los aranceles que ha puesto en vigor a todos los productos que importan los EEUU, con la excepción de productos farmacéuticos, cobre, madera, semiconductores y minerales no disponibles, suponen una contracción de la demanda del producto debido a la elevación de los precios. Los paga el consumidor de los Estados Unidos y se beneficia el Estado. O sea, es una forma de impuesto.  

 

Lo que pretende el Presidente Trump es disminuir el ingente déficit comercial americano por medio de los aranceles. Y para ello, cuenta con el apoyo del Partido Republicano, los megamillonarios tecnológicos y el gran capital, que se han puesto de acuerdo para generar una ofensiva en toda regla contra el sistema de comercio mundial, que coarta su libertad para manejar el mundo en su único beneficio. Es la avaricia y el ansia de poder sin cortapisas lo que se ha impuesto actualmente en la política americana. No nos engañemos, los Estados Unidos han ido siempre a lo suyo, a defender sus propios intereses. Hasta ahora su imperialismo se enmascaraba con palabras y discursos rimbombantes, pero profundamente hipócritas. Hablaban de defensa de la democracia, de la libertad, de la globalización y de los derechos humanos. Ahora Trump y los suyos, se han quitado la máscara, sin pudor ni vergüenza. Veremos cómo termina esto.

 

Como bien señala José Antonio Marina en su libro El laberinto sentimental, “Las emociones no solo nos mueven, sino que nos dirigen. En política, las grandes decisiones no suelen ser fruto de la razón pura, sino de pasiones bien orquestadas, que se justifican con argumentos”. Esta reflexión nos invita a considerar cómo las emociones y las pasiones subyacentes moldean las decisiones políticas, incluso en contextos tan complejos como el actual.

domingo, 9 de marzo de 2025

Europa irrelevante y Ucrania, el negocio de la guerra.

 

Tres años después, Ucrania sigue en el escaparate del mundo como un maniquí vistiendo la última moda del cinismo geopolítico de las grandes potencias. La OTAN de los cruzados deja presuntamente que Rusia se lleve un 20% del país asumiendo la geometría variable de los mapas. Trump ha derivado la guerra en Ucrania, que en su día fue un conflicto militar con ínfulas de épica occidental, a una pugna mercantil donde las trincheras no son de barro y metralla, sino de litio y tierras raras. Parece que al final, lo que empezó con la retórica de la libertad y la democracia, acaba oliendo más a concesiones mineras que a principios kantianos. El Pentágono y el Departamento de Comercio de EE. UU hacen números sobre lo que se puede sacar de un país que ha resultado tabla periódica más que bastión democrático. Al final la UE se ha quedado con la narrativa de la épica y Washington con la caja registradora.

 

Segre 15.03.2025

Europa ha financiado una guerra perdida. Ahora, sola ante Rusia, pagaremos la reconstrucción de Ucrania mientras los barcos con tierras raras zarparán hacia los Estados Feudales de Trump, donde el Sr. Presidente no hace política, sino negocios. Y mientras tanto, la UE se encuentra en la encrucijada de la novia abandonada: o se ahoga en el charco, o navega en el océano. Y es que, tal vez, se nos olvida con demasiada facilidad que la guerra es un negocio y que detrás de los discursos grandilocuentes sobre democracia y libertad hay intereses económicos, geopolíticos y estratégicos que pocos se atreven a mencionar. Ucrania, más que un país en guerra, se ha convertido en un laboratorio de la industria militar occidental, un mercado cautivo para la venta de armas, drones, municiones y tecnología de guerra. La narrativa de la "resistencia heroica" no solo es rentable para los contratistas de defensa, sino también para los políticos que encontraron y encuentran en la guerra un recurso electoral: Biden necesitaba parecer fuerte ante Rusia, la UE quiere justificar ahora su rearme y Zelenski, tras la humillación sufrida en el Despacho Oval, con su carta a Trump, se convierte en el gran derrotado que no puede evitar reconocer, después de tanto sufrimiento, que la única opción realista es negociar.

 

También se nos olvida que las guerras no terminan con discursos, sino con acuerdos. La historia nos lo dice alto y claro: Corea, Vietnam, Yugoslavia, Afganistán, Irak, Siria y, seguramente dentro de poco tiempo, Oriente Medio…. Todos los conflictos que se alargaron más de la cuenta acabaron con un pacto que podría haberse firmado años antes, ahorrando miles de vidas humanas. Pero la guerra, cuando se vuelve una herramienta de poder, se convierte en un fin en sí mismo. Aquí no importa lo que convenga a Ucrania, sino lo que interesa a los actores que manejan el tablero. Probablemente, si en 2022 se hubiera pactado la neutralidad ucraniana y un estatus especial para el Donbás, esta guerra habría terminado antes de empezar. Pero no, se optó por inflamar el conflicto con promesas vacías de adhesión a la OTAN y UE y unas sanciones económicas que han golpeado más a Europa que a Rusia.

 

En este tablero geopolítico, se nos olvida, asimismo, el ridículo moral de la UE. La misma Europa que ahora se rasga las vestiduras ante el presunto reparto y la violación de la soberanía de Ucrania, no tuvo problemas en bombardear Serbia en 1999, intervenir en Afganistán en 2001 y 2021, en Irak en 2003 y 2011 y en Libia en 2011 o aplaudir la independencia de Kosovo sin el consentimiento de Belgrado. Cuando el mapa se redibuja a favor de Occidente, lo llamamos "derecho de autodeterminación". Cuando lo intenta o logra hacer Rusia, lo llamamos "imperialismo". La hipocresía es tan grande que los dignatarios políticos de Occidente, ya ni se esfuerzan en disimularla. Pero el mayor truco del diablo es haber convencido a tantos ciudadanos europeos y mundiales, de que esta guerra es una lucha existencial por la democracia y no el enésimo capítulo de un juego de poder en el que los muertos siempre los ponen los mismos.

 

La Mañana 26.03.2025

J.D. Vance, el político republicano, empresario, escritor y actualmente vicepresidente estadounidense, lo ha dejado muy claro: para EE.UU., Europa ya no es un aliado ni un socio a la altura de sus ojos, sino un viejo continente que ha perdido su propósito. Es decir, no somos un actor estratégico, sino un accesorio cómodo y un mercado útil, pero políticamente irrelevante. Washington ya no nos consulta, nos informa. Ya no nos respeta, simplemente nos tolera; veremos hasta cuándo. La era en la que Europa se creía el copiloto de Occidente ha terminado; ahora nos ven como pasajeros de clase turista, observando desde la ventanilla mientras otros pilotan el mundo. Nos quejamos de la actual arrogancia y despótica brutalidad estadounidense, pero lo cierto es que hemos dejado de ser imprescindibles. No porque ellos nos hayan abandonado, sino porque, muy probablemente, nosotros nos hemos vuelto prescindibles por inacción, burocracia y una autocomplacencia suicida. Y es que Europa no se dio cuenta que para ser relevante, habría necesitado menos reglamentos sobre el tamaño del pepino y más voluntad y esfuerzo colectivo para jugar en la liga donde se definen los destinos del mundo.

 

Me vienen a la cabeza deshilachados fragmentos del poema de Paul Éluard, Libertad, que apenas recuerdo. Es un poema escrito durante la Segunda Guerra Mundial, en el que, de manera conmovedora, repite en cada verso: “Escribí tu nombre”, evocando diferentes imágenes hasta culminar en la palabra “Libertad”. ¡Qué poco valor tienen en el mundo de ahora esas palabras...!

 

lunes, 3 de marzo de 2025

El peligro Interno de Trump, una distópica realidad

 

Decía Publio Cornelio Tácito, político e historiador romano de las épocas Flavia y Antonina, que “se cree más fácilmente lo que no se comprende”. Y debe ser cierto a tenor de la destrucción que está realizando el presidente Trump en la Administración, Servicios de Inteligencia y Pentágono de EE. UU., en el breve tiempo que lleva en la Casa Blanca. A este respecto, cesar al general afroamericano C.Q. Brown parece ser parte de su estrategia para rellenar la cúpula del ejército americano de hombres blancos, fanáticos religiosos y con ideas filonazis. Creo que es un grave error, puesto que todos los ejércitos, en general, son corporativistas, van en paralelo a la sociedad civil y entre ellos hay una cultura de respeto a la jerarquía que Trump no entiende o no ha querido entender. Por ello, considero que haber despedido de la manera que lo ha hecho, a un general de cuatro estrellas para nombrar a otro general de tres estrellas como jefe del Estado Mayor, saltándose la citada jerarquía, probablemente le pase factura en un futuro, pues supone una grave afrenta para ese estamento militar. Y es que, como ha dicho John Kelly, jefe de gabinete durante el primer mandato de Donald Trump, “el Presidente no quiere un ejército leal a la Constitución de Estados Unidos, sino que su deseo es tener un ejército que le sea leal a él personalmente, que obedezca sus órdenes, incluso cuando él les diga que vulneren la ley o desatiendan su juramento a la Constitución de Estados Unidos”.

 

Derruir es fácil. El problema es encontrar los mimbres necesarios para volver a vertebrar algo de lo que quede del sistema anterior que está desmantelando. Una situación que a Trump, Musk y compañía parece ser que no les preocupa; pues, de hecho, están deshaciendo casi  todo. En este sentido, a nadie se le escapa que los principales responsables que van a tener que sostener toda la nueva estructura de la Administración Americana y que acompañarán al Presidente en sus tareas de Gobierno durante sus cuatro años de mandato, están siendo reclutados y/o elegidos directamente por él, de entre las filas más ultras del Partido Republicano. Unos personajes que ya han comenzado a hacer lo que realizan y consuman los partidos ultras cuando tocan poder: ocuparlo todo y hacerlo suyo, eliminando cualquier contrapoder. Y, así es, como se acaba con la democracia, comienza la tiranía y se camina hacia la dictadura. Lo están ejecutando con alevosía y premeditación, y van deprisa, muy deprisa, probablemente para neutralizar, entre otras cosas, cualquier capacidad de reacción dirigida a pararles los pies si es que aún es posible. Y en esta tarea de cambio ya han ejecutado el primer capítulo del manual del dictador: poner al frente del Pentágono a gente absolutamente leal, por encima de cualquier otra consideración. Es por ello, que Europa se tiene que armar, si, y crear un ejército propio que apunte en todas las direcciones, y no solo hacia el este. Nada hay nuevo bajo el sol. Lo único relevante es que un presunto delincuente ha llegado a La Casa Blanca y los europeos debemos prevenirnos y prepararnos para lo que pueda ocurrir. Pues, las noticias que vemos, oímos y leemos cada día en los medios de comunicación, son dramáticas, nada esperanzadoras y dan fe sobre las consecuencias de los previsibles acontecimientos que nos esperan. En este contexto, conviene no olvidar que tanto en la Italia de Mussolini, como en la Alemania de Hitler, sus partidos, terminaron gobernando con técnicas no muy distintas de las que estamos viendo reproducirse en los EE.UU de Mr.Trump.: matonismo, expansión de bulos, desinformación, recepción de apoyo de grandes corporaciones de capitales y desmontaje de los sistemas de control. A los que habría que añadir ahora, la injerencia en países occidentales de la UE y otros, favoreciendo a los partidos de ultra derecha y filonazis, para que puedan alcanzar legalmente las instituciones democráticas y el poder establecido.

 

Ni los mayores genios del cine, la novela negra o centros de investigación, hubieran nunca imaginado el supuesto de que el mayor peligro para los EE.UU podría venir desde dentro del sistema y con la venia y beneplácito del pueblo americano. Y es que creíamos que algunas distopías que nos trasladaban en el tiempo, eran tan solo ensueños o actos de divertimiento. Pero parece ser que hoy en día, con la segunda llegada de Trump al poder, esas fantasías se materializan y, de un plumazo, la historia retrocede al feudalismo y a la monarquía absolutista del señor de horca y cuchillo. No es el único en la historia más o menos reciente que pretende moldear el mundo según sus ideas e intereses; otros, antes, fracasaron y esperemos que también fracase él. Y fracasará porque la sociedad americana, es de suponer, no se lo consentirá, ya que si se deshace de todos los emigrantes colapsará la agricultura, la construcción y los servicios. Y si impone aranceles, tal y como pretende, provocará una inflación que terminará creando desempleo, cerrando empresas y devaluando el dólar.

 

Sea como sea, toda esta aparente distopía que con incomprensión y espanto estamos contemplando los ciudadanos, la están llevando a cabo Donald Trump y Elon Musk, dos personas que poseen un alto cociente intelectual. En este sentido, sabido es que la palabra “cociente” proviene del latín quotiens, que significa “cuántas veces" y la palabra “intelectual”, deriva del latín intellectus, que significa "entendimiento". No obstante, tal vez esas etimologías sean erróneas y en realidad la palabra “cociente “, viene de "coz” y de ahí el conocido refrán: “Del jefe y del mulo, cuanto más lejos, más seguro". El tiempo nos lo dirá…