En mi artículo anterior analizábamos el trasfondo histórico y geopolítico de un conflicto larvado que trasciende a Irán. Veamos ahora cómo se concreta en los acontecimientos de hoy, empezando por el dramático 28 de febrero de 2026, cuando las explosiones que sacudieron Teherán no solo alcanzaron varios enclaves del programa nuclear iraní, sino que su onda expansiva recorrió miles de kilómetros hasta golpear el frágil cimiento político sobre el que Donald Trump había construido su segunda presidencia. Y es que, en una operación de enorme riesgo, la Fuerza Aérea estadounidense se vio arrastrada por la decisión del zorro político Benjamín Netanyahu, quien —sin consultar previamente a Washington— ordenó lanzar un misil contra el búnker donde se refugiaba el ayatolá Alí Jamenei. El ataque provocó la muerte del Líder Supremo, junto con más de cuarenta altos colaboradores del régimen, que se habían reunido para coordinar las negociaciones que se estaban desarrollando con la Administración de los EE.UU. Ante la gravedad de los acontecimientos, Estados Unidos se vio obligado a coordinarse con Israel para ejecutar el ataque más contundente contra Irán desde la crisis de los rehenes de 1979.
En un principio, parecía que el objetivo oficial era claro: neutralizar las instalaciones nucleares y el arsenal de misiles balísticos de la República Islámica. Pero los detalles que emergieron en la madrugada tras el ataque previo israelí sugerían una ambición mayor: apuntaban a la decapitación del régimen. En ese escenario, la cuestión que ahora planea sobre los escombros de Teherán no es solo si Irán podrá reconstruirse, sino si Estados Unidos y su presidente podrán soportar las consecuencias de su propio éxito militar. La paradoja es evidente. Trump llegó al poder prometiendo poner fin a las “guerras eternas” y priorizar el interés doméstico bajo el lema “America First”. Sin embargo, el ataque abre la puerta a un conflicto prolongado en Oriente Próximo que amenaza con devorar su legado político y tensionar la economía global. Un hecho que ya está ocurriendo.
En teoría, la lógica política sugería que Trump debía evitar precisamente esa situación. Su instinto de supervivencia electoral —que siempre ha sido su brújula más fiable— apuntaba hacia la disuasión y el gesto simbólico, no hacia una operación que pudiera desencadenar una guerra regional. En este sentido, informaciones previas citadas por medios internacionales indicaban que sectores de la CIA estadounidense advertían del riesgo de un ataque “decapitador” que, lejos de provocar el colapso del régimen iraní, podría consolidar a los sectores más radicales de la Guardia Revolucionaria y empujar al país hacia una guerra de desgaste. Ante ese escenario, si ese diagnóstico era conocido en Washington, surge inevitablemente la pregunta: ¿por qué se tomó la decisión de acompañar a Israel en su ataque? Obviamente, una parte de la respuesta se encuentra en Jerusalén. Netanyahu lleva décadas considerando a Irán una amenaza existencial. Desde su perspectiva estratégica, impedir que Teherán consolide su capacidad nuclear no es solo una prioridad, sino una necesidad histórica. Para Israel, el ataque contra Beit-e Rahbari, el complejo del Líder Supremo, era una oportunidad única para conseguir un Irán debilitado por tensiones internas, aprovechando una Casa Blanca dirigida por un presidente proclive a demostrar la fuerza del ejército de los EE.UU.
No obstante, las consecuencias del ataque trascienden lo militar. Irán mantiene capacidad para responder de múltiples formas. Y lo está haciendo con ofensivas a bases estadounidenses en diversos países del entorno, lo que ocasiona fuertes presiones sobre los aliados de Washington en Oriente Medio y, sobre todo, colapsando el tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz, por donde transita cerca de una cuarta parte del petróleo mundial. De este modo, la interrupción ya está provocando nerviosismo en los mercados energéticos, volatilidad financiera y presión inflacionaria, todo un desafío político de primer orden para un presidente que gobierna en un contexto económico delicado.
Al mismo tiempo, se revela otra paradoja estratégica. Para Israel, debilitar a Irán era y es una prioridad histórica; para Estados Unidos, supone prolongar un conflicto en Oriente Próximo, lo cual significa un desgaste político interno, divisiones sociales y enormes costes financieros. Los analistas denominan a esta dinámica “captura de agenda”: cuando un aliado menor logra que la superpotencia adopte decisiones que responden principalmente a intereses regionales de ese aliado. Es decir, dicho con otras palabras —en esta ocasión— modificar el lema “America First" por “Israel First”. Y es que, en ocasiones, las decisiones de la Casa Blanca tienen que ver con algo menos visible pero profundamente arraigado en la política estadounidense: la influencia del lobby proisraelí en Washington. No se trata de una conspiración, sino de una realidad política ampliamente estudiada. Organizaciones como el “American Israel Public Affairs Committee” (AIPAC) han demostrado durante décadas una enorme capacidad para financiar campañas, influir en el debate público y orientar votaciones en el Congreso. En ese contexto, ningún presidente estadounidense toma decisiones en Oriente Próximo sin tener en cuenta el peso político de esa red de apoyos de Israel. A este respecto, sabido es y conviene recordar que, Los Protocolos de las Sabios de Sión, es un documento antisemita, que fue publicado por primera vez en Rusia a principios del siglo XX, y que describen una supuesta conspiración judía mundial para dominar la economía, la política y la cultura. Seguramente sea falso; pero, llegados a este punto, resulta inquietante que cuando determinadas coincidencias geopolíticas se acumulan y ciertos patrones de influencia parecen repetirse, haya quien, casi en un susurro, vuelva a recordarlo. No porque explique la realidad… sino porque las circunstancias, a veces, se empeñan en parecerse demasiado.
En cualquier caso, Trump se encuentra ante un escenario que prometió evitar. En política exterior, victorias militares rápidas suelen esconder consecuencias imprevisibles. Mientras el humo aún no se disipa sobre Teherán y continúan las respuestas iraníes, surge otra pregunta: si la primera operación fue un éxito táctico de Israel, ¿podría convertirse en un desastre estratégico para Donald Trump, que prometió ser el presidente que terminaría con las guerras interminables? Y es que ya nos lo advirtió Cicerón cuando dijo: “Summum ius, summa iniuria” ; es decir, “El mayor derecho puede convertirse en la mayor injusticia”.
Hola, Juan Antonio, buenas tardes.
ResponderEliminarEnhorabuena una vez más, a mi parecer explicas muy bien el porque Trump secundó el primer ataque israelí contra Irán, siempre queda la duda de si Netanyahu ya tenía el placet de Trump cuando dirigió los misiles. A mi parecer, el déficit público norteamericano que estaba en el 133% del PIB (España cerró 2025 con el 100%) se le va a disparar con lo que toda la política arancelaria se le irá a pique. La aprobación del presidente por parte de la ciudadanía está cayendo. Es muy difícil saber que va a pasar con la guerra de Irán y como acabará, que no sea un segundo Vietnam.
Un abrazo.
Ramón Morell
Me parece otro articulo de Juan Antonio muy bueno e interesante, para saber realmente que esta pasando. Un presidente que aspiraba al premio Nobel de la Paz, está desarrollando o colaborando en las guerras actuales.
ResponderEliminarSaludos
Miguel Soto
Gracias por el artículo.
ResponderEliminarAnte la amenaza de ser devorados, el escenario de guerra prolongada es deseable para los agresores porque puede permitirles aferrarse al poder en su intento desesperado por eludir problemas con la justicia tan graves que les van a perseguir hasta el fin de sus días. Por tanto, es el fin de sus días lo que ahora mismo temen que está en juego.
Al otro lado del tablero, una lucha de facciones internas que tratarán de imponer sus prioridades, tras décadas de preparación metódica y de unas sólidas y extendidas estructuras jerárquicas que les permiten resistir.
Un abrazo,
Miguel Ángel Cerviño
Otro gran artículo, como nos tienes acostumbrados a tus lectores. Enhorabuena
ResponderEliminarAntonio Puig
Trump y Yaveh llevarán la democracia y los derechos humanos a Irán.
ResponderEliminarO tal vez eso no es lo que buscan. Summun ius, suma injuria. Muy bueno, como de costumbre.
Pepe Pascual
Magnífico artículo continuación del de la semana anterior. Es buenísimo e interesante porque nos hacemos a la idea de lo que puede ocurrir si estos locos de atar siguen con sus atroces fechorías, lo que les pueda ocurrir se lo están buscando, y todo el mundo lo agradecerá y podamos respirar (tranquilos) aún que de esto no estoy muy segura.
ResponderEliminarTe agradezco toda la información tan bien documentada que nos ofreces a mí y a todos tus lectores con tus artículos.
Muchas gracias y buenas noches !
Pili Obre
Buenos días Tío, igual de chulo el artículo que el anterior, das en el clavo lastima, que mucha gente no opine lo mismo que la reflexión del artículo, lo que si queda claro que este ataque a Irán es porque los judíos han apretado a Trump y este que con poco va pues adelante … en fin ni se cuando va a parar esto ... que mierdas son los yanquis y los judíos…. y digo yo y el resto del mundo que hace NADAAAAA ….
ResponderEliminarBesos
Nacho Valero
Excelente análisis. Me parece especialmente acertada la idea de la “captura de agenda”, porque muchas veces olvidamos que las superpotencias también pueden verse arrastradas por dinámicas regionales que no controlan del todo. El artículo plantea preguntas incómodas pero necesarias sobre las consecuencias políticas de una victoria militar.
ResponderEliminarJavier Ortega
Muy interesante y muy bien argumentado. La parte sobre las advertencias previas de la CIA me parece clave para entender que las decisiones estratégicas rara vez son tan simples como se presentan al público. Da la sensación de que estamos viendo solo el primer capítulo de algo mucho más largo.
ResponderEliminarLuis Fernando Rivas
Un texto muy completo y con mucha perspectiva histórica. Me gusta cómo conecta la promesa electoral de Trump con el escenario que se está generando ahora. La política exterior siempre acaba teniendo un coste interno, y eso se explica muy bien en el artículo.
ResponderEliminarMª Antonia Delgado
El artículo consigue algo difícil: explicar un conflicto extremadamente complejo sin caer en simplificaciones. Me ha llamado mucho la atención el análisis sobre el estrecho de Ormuz y el impacto económico global. A veces olvidamos que las guerras también se libran en los mercados.
ResponderEliminarCarlota Méndez
Gran reflexión. La pregunta final sobre si un éxito táctico puede convertirse en un desastre estratégico es probablemente la clave de todo lo que estamos viendo. La historia está llena de ejemplos similares.
ResponderEliminarMiguel Ángel Pardo
Me parece un análisis muy lúcido del equilibrio entre Israel y Estados Unidos. Muchas veces se habla de alianzas como si fueran relaciones simples, cuando en realidad están llenas de tensiones y presiones políticas internas. El artículo ayuda a entender mejor esa complejidad.
ResponderEliminarRicardo Valverde
Un texto muy bien documentado. La referencia a Cicerón al final me parece especialmente acertada porque resume perfectamente el dilema moral y político que planteas. Ojalá hubiera más análisis de este nivel en el debate público.
ResponderEliminarSaludos
Jorge Santamaría
Muy interesante el enfoque geopolítico que plantea. Se agradece que no se quede solo en la descripción de los hechos, sino que profundice en las motivaciones estratégicas y en los posibles efectos a medio plazo.
ResponderEliminarFernando Aguirre
Un artículo que invita a reflexionar. A menudo las decisiones militares se presentan como inevitables o necesarias, pero aquí se muestra que siempre hay cálculos políticos detrás y que las consecuencias pueden escapar al control de quienes las toman.
ResponderEliminarEduardo Salvatierra
Magnífico análisis. La explicación sobre la influencia política en Washington y el papel de los lobbies está muy bien planteada y ayuda a entender cómo se toman realmente muchas decisiones en política internacional. Sin duda, un artículo que da mucho que pensar.
ResponderEliminarAlberto Crespo
He leído tú último artículo y estando de acuerdo con la mayoría de las afirmaciones que haces, tengo mis dudas si fue Israel el que “obligó” a los americanos a realizar seguidísmo con los bombardeos. Marco Rubio, explicó que la intervención americana, fue como tú la describes, yo tengo mis dudas, no veo a Bibi realizando un tal acto sin el consentimiento de Trump, como tampoco veo a la CIA u otros departamentos de inteligencia americana sin saber lo que hacen cada segundo sus amigos genocidas. Creo que a naranjito no hace falta empujarlo para que a las 12 diga una cosa y a las 12.30 todo lo contrario, cada vez estoy mas convencido que este tipo lo único que le interesa es el dólar, por lo tanto, ha visto negocio en el país de los persas y al mismo tiempo, cumplía el deseo de muchos años del genocida Netanyahu. Referente a su posible baja de popularidad y con ello la perdida de las elecciones de noviembre, no lo creo, la mayoría de la gente está completamente anestesiada y recuerdo que él mismo había realizado un comentario por el estilo “salgo a la quinta avenida con una pistola y mato a unos cuantos y, todo el mundo va a aplaudir”, esto es lo que hay. Entiendo, que solo los ciudadanos europeos, podríamos “cambiar” algo el tema, al fin y al cabo, la crisis energética la empezamos a pagar nosotros e intuyo, que la mayoría ya está hasta el coño de esta clase política que la mayoría se ha puesto de rodillas delante del Emperador, al final, tiene razón cuando dice “me están llamando todos para besarme el culo”. El discurso de Pedro Sánchez, entiendo que ha sido muy inteligente, desde el punto de vista de la política interior, te puedo asegurar, que en Suiza y Francia donde sigo diferentes periódicos, ha tenido una repercusión enorme, más o menos lo de “el único que tiene dignidad y se enfrenta al Emperador”. Te puedo asegurar, que especialmente en Francia, el discurso ha sido muy importante para el cambio de opinión de Macron en 24 horas, ya que se dio cuenta la que se le venía encima. En fin, de momento, los que lo están pasando mal, son los ciudadanos de Irán que llevan casi 40 años de dictadura religiosa y ahora les llegan los fascistas y los genocidas, al mismo tiempo y cargados de bombas.
ResponderEliminarUn abrazo
Santiago Fernández
A ver, la idea es muy buena, pero no estoy segura de que esos dos canallas no vayan a obtener la victoria que buscan sus intereses petrolíferos.
ResponderEliminarAraceli Dopico
Impresionante análisis. Me ha sorprendido especialmente cómo conectas el ataque del 28 de febrero con la fragilidad política de Trump. Da la sensación de que ningún movimiento en Oriente Próximo ocurre sin repercusiones internas en Washington.
ResponderEliminarAbrazos,
Javier Montes
Lo que planteas sobre la “captura de agenda” es inquietante. Nunca había visto explicado tan claramente cómo un aliado menor puede condicionar a una superpotencia. Tu artículo abre un debate que muchos prefieren evitar.
ResponderEliminarSaludos cordiales,
Ricardo Salvatierra
La parte sobre el estrecho de Ormuz me parece clave. A veces olvidamos que un conflicto regional puede desestabilizar la economía global en cuestión de horas. Muy buen enfoque geoeconómico.
ResponderEliminarAndrea Cifuentes
Me ha gustado cómo desmonta la aparente contradicción entre el discurso de “America First” y la realidad estratégica. Trump prometió una cosa y terminó atrapado en lo contrario. Excelente reflexión.
ResponderEliminarManuela Ortega
La mención a los Protocolos me ha parecido valiente y matizada. No cae en teorías conspirativas, pero sí señala cómo ciertos patrones históricos generan sombras. Muy bien llevado.
ResponderEliminarSergio Palomar
Netanyahu aparece en su texto como un actor que juega su propia partida, y creo que lo describe con precisión quirúrgica. Israel siempre ha tenido una agenda distinta a la de EE.UU., aunque a veces se solapen.
ResponderEliminarTomás Aguilera
El artículo transmite muy bien la sensación de que el ataque fue un éxito táctico pero un posible desastre estratégico. Esa distinción es fundamental y rara vez se explica con tanta claridad.
ResponderEliminarÁlvaro Medina
Me ha parecido especialmente interesante la parte sobre la CIA y sus advertencias. Da la impresión de que, incluso con informes en la mesa, las decisiones políticas siguen caminos difíciles de entender.
ResponderEliminarLuis Ferrer
Tu análisis del impacto energético es de los más completos que he leído. La gente suele centrarse en lo militar, pero lo que realmente cambia el mundo son los mercados. Muy buen equilibrio entre ambos planos.
ResponderEliminarUn fuerte abrazo
Óscar Valcárcel
El cierre con la cita de Cicerón es brillante. Resume perfectamente la paradoja que plantea: una acción “correcta” desde el punto de vista militar puede convertirse en una injusticia o un error histórico. Gran artículo.
ResponderEliminarGermán Rivas
Juan Antonio,
ResponderEliminarAcabo de leerme los dos artículos que has enviado al periódico.
He de confesarte que no me resulta fácil seguir tu explicación. Estoy en contra de la guerra emprendida por Trump e Israel, pero me resulta difícil seguir tus explicaciones.
Un abrazo para los dos y continúa con tu análisis de la actualidad.
Pilar Barrabés
¡Ójalá el título se cumpla!
ResponderEliminarUn buen y detallado análisis, que, como siempre, está muy bien traducido a frases y palabras.
Un abrazo.
Jaime Martínez