Hoy ha amanecido con esa solemnidad discreta que tienen las fechas obreras: un aire de pancarta doblada, de café temprano y de zapatos gastados que aún recuerdan la fábrica, la oficina, el andamio o la cola del paro. El calendario, que suele ser un funcionario frío y meticuloso, se permite de vez en cuando un gesto humano, y nos entrega este día como quien deja una flor sobre la mesa de quienes levantaron el mundo cobrando siempre menos de lo que valían.
No puedo evitar mirar atrás y volver a 1978. Aquel año en que España ensayaba la democracia con la misma torpeza ilusionada con la que un muchacho aprende a bailar. Todo estaba por estrenarse: las palabras, las plazas, los derechos, incluso el modo de disentir. Y volvió el 1º de mayo, que había pasado demasiados años guardado en un cajón polvoriento, como esas fotografías familiares que un régimen esconde porque en ellas sonríe la verdad.
Recuerdo aquella mañana —o quizá la invento ahora, que también la memoria tiene derecho a maquillarse— en la que salimos a la calle en Valladolid con una mezcla de prudencia y entusiasmo. Había banderas nuevas, consignas algo desafinadas y rostros que no sabían todavía si debían gritar, cantar o mirar hacia atrás por costumbre. Algunos caminaban erguidos por primera vez; otros seguían encorvados por el hábito e inercia de décadas enteras. La libertad, descubrí entonces, tarda más en enderezar la espalda que en proclamarse en los periódicos.
Los viejos obreros llevaban en los ojos una seriedad antigua. No celebraban solo una fiesta: asistían al regreso de algo suyo. Los más jóvenes, en cambio, parecíamos convencidos de que el futuro cabía entero en aquella mañana soleada y en cuatro consignas bien rimadas en la Plaza de la Universidad. ¡Qué edad más arrogante tenía y tiene todavía la esperanza! En la esquina de la calle Librería sonó una canción ronca, y alguien alzó el puño con la solemnidad de quien levanta una herramienta sagrada. Yo miraba todo aquello intentando comprender que la Historia no siempre entra a caballo; a veces llega andando, entre bocadillos envueltos en papel de estraza y conversaciones sobre los primeros convenios colectivos.
Han pasado casi 50 años, y el Día del Trabajo se ha ido llenando de matices: reivindicación, nostalgia, estadísticas, discursos previsibles y alguna barbacoa oportunista. También de ironías. Porque seguimos celebrando el trabajo mientras escasea; honrándolo mientras lo precarizamos; alabando al trabajador mientras se le pide que sonría cobrando menos y agradezca más. Y es que este 1⁰ de Mayo, desde entonces hasta hoy, ha amanecido con ese delicioso sarcasmo de celebrar el Día del Trabajo dejándolo descansar. Tal vez por ello o a pesar de ello, espero que haya sido un buen día para que las manos no produzcan, pero que el alma, libre de horarios, trabaje en lo que de verdad importa—vivir sin prisa, como si el tiempo también se hubiera tomado la jornada libre.
Pero no quiero ser injusto con este día. Ya que aún conserva una dignidad testaruda. Nos recuerda que hubo manos callosas que conquistaron descansos, jornadas humanas, salarios menos indecentes y el derecho elemental a protestar sin pedir permiso. Y nos recuerda, sobre todo, que nada se regaló, que todo se arrancó con esfuerzo, huelgas, miedo y terquedad. Y mientras escribo estas líneas, pienso en mis amigos con los que compartí aquella mañana de 1978 en tierras castellanas y en todos los que, como nosotros, salieron a la calle a festejarlo y ya no están. En los que creyeron y creímos que el porvenir sería más justo si se empujaba entre muchos. Quizá nos equivocamos y se equivocaron otros muchos en algunas cuentas; pero, todos, acertamos en lo esencial: ningún país merece llamarse moderno si desprecia a quienes lo sostienen.
Así que cuando el día empieza a declinar y la luz se retira despacio, deseo que todos hayáis pasado un feliz 1º de mayo, con la dignidad encendida de quienes sostienen el mundo con sus manos; que descansen los cansados, que cobren los olvidados y que tiemblen, aunque solo sea un poco, quienes confunden el beneficio con la virtud. Y, si aún queda sitio para la esperanza, que no falte, al menos, un ramo de muguet, esa antigua promesa de buena suerte con la que Francia saluda el primero de mayo.
Grande mensaje desde el corazón de un joven Juan Antonio que vislumbraba unos ideales y una forma de entender la vida. Gracias.
ResponderEliminarUn abrazo,
Miguel Ángel Cerviño
Cada artículo tuyo me remueve la memoria y me hace revivir recuerdos que parecían atascados. ¡Qué maravilla es poder leerte!. Gracias
ResponderEliminarAntonio Puig
Muy bueno ese recuerdo del 78, y la conclusión final, muy acertada,que tiemblen sí.
ResponderEliminarYo he ido a la manifestación, ¿ha ido mucha gente en Lérida?
Abrazos
Mercedes Manzanares
Escribes muy bien. Me ha gustado mucho.
ResponderEliminarSaludos,
Josep Porta
Leyendo tu artículo, entiendo mejor la celebración con reivindicaciones varias por las ciudades más importantes de este país llamado España. He visto imágenes de TVE, y TV3, las he visto concurridas y animadas cosa que me ha producido esperanza que todo no está perdido, la gente hoy tiene muchos problemas con sueldos precarios que no llegan para pagar los indecentes precios de los alquileres, y vivir dignamente.
ResponderEliminarLos profesionales de la enseñanza y la sanidad por poner un ejemplo, volverán pronto a las calles si el gobierno no les escucha y atiende, y con razón.
Te agradezco este artículo sobre el día del trabajo que como siempre cumple mis expectativas.
Besos,
Pili Obre
Enhorabuena y Buenas noches.
Buenos días tío, magnífico el artículo-relato que te han publicado.
ResponderEliminarBesos,
Nacho Valero
Hola Juan Antonio.
ResponderEliminar¡Qué precioso artículo!. Eres un artista de la pluma. Lo gracioso es que se lo he reenviado a todos mis contactos y como no sale tu firma al final, he empezado a recibir felicitaciones como si lo hubiese escrito yo. Lo he tenido que aclarar mandando una coletilla que dice: "Lo ha escrito mi amigo Juan Antonio Valero". Ahora me están retirando las felicitaciones, si lo llego a saber no digo nada.
Un fuerte abrazo y no pares de escribir.
Rafael Muyor
He leído muchos textos sobre el 1º de Mayo, pero pocos con esta mezcla de memoria, elegancia y verdad. Me ha emocionado especialmente esa imagen de la libertad tardando más en enderezar la espalda que en proclamarse. Brillante artículo.
ResponderEliminarAntonio Merino
Magnífico. Tiene usted la rara virtud de hacer pensar sin levantar la voz. Esa ironía sobre celebrar el trabajo mientras escasea resume perfectamente nuestro tiempo.
ResponderEliminarJavier Robles
Qué manera tan hermosa de recordar a quienes lucharon por derechos que hoy algunos dan por descontados. Se nota que escribe alguien que no solo conoce la historia, sino que la ha sentido de cerca.
ResponderEliminarCarmen Salvatierra
Me ha encantado el tono humano y reflexivo del artículo. Se percibe respeto por los mayores, cariño por los compañeros de entonces y preocupación sincera por los trabajadores de hoy.
ResponderEliminarMª Eugenia Castaño
Qué bien escrito está esto. Da gusto leer textos que no insultan la inteligencia y que recuerdan que la dignidad laboral no es un capricho, sino una conquista.
ResponderEliminarSaludos cordiales,
Luis Fernando Varela
Me ha emocionado la parte dedicada a los que ya no están. Todos tenemos nombres y rostros en la memoria cuando llega esta fecha. Gracias por poner palabras a ese sentimiento.
ResponderEliminarIsabel Montero
Excelente artículo, lleno de imágenes poderosas y verdades incómodas. Eso de pedir al trabajador que sonría cobrando menos debería estar enmarcado.
ResponderEliminarRicardo Peña
He disfrutado cada párrafo. La referencia a Valladolid en 1978 me aporta unos recuerdos en los que tal vez coincidiéramos y autenticidad y convierte el artículo en algo más que una reflexión: casi una escena viva.
ResponderEliminarMiguel Ángel Cifuentes
Una lectura preciosa para terminar el día. Entre tanta crispación, se agradece encontrar un texto sereno, culto y profundamente justo.
ResponderEliminarTeresa Valdivia
Qué cierre tan hermoso: que descansen los cansados, que cobren los olvidados. Ojalá más artículos así, con memoria, sensibilidad y compromiso.
ResponderEliminarAna Belén Requena
Hola, Juan Antonio, muy buenas tardes.
ResponderEliminarMe ha gustado mucho tu artículo porque me ha recordado también el Primero de Mayo feriado, que en el 77 ya fue celebrado por los sindicatos como el Día del Trabajo; pero que hasta el 78 no fue declarado festivo dicho día. Fíjate si me acuerdo que estuve en la manifestación con mi ex mujer, teníamos ya los dos hijos , que se quedaron en casa de mi madre y nos fuimos de pareja a la "mani".
Muy bien, sobe todo, porque seguro que muchos de los manifestantes actuales no habían nacido todavía por aquel entonces. Felicidades.
Un abrazo
Ramón Morell
Tu artículo sobre el 1 de mayo, me gustó; refleja un momento de nuestra historia que todo o casi todo estaba politizado, nuestra generación “tenía conciencia” sin embrago, también es verdad que algo hemos hecho mal, cuando la franja de 25-40 años hay un 23% que dice que “con franco se vivía mejor”. Creo que hasta el primero de mayo se ha manipulado y recortado de sus esencias anticapitalistas y de reivindicaciones de la clase obrera.
ResponderEliminarUn abrazo
Santiago Fernández
Ojalá todo el mundo pudiera leer este artículo y les quedara bien gravado en la mente. Es tan auténtico, muestras tanta sensibilidad y respeto en el mismo y me haces recordar tantas cosas vividas....En fin, esperemos que todo lo conseguido no caiga por la borda; como bien dices, no perdamos la esperanza.
ResponderEliminarUn abrazo.
Magda Díez
Buenos días,
ResponderEliminarHe leído tu artículo y creo que es una buena exposición de lo que significa el 1 de mayo y de que la lucha debe continuar para conseguir unos trabajos con horarios y sueldos dignos. Colaboremos en esta lucha.
Un abrazo.
Pilar Barrabés