No fue la rebelde neblina del río, sino el polvo amargo de la pólvora lo que cubrió aquel día de otoño a Lleida. Nueve bombarderos italianos Savoia-Marchetti S.M.79, pertenecientes a la Aviación Legionaria italiana, el 2 de noviembre de 1937 vistieron la ciudad de luto eterno, cuando la luz, a las tres horas y cuarenta de la tarde, se quebró en el Liceo Escolar de Lleida.
El silencio de las aulas fue aniquilado por el bramido metálico de los aviones, y el eco de la infancia y la juventud quedó sepultado bajo el derrumbe del saber. La pizarra, ya sin tiza, se hizo lápida; el pupitre, ataúd de madera. Los maestros y sus alumnos, unidos en el instante más cruel, ascendieron hacia el cielo entre una columna de humo y escombros, dejando en la capital de las Terres de Ponent una herida abierta de inocencia truncada.
Hoy, la niebla no desciende con el aliento helado del otoño, cubriendo los campos donde la vida descansa. Hoy, la memoria se viste de ocre y púrpura, y el silencio de las hojas caídas es el único himno que acompaña el paso del tiempo. Las almas de aquellos 48 niños y 12 profesores que murieron retornan en nuestro recuerdo por una senda invisible hacia la luz tenue de los crisantemos, donde el recuerdo se derrite como lágrimas y testimonio de la historia. No hay adiós en la bruma del Segre de aquel día, solo un puente de reconocimiento tejido con hilos de nostalgia. Y así, entre el frío y el dolor, comprendemos que el verdadero mausoleo no es de piedra, sino el latido incesante y cálido del corazón que aún les nombra en aquel Liceo Escolar de Lleida.
Hoy, la ciudad enciende velas por la cruel tragedia, por la memoria innegociable de aquellos inocentes niños y sus profesores. Su recuerdo es la única campana que insiste en sonar en la avenida Blondel y alrededores, exigiendo que aquel fatídico instante se alce no como ruina, sino como eterno monumento a la paz.

Buenas noches,
ResponderEliminarEse día mi jefe y su hermana el Sr.Villalonga, se salvaron por llegar tarde al colegio eso nos lo contó varias veces.Me ha gustado mucho.
Saludos
Antonio Puig
Bonito y tristísimo.
ResponderEliminarUn abrazo
Rosa Acebal
Lo he leído esta mañana en el Segre Un escrito imprescindible en esta fecha.
ResponderEliminarFelicidades, el de este año nota alta.
Anna Azanuy Tantull
Muy emotivo. Cada año tienes un recuerdo para ellos.
ResponderEliminarSaludos
Magda Sellarés
Breve y preciso. Pizarras lápidas, pupitres ataúdes...
ResponderEliminarLo has contado alguna vez pero esta redacción me ha gustado mucho.
Un abrazo
Pepe Pascual
Mas allá de su calidad literaria, el texto cumple dos funciones importantes. La primera, mantener viva la memoria histórica, tan importante en estos tiempos que corren, donde una parte mayoritaria de nuestra juventud , desconocen quien ha sido Franco, pero les gustaría vivir en una dictadura y, la segunda, es un homenaje a tú suegro, superviviente de ese acto de barbarie fascista. Bonito y conmovedor escrito. Gracias por compartir.
ResponderEliminarUn abrazo
Santiago Fernández
Muy bonito y entrañable.
ResponderEliminarSaludos
Pilar Salillas
Juan Antonio,
ResponderEliminarUn bello y sentido recordatorio del luctuoso e inhumano acto.
La muerte de los alumnos y profesores dejó la ciudad sumida en una profunda tristeza. Siempre serán recordados.
Lo has expresado con una gran belleza y un gran sentimiento.
Un abrazo y continúa con tus artículos.
Un abrazo
Pilar Barrabés
Tu relato del que fue una barbarie en el Liceo Escolar de la capital de la Terra Ferma y que todos los años conmemoran los familiares acompañados por las autoridades de la Paeria me ha estremecido, imaginar los niños y sus profesores sin vida esparcidos entre los escombros del
ResponderEliminarLiceo Escolar sobrecoge el corazón, tal y como narras en tu artículo tan magistralmente.
Agradecida por poder leerlo.
Buenas noches !
Abrazos
Pili Obre
Dicen que no mueren nunca, mientras se hable de ellos y estén en nuestro pensamiento, pero, explícale eso (en su momento), a los padres de esos niños, a los que no vieron nunca más y a los hijos de esos profesores que les privaron de disfrutar de sus padres.
ResponderEliminarEl hecho fue tan duro y triste y tú lo explicas con tanta ternura y delicadeza, que aún hoy, se me pone un nudo en la garganta al leer tu artículo.
Un abrazo.
Magda Díez.
Hola, Juan Antonio
ResponderEliminarSi, ya te comenté por whatsapp que había visto tu carta en SEGRE, ayer. Cuando estás más brillante escribiendo es cuando haces efemérides de algún recuerdo tuyo, en este caso doloroso, o bien cuando analizas algún tema de tus conocimientos y saberes de base que aprendiste en tus años de universidad. Mira comparé, de forma rápida, tu carta con las otras que había en el periódico y no había color, estará contenta Rosa con tu magnífico recuerdo.
Un abrazo.
Ramón Morell
Buenos días tío, qué bonito recordatorio a esos niños y profesores a los que mataron indiscriminadamente, que rápido pasa el tiempo, hoy hace justo un año que estuve allí y recuerdo que cuando pasamos por el lugar les estaban haciendo un homenaje a las víctimas… que preciosas palabras que les has dedicado.
ResponderEliminarBesos
Nacho Valero
Breve, pero intenso. Pura poesía en prosa.
ResponderEliminarUna maravilla, extrapolable a todos los casos similares. Que las escuelas se conviertan en tumbas es lo más grave que le puede pasar a la humanidad.
Un abrazo.
Jaime Martínez
Hola, De nuevo quiero felicitarte por tu emotivo escrito, en recuerdo y memoria de las victimas inocentes del primer y trágico bombardeo sufrido en la ciudad de Lleida en 2 de noviembre de 1937, uno más de los episodios negros de nuestra última guerra civil y un antecedente de los múltiples horrores de la 2ª Guerra Mundial. Constato además dentro de tu habitual y riguroso estilo el sentimiento subyacente con que te expresas, al estar vinculado afectivamente con personas a las cuales el suceso les marco su vida.
ResponderEliminarEstos actos tendrían que ser un revulsivo suficiente, para evitar se reprodujeran estas barbaridades, lamentablemente sin embargo, las estamos sufriendo día a día a lo largo de este pequeño planeta.
Un cordial saludo
Jordi Testar