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lunes, 21 de diciembre de 2020

Juana, teatro y danza en la Llotja

 

Hacía frío el pasado sábado, día 12, camino del teatro de La Llotja. En el hall de entrada muy escaso público. Eran las 20:00 horas cuando por los altavoces avisaron del comienzo de la función Juana. Entramos protegidos con nuestras mascarillas, tomamos asiento y se descorrió el telón. En escena una gran dama del teatro, Aitana Sánchez-Gijón que, acompañada, en esta ocasión, por la compañía de danza “Losdedae”, se nos presenta para interpretar a las valientes “Juanas” de la historia.

Durante una hora y media, en Juana, combinando teatro y danza y a través del personaje, asistimos a una historia que simboliza la lucha de muchas mujeres enlazadas por un mismo nombre. Unas mujeres, fuertes y revolucionarias, que se enfrentaron a un destino hostil y que se interpelan persistentemente si existe una fatal predestinación femenina en la Tierra. La representación no se realiza de forma cronológica, sino que va surgiendo a través de las voces de Juana de Arco, de Juana la Loca, de la Papisa Juana, de Sor Juana Inés de la Cruz y de alguna más contemporánea del pasado siglo, como fue la dirigente sindicalista, feminista y escritora Juana Doña Jiménez. Son nombres de unas mujeres que permanecen como referentes en nuestra memoria colectiva y que, a través de ellas, el elenco artístico transita por los momentos trascendentales de sus vidas y las de otras muchas que se alzaron contra su destino y las cadenas de su tiempo. Un espectáculo que va examinando a través de los siglos, las diversas etapas del mundo y la naturaleza indómita, intensa y profunda de la mujer, poniendo en valor a todas aquellas que lucharon por defender sus deseos de realización.

La Mañana 31.12.2020

La función, no deja de lado nada y nada omite; ni siquiera la brutalidad ejercida sobre las mujeres por parte de los hombres. Así se comprende la aparición de la manada de lobos, con grandes abrigos de pelo, alrededor de “Juana”. Son unos hombres que intimidan y reprimen; pero, a la vez, también nos muestra que hay a otros hombres que acompañan y que han estado y están al lado de las mujeres.

Aitana Sánchez-Gijón interpreta magistralmente todo ese universo femenino fusionando la danza y el teatro y se convierte, a través del personaje, en la mujer que contiene a todas esas “Juanas”. Unas mujeres que han legado y transmitido a nuestra civilización los recuerdos de sus historias. Unas imágenes de empoderamiento femenino que habitan como referentes en la memoria colectiva.

Del resto de los sobresalientes intérpretes de la compañía de danza “Losdedae”, es necesario destacar, por su dificultad, si son actores que bailan, bailarines que actúan o, muy probablemente, son ambas disciplinas mezcladas. En todo caso, se sitúan en un lenguaje fronterizo entre la danza y el teatro que conviven en una magnífica coreografía.

Asimismo, sobre el texto, es digno de mención el hecho de la vertebración de las palabras que van acompañando las danzas, siempre al servicio del cuerpo de baile. E igualmente cabe destacar la dirección artística que proporciona una excelente y perfecta visión escénica y estética.

Los espectadores aplaudimos largamente la obra al finalizar su representación. Y es que la potencia interpretativa de Aitana Sánchez-Gijón y de la compañía de danza Losdedae, nos tocó la carne y nos despertó el alma. Lástima que fuésemos tan escaso público a verla.

 

 

sábado, 12 de diciembre de 2020

El sesgo de Donald Trump acaba derrotado.

El diccionario de la Real Academia Española define sesgo como la oblicuidad o torcimiento de una cosa hacia un lado. El concepto también se utiliza en sentido simbólico para mencionar una tendencia o inclinación.

En este marco, el sesgo de cada persona está implicado en la toma de decisiones que realizamos diariamente; sobre todo de aquellas que adoptamos y escogemos en base a determinadas reflexiones, certidumbres, impresiones o percepciones de las que no somos verdaderamente conscientes, y que divergen y se diferencian de lo previsible. De hecho, todos nosotros, cuando decidimos realizar o no una determinada iniciativa, no la tomamos simplemente por el mensaje y testimonio que recibimos a través de nuestros sentidos; sino, que desplegamos específicos y concretos sesgos cognitivos que nos promueven a elegir lo que consideramos más conveniente. Es decir, esos estímulos “no conscientes” son, verdaderamente, los que más influyen en la forma de percibir las cosas y de elegir deliberadas soluciones tanto en el medio profesional, como en el escenario de la propia vida. O sea, de alguna manera, dichos sesgos, son trampas de nuestro propio cerebro que, generalmente, actúan en situaciones de incertidumbre. Quizá por eso, los individuos que están acostumbrados a mentir y que utilizan la falsedad a modo de engaño y como fraude habitual, es muy difícil que anímica y psicológicamente se les pueda recuperar, ya que nuestro cerebro es un órgano fundamentalmente cultural que funciona a base de las experiencias y situaciones vividas.

La Mañana, 12.12.2020

En este contexto, algunos de estos sesgos cognitivos imprevisibles son los que ha estado utilizando sistemáticamente Donald Trump durante estos cuatro pasados años de Presidencia, para conseguir sus fines. Y los continúa utilizando en estos días en los que está violentando los límites legales e ilegales para continuar en la Casa Blanca. Pero esta actitud a sus seguidores no les importa, y, de hecho, ni siquiera aprecian su habitual mala educación, ni la insolvencia y pobreza de sus mensajes, ni la demostración o testimonio de su imposibilidad e incompetencia para hablar de cualquier otra cosa que no sea de él mismo. Y es que a los ojos de sus partidarios todo cuanto hace o dice Donald Trump tiene la debida justificación.

A este respecto, me parece importante realzar que tanto el Presidente americano, como sus asesores, han sido y siguen siendo conscientes de que, hoy en día, las noticias con contenido falso o las medias verdades acaparan mayor interés que las verídicas. Sobre todo en las redes sociales en las que se propagan y retuitean o reenvían de manera alarmante sin que casi nadie se moleste en contrastar su veracidad. No había precedente de ello y, quizá por eso, el hecho se ha ido conformando en una contumaz realidad desde el mismo momento en el que Trump alcanzó la presidencia de la Casa Blanca y así ha continuado siendo durante estos pasados cuatro años. De facto, es una norma que se ha establecido en contra de lo que dicta el más simple sentido común, ese del que dicen que debiera ser el más común de los sentidos. La causa de semejante anomalía, tal vez resida en que las personas tendemos a aferrarnos a nuestras opiniones, aún sabiendo que, en muchas ocasiones, no son ciertas. Y de esta forma, la mentira o la media verdad compiten con ventaja frente a las versiones auténticas; porque, frecuentemente, reafirman aquello en lo que creemos o deseamos creer. Incluso allí donde se descubre con certeza que la información o el relato es contrario a la verdad, las personas, comúnmente, optamos de manera obstinada por afianzarnos en nuestras ideas, sensaciones y quimeras. Y es que la creencia es insistente y pertinaz. Debe formar parte de nuestro cerebro reptiliano, que es el responsable del mantenimiento de las funciones necesarias para la supervivencia inmediata y nos preserva de aquello que más tememos: nuestros propios miedos. Y Trump lo ha sabido explotar.

Ciertamente, en estos últimos años, la posverdad y las fake news, han crecido en los medios de comunicación de forma inquietante. Un hecho que parece y es contrario al razonamiento; pero que la gente opta por admitirlos en lugar de la evidencia al desnudo. No obstante, quizás en algún momento, tarde o temprano, la verdad emergerá del hoyo para castigar a los farsantes; aunque, como nos dejó dicho el filósofo griego Demócrito de Abdera, “De verdad no sabemos nada, porque la verdad está en un pozo”.