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lunes, 2 de noviembre de 2026

Trump, el síntoma: lo que se juega EE UU el 3 de noviembre

 

Aseguraban en mi niñez que bastaba con frotarse los ojos para que desaparecieran los monstruos de las pesadillas. Hoy sabemos que no. Podemos frotarnos los párpados hasta hacernos daño y, al volver a abrirlos, el monstruo continúa ahí. Sonríe, habla, amenaza, firma decretos y tiene el dedo demasiado cerca de los botones que pueden convertir el planeta en un cementerio. Se llama Donald Trump.

 

Pero sería un error creer que Trump es la enfermedad. Trump es el síntoma. Un síntoma grotesco, estridente y obsceno de una enfermedad mucho más profunda que atraviesa nuestras sociedades: la transformación de la democracia en espectáculo, del ciudadano en consumidor, de la política en mercancía y de la verdad en aquello que consiga imponerse con más dinero, propaganda y ruido. Por eso produce tanta desolación contemplar su segundo mandato. No solo por el personaje: su narcisismo, su brutalidad verbal, su desprecio por las reglas, sino porque detrás de él hay millones de personas dispuestas a seguirlo. Y detrás de esos millones, poderes económicos y tecnológicos que han descubierto que este personaje imprevisible puede ser extraordinariamente útil cuando lo que se pretende es desmontar las viejas reglas del juego.

 

El problema, por tanto, no es únicamente Trump. El problema es el mundo que lo necesita. Y es que el fantasma de Weimar no regresa porque la historia se repita mecánicamente, sino porque algunas de sus condiciones vuelven a resultar inquietantemente reconocibles: miedo, frustración, desigualdad, pérdida de confianza en las instituciones, propaganda y unas élites que pueden llegar a pensar que utilizar a la extrema derecha es una manera eficaz de conservar o ampliar todavía más su poder. En este sentido, conviene recordar que Hitler tampoco “arrasó en las urnas”. Su partido obtuvo el 33 % en las últimas elecciones libres, y fueron sectores conservadores quienes, creyendo que podrían utilizarlo para acabar con sus adversarios políticos, le entregaron la cancillería. El monstruo que pretendían controlar terminó devorándolos a todos. La lección debería producir escalofríos.

 

Hoy el escenario es diferente, naturalmente. Pero vuelve a aparecer la tentación de pensar que determinados personajes son simples instrumentos, que se les puede utilizar y después guardar en un cajón. El problema es que los instrumentos también adquieren voluntad propia. Y aquí aparece, entonces, algo todavía más inquietante: el movimiento fascista global al que Trump presta rostro no necesita que Trump sea inteligente, coherente, ni siquiera especialmente competente. Le basta con que sea útil. Puede ser errático, amenazar aliados, humillar instituciones y convertir la política internacional en una sucesión de impulsos y chantajes. Lo que importa no es la personalidad del instrumento, sino aquello que el instrumento permite hacer. Y para ello, florecen detrás y asoman los nuevos señores del dinero y de la tecnología, los llamados “tecnofeudalistas”, personas que han acumulado tanto poder económico y tecnológico que empiezan a dar miedo. Musk y otros magnates ya no se limitan a influir sobre los gobiernos, sino que poseen plataformas, algoritmos, empresas, capital y una capacidad de intervención sobre la conversación pública tan brutal que habría resultado inimaginable para los antiguos barones industriales. Y es que, mientras Trump representa la mezcla de codicia, ego y espectáculo, detrás de él ya espera otra generación. A este respecto, J. D. Vance resulta especialmente inquietante por eso; ya que donde Trump parece moverse muchas veces por el narcisismo y el beneficio inmediato, en sus posibles sucesores puede aparecer una ideología mucho más articulada, disciplinada y, por tanto, más peligrosa. Ese es el verdadero motivo de la desolación que hoy recorre EE UU y todo Occidente. Y es que no estamos ante un accidente de la historia. Estamos ante una corriente alimentada por el individualismo extremo, el miedo, la desigualdad, la propaganda y la progresiva destrucción de aquellos valores comunes que durante décadas parecían constituir el suelo mínimo sobre el que podían convivir las sociedades democráticas. Una corriente que encuentra millones de personas dispuestas a cambiar derechos por seguridad, libertad por pertenencia y democracia por la promesa de que alguien, por fin, castigará a los culpables de sus frustraciones.

 

Y por si todo este presente futuro no fuera suficiente motivo de preocupación, entonces llegan “los 5.000 dólares”. La cifra es casi una alegoría perfecta de nuestro tiempo: convertir el voto en una transacción, la ciudadanía en una cuenta corriente y la democracia en mercancía. Si el ciudadano puede ser comprado, aunque sea mediante una promesa, ¿qué queda de la dignidad política? Si todo tiene precio, ¿qué ocurre con aquello que no debería tenerlo? La democracia no puede convertirse en un mercadillo donde los más ricos compran voluntades y los más desesperados venden su futuro. Pero quizá lo más triste sea que Trump no habría llegado tan lejos sin quienes lo siguen, quienes lo justifican y quienes, pudiendo combatirlo políticamente, se quedan en casa. El monstruo necesita un escenario, pero también necesita público. Necesita espectadores, propagandistas, cómplices y abstencionistas. Este es quizá el triunfo más profundo de quienes quieren vaciar la democracia desde dentro: conseguir que los ciudadanos dejen de creer en ella. Por eso el fantasma de Weimar no debería asustarnos únicamente por Trump. Debería asustarnos por nosotros mismos. Por nuestra facilidad para acostumbrarnos a lo intolerable. Por nuestra capacidad para contemplar una barbaridad detrás de otra hasta que la barbaridad se convierte en paisaje. Ese es el verdadero peligro. Y es que el monstruo no vive en el hombre. Vive en el sistema que lo fabrica y lo convierte en realidad.

23 comentarios:

  1. Excelente análisis. Ha dado en el clavo con la idea de que Trump es solo el síntoma visible de una dolencia mucho más grave y estructural. Lo que comenta de los "tecnofeudalistas" y la transformación de la democracia en un puro espectáculo mercantil es de una lucidez aplastante. Da mucho que pensar.

    Javier Meléndez

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  2. ¡Qué gran artículo! La analogía con los años de Weimar y la peligrosa ilusión de las élites creyendo que pueden controlar a los monstruos que alimentan es perfecta. La historia siempre avisa, pero parece que nos empeñamos en tropezar dos veces con la misma piedra. Enhorabuena por la profundidad de las reflexiones.

    Tomás Albarrán

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  3. Suscribo cada palabra, cada coma. Es desolador comprobar cómo se cambian derechos fundamentales por falsas promesas de seguridad y cómo el ciudadano ha terminado por asimilar su rol de mero consumidor. Un texto indispensable para sacudir conciencias en estos tiempos tan grises.

    Eduardo Sotomayor

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  4. Hola Juan Antonio.
    ¡Cuánta verdad expresas en tu artículo!. El fantasma de Weimar, la Silicon Valley, etc. Tristemente, el miedo, tiene mucha más fuerza y efecto, que infinidad de espadas.
    Gracias.

    Un abrazo
    Magda Díez

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  5. Me ha encantado la mención final sobre cómo nos hemos acostumbrado a lo intolerable hasta convertir la barbaridad en paisaje cotidiano. Ese acostumbramiento indolente es quizás la mayor amenaza para la pervivencia de nuestras libertades. Gracias por ponerle palabras tan certeras.

    Manuela de la Torre

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  6. Bona nit Juan Antonio.
    Una reflexión profunda y muy acertada. Lo verdaderamente preocupante no es solo quién llega al poder, sino las condiciones sociales, económicas y políticas que lo hacen posible. La democracia no se pierde de un día para otro; se debilita cuando dejamos de defenderla. Un artículo que invita a pensar y, sobre todo, a no permanecer indiferentes.
    Saludos,

    Salvador Pané

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  7. Brillante de principio a fin. El párrafo dedicado a J. D. Vance y al peligro de que tras el ruido estrafalario llegue una ideología mucho más disciplinada y articulada me ha parecido de una visión política tremenda. Hay que leer esto con atención y sin autocomplacencia.

    Gonzalo Huarte

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  8. Un artículo valiente y profundamente necesario. Vivimos anestesiados por el ruido mediático y las transacciones económicas disfrazadas de política. Artículos como este nos recuerdan que el verdadero peligro no está solo en los personajes estridentes, sino en el caldo de cultivo que los sostiene y justifica.

    Ignacio Pastor

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  9. El artículo muy bien escrito,como siempre.
    La situación muy preocupante. Veremos como acabará este barullo.
    Un abrazo.
    Pilar Barrabés

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  10. ¡Qué gran verdad cuando afirma que la democracia no puede convertirse en un mercadillo! Nos jugamos la dignidad como ciudadanos al permitir que todo tenga un precio. Una lectura magnífica que nos obliga a mirarnos al espejo como sociedad occidental.

    Vicente Blasco

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  11. Lo que decimos siempre. Si está ahí es xq lo han votado. Gente con pocas miras y capacidad de análisis y ahora con el incentivo de los 5.000 dólares...

    Magda Sellarés

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  12. Trump es una persona que no me agrada nada y si no saliera Presidente me alegraría mucho-.
    Buenas noches.
    Antonio Puig

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  13. Magnífico análisis sociológico y político. Ha sabido sintetizar en pocas líneas el profundo malestar que recorre el mundo actual, marcado por el individualismo extremo y la erosión de los valores comunes. Da verdadero vértigo mirar hacia adelante, pero es imprescindible hacerlo con la claridad que usted aporta.

    Federico Granados

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  14. Todos deberíais saber, que el día 3, mañana, se celebran unas elecciones parciales en Estados Unidos de América. Se eligen un tercio de Parlamentarios y Senadores. Juan Antonio ha escrito para mi, un maravilloso trabajo analizando lo que representan estas elecciones. Te lo mando, para que reflexionemos todos lo que representa, que D.Trump siga con una mayoría en ambas cámaras. Un desastre.

    Un saludo.
    Miguel Soto.

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  15. Bueno, esperemos que él y su partido, pierdan esta vez, y se restablezca el sentido común, el sentido de Estado y la sensatez.

    Josep Porta

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  16. ¡Impresionante artículo!. Me quedo con la reflexión sobre el público que aplaudía y facilitaba el ascenso de los monstruos históricos y actuales. Al final, como bien dice, el mayor peligro reside en nosotros mismos y en nuestra alarmante capacidad de normalizar lo inaceptable.

    Salvador Corominas

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  17. El artículo es muy bueno. La situación preocupante.

    Anna García

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  18. Tu artículo de hoy, magnífico. Por cierto, que me deja helada y aterrada, lo dices todo tan acertadamente que solo acierto a pensar... En el mundo de los monstruos, Trump es el rey.

    Pili Obre

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  19. Una lección magistral de periodismo de opinión. Lejos de quedarse en el desprecio fácil al personaje de turno, bucea con bisturí en las causas económicas y tecnológicas que hacen posible este fascismo global de baja intensidad. Mi más sincera felicitación por esta tribuna.

    Ernesto Valbuena

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  20. Gracias Juan Antonio, por el artículo.
    Conseguir que los ciudadanos dejen de creer en ella (en la democracia) necesitaba de esos ingredientes, por un lado de dirigentes con perfil de monstruo y de infraestructura tecnológica (plataformas, medios, redes, algoritmos, ataque cibernético y guerra híbrida) puesta a su disposición, por otro.

    Un abrazo,
    Miguel Ángel Cerviño

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  21. Me acabo de leer tu artículo, muy bien escrito, muy bien estructurado, muy reflexivo y muy convincente. El tema es muy complejo, yo creo que Trump solo tiene seguidores en USA. La extrema derecha europea solo se asemeja a Trump por su visión de Europa. Para mi tanto Trump como la extrema derecha se quieren cargar Europa y aunque la actual UE no ne guste, frente a todos estos enemigos hay que defender Europa que aunque defienda un modelo neoliberal de economía, para mi, con sus deficiencias, es en este mundo actual la única democracia existente.

    Ramón Morell

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Gracias por tus comentarios.