España cumple ya casi cinco décadas de democracia, pero sigue sin una radiografía completa de su lado más oscuro: la corrupción política. Desde los primeros años de la Transición hasta nuestros días, los casos de fraude económico, malversación y cohecho han acompañado la historia institucional del país como una persistente enfermedad moral. Y, sin embargo, no existe un registro oficial que permita saber cuántos políticos han sido imputados o condenados por delitos de corrupción desde 1978. Ni el Consejo General del Poder Judicial ni la Fiscalía General del Estado han publicado nunca un listado sistemático con esos datos. A la ausencia de cifras se suma una confusión semántica: hasta 2015 hablábamos de imputados, hoy la ley los llama investigados, un cambio que fragmenta todavía más el rastro estadístico.
Ante ese vacío, han sido los investigadores, los periodistas y algunas plataformas ciudadanas quienes han reconstruido el mapa de la corrupción. La base de datos pública “Casos Aislados” recoge más de 8.000 nombres de cargos públicos implicados en procesos judiciales por delitos económicos. Estudios académicos que analizan el periodo 2000–2020 confirman la magnitud: miles de causas abiertas, más de 1.600 procesos activos solo en 2013, y un número aún mayor de implicados. En este contexto, según los análisis periodísticos y académicos más recientes, entre el 15% y el 25% de los implicados o condenados son mujeres. Es decir, por cada mujer hay al menos cuatro hombres involucrados en delitos de corrupción. Y si aplicamos esa proporción a los más de 8.000 nombres registrados en bases públicas, el resultado es tan simple como elocuente: unos 6.500 varones frente a 1.600 mujeres. A este respecto, al revisar esos datos emerge un patrón que apenas ha variado con el tiempo: la corrupción política en España tiene rostro de hombre. Y es que, casi medio siglo de democracia revela un patrón constante: la mayoría de los políticos imputados o condenados por fraude económico son varones. No hay registro oficial, pero las cifras disponibles dibujan un retrato elocuente del poder y su sombra. De hecho, de los años del pelotazo a las comisiones del urbanismo milagroso, de los papeles de Bárcenas a los ERE andaluces, los nombres cambian, pero el perfil se repite: hombres de partido, curtidos en los despachos, cercanos a las constructoras y a los favores. Y es que las grandes tramas de corrupción han sido, en muchos casos, clubes masculinos de poder. Redes de influencia tejidas entre despachos, cenas discretas y silencios compartidos. Un sistema de lealtades que, más allá de la ideología, reproduce un modelo de masculinidad institucional: la del que manda, protege y cobra por proteger. Por eso la corrupción no es solo un delito económico. Es también una forma de entender el poder, un espejo donde se reflejan las jerarquías, los silencios y las complicidades de una época. No obstante, los datos, lejos de apuntar a una supuesta superioridad ética femenina, reflejan algo más estructural: el espejo del poder. Y ese poder en España ha sido, históricamente, masculino. En este sentido, los ejemplos más recientes no hacen sino reafirmar esa tendencia histórica. Tanto en la trama que salpica al entorno del exministro José Luis Ábalos —en la que figuran investigados como Koldo García y Santos Cerdán — como en la investigación judicial abierta en Almería que afecta al expresidente de la Diputación Javier Aureliano García, al exvicepresidente Fernando Giménez y al alcalde de Fines, Rodrigo Sánchez, se observa el mismo patrón: estructuras de poder ocupadas mayoritariamente por hombres y protagonizadas por vínculos personales, favores y redes de confianza internas. Casos distintos, administraciones distintas, pero una misma lógica de funcionamiento. Y es que, durante décadas, los cargos de responsabilidad —ministerios, alcaldías, presidencias autonómicas, direcciones generales— han estado ocupados mayoritariamente por hombres. El acceso de las mujeres a la política llegó más tarde y su presencia en los círculos de decisión ha sido menor; en consecuencia, también su exposición a la corrupción.
Llegados a este punto, en los últimos años, parece que una lenta luz de transparencia se va abriendo camino en España y se está intentando mirar de frente a esa herida. La presión de los medios, el empuje de la sociedad civil y la creación de organismos de control —como las oficinas antifraude autonómicas o la legislación sobre financiación de partidos— han empezado a poner límites donde antes solo había oscuridad. Aun así, el país sigue sin una radiografía oficial de su pasado corrupto. Saber cuántos hombres y cuántas mujeres se sentaron en el banquillo no es un simple ejercicio de curiosidad: es una manera de entender cómo se ha construido el poder y quiénes han tenido acceso a él.
La democracia española ha sobrevivido a dictadores, crisis y escándalos. Pero la corrupción, más que un enemigo exterior, ha sido su sombra interior. El precio del silencio con el que durante años convivimos con la idea de que “todos roban” ha sido una resignación que ha erosionado la fe en lo público y normalizado la impunidad. Hoy, la sociedad exige algo más que transparencia: exige memoria. Porque solo cuando el país se atreva a contar —con nombres, fechas y cifras— la historia de su corrupción, podrá empezar de verdad a escribir la historia de su madurez democrática. Y entonces, solo entonces, quizá, las cifras dejarán de ser un misterio y se convertirán, por fin, en una lección.
Transparencia sería el primer paso y reflejo en la historia de la corrupción, con nombres y apellidos y descripción detallada del caso, sería el segundo paso.
ResponderEliminarMuy bien Juan Antonio.
Mal lo tenemos. Cada día peor.
Un abrazo
Pepe Pascual
Me ha gustado mucho. No se puede decir mejor.
ResponderEliminarAntonio Puig
Juan Antonio, creo que has hecho un relato pormenorizado de los implicados en casos de corrupción. No sé si el poder corrompe o sólo acceden a él los que creen que el cargo les autoriza a hacer lo que quieran con el dinero público y recibirlo de particulares a cambio de favores.
ResponderEliminarDeseo que tengamos una clase política honrada y que haya más paridad entre hombres y mujeres.
Un abrazo para Rosa y para ti
Pilar Barrabés
Hola,
ResponderEliminarVaig atrassada en llegir els teus articles. Però, avui he pogut llegir aquest i t'he de dir que m'ha encantat!!.
Clar, didàctic i novedós!!!
No paris!!!
Joana Companys
La lista no para de crecer Esperemos no llegue al infinito.
ResponderEliminarAnna Azanui Tantull
Hola Juan Antonio,
ResponderEliminarTe doy la razón; de la corrupción política en nuestro país cabe deducir, parafraseando a Hobbes que: "el hombre es un robo para el hombre".
Gracias por el artículo
Un abrazo,
Miguel Ángel Cerviño
Buenos días tío, me ha gustado como has desmembrado una de las mayores lacras de este país y esta sociedad, que es la corrupción en la política, y aunque como tú dices cada vez hay más control sobre ello …..conociendo la idiosincrasia de los españoles ,difícil veo acabar con la corrupción pero veremos….
ResponderEliminarBesos
Nacho Valero
Tu artículo de hoy es imprescindible su publicación y lectura, por su interés tan actual y necesaria lectura. A mí me parece genial por dos motivos, uno es tu estilo narrativo con datos verídicos, y el otro los temas elegidos siempre son de sumo interés.
ResponderEliminarComo siempre te doy mi enhorabuena y agradecida te deseo muy Buenas noches.
Pili Obre
Impactante la claridad con la que expone el patrón histórico de la corrupción. Nunca había visto tan bien explicado por qué las cifras apuntan a un problema estructural y no solo individual.
ResponderEliminarMarcos Villalba
Me parece fundamental la reflexión sobre la masculinidad institucional. Es un enfoque que casi nunca se menciona y, sin embargo, ayuda a entender muchísimo del contexto político español.
ResponderEliminarElena Robledo
Excelente artículo. Lo que más me sorprende es que sigamos sin un registro oficial después de tantos años. La opacidad parece casi un síntoma más de la misma enfermedad que denuncias.
ResponderEliminarJulia Mena
Qué bien señalas que no es cuestión de superioridad moral de un género, sino de quién ha ocupado el poder. Es un matiz que muchos discursos olvidan y tú lo explicas con equilibrio.
ResponderEliminarSaludos cordiales
Beatriz Santamaría
Lo que cuenta sobre las redes de favores masculinas es muy real. He trabajado años en administración pública y eso se respiraba en cada pasillo. Gracias por ponerle palabras.
ResponderEliminarRafael Cordero
Su análisis sobre la Transición hasta hoy me ha dejado pensando. Siempre hablamos de que la democracia llegó, pero no de cómo arrastró dinámicas difíciles de desmontar.
ResponderEliminarLucía Ferrero
Me ha parecido impresionante el dato de los más de 8.000 implicados. Cuando lo dice así, sin adornos, uno toma conciencia de la magnitud real del problema.
ResponderEliminarÓscar Belinchón
Qué necesario es exigir memoria, como dice. Sin mirar los números de frente, imposible avanzar. Ojalá más textos como este en el debate público.
ResponderEliminarMarta Aguilar
Coincido totalmente en que la corrupción no es solo un delito económico, sino una cultura. Y esa cultura, por desgracia, ha sido profundamente masculina en este país.
ResponderEliminarHéctor Paniagua
Gracias por traer ejemplos recientes y conectarlos con la historia larga. Da vértigo ver cómo se repite siempre la misma lógica. Muy buen trabajo de síntesis y perspectiva.
ResponderEliminarSandra Luján
Pues no había caído, pero te doy la razón. Cuando mi hija me dijo que su segundo retoño sería una chica, le dije: mejor para la humanidad. En todos los estudios que hice sobre resultados de la evaluación, que fueron muchos y todos poblacionales, las chicas sacaban bastantes mejores notas que los chicos. En el ABN, las protagonistas siempre han sido las maestras, con honrosas excepciones. Un detalle final para no cansarte: nuestro grupo de Facebook de ABN cuenta con cerca de 73 000 seguidores. La estadística nos dice que el 93% son mujeres y el 7% hombres.
ResponderEliminarUn abrazo.
Jaime Martínez
Acabo de leer tu segundo artículo de la corrupción y debo, una vez más, felicitarte. No solo incides en lo malo, intrínsecamente hablando, de la corrupción sino también de la necesidad de contar con estadísticas suficientes y completas de lo que ha sido, este mal, desde la entrada en vigor de la Constitución. Por cierto, ya pasaste a La Mañana la corrección del nombre de Santos Cerdán. Me gustan tus artículos porque son, además, muy informativos, en esta ocasión, por ejemplo, hablas de la web "Casos Aislados" que yo desconocía su existencia. Leyéndote, el lector/a aprende. Sigue igual como hasta ahora.
ResponderEliminarUn abrazo.
Ramón Morell
Hola Juan Antonio,
ResponderEliminarVeo que sigues indagando sobre la corrupción en España, este mal endémico que devora a nuestra sociedad, y aportas unas estadísticas muy interesantes, pero difícilmente contrastables, sobre el número de casos investigados e imputados por corrupción y la larga lista de casos conocidos que han salpicado nuestra frágil democracia.
Lo que no quiere decir que dicha corrupción sea exclusiva de este excepcional periodo, ya que era mucho más intensa en otras etapas, concretamente durante la dictadura franquista esta era estructural y tolerada por el régimen, no existían controles por falta de voluntad y sistemas técnicos, la compra de favores y el estraperlo estaban institucionalizados, y la existencia de la censura y el control de la prensa, no facilitaban su divulgación, y a pesar de ello aún se difundió algún caso por cuestiones de rivalidades entre las diferentes familias del Movimiento como sucedió con Matesa.
En cuanto a la constatación del menor volumen de mujeres salpicadas por escándalos de corrupción, sin duda está relacionado con el menor número de puestos de responsabilidad ejercidos por ellas, la paridad como objetivo político es muy reciente, por lo que las féminas no han tenido mucho acceso a los engranajes del poder. Además en honor suyo cabe señalar que en general, salvo en conocidas actuaciones como la de una cierta presidenta, la prepotencia y la fachendearía que propicia muchas de estas actuaciones están vinculadas en múltiples ocasiones al machismo, como muestra de su poderío, al considerarse suficientemente astutos para poder delinquir sin dejar rastro, donde, por cierto, también se incluyen en muchos casos los favores sexuales, como un elemento más de los compadreos que se vinculan a las relaciones que se generan en los círculos de corrupción.
En el fondo de no deja de ser una muestra lacerante de los grandes vicios que conforman la condición humana, la soberbia, la avaricia, el engaño, el robo, la envidia y la lujuria
Un cordial saludo
Jordi Testar
El tema de la corrupción , hasta que no se eleve a todo el mundo lo del aforamiento, solo tenerlo el Presidente y los Ministros y todos los demás fuera y al que le pillen un mínimo de 15 anos en chirona y a la devolución de lo robado mas los intereses y a los compradores, la imposibilidad de participar durante 10 años en trabajos públicos , seguro que se rebajaba el tener tanto chorizo.
ResponderEliminarSantiago Fernández