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miércoles, 29 de mayo de 2024

Enigmas de nuestra memoria

 

Qué misteriosa y sorprendente es la memoria humana. Cómo si del más eficaz escribano se tratase, toma nota, registra, clasifica y guarda diligentemente nuestras experiencias, emociones, sentimientos, conocimientos y habilidades. Y no solamente lo guarda, sino que además lo mantiene sin fecha de caducidad, ya que el tiempo del calendario que nosotros utilizamos, significa muy poco para ella. Y es que la memoria, como dijo Endel Tulving, el neurocientífico cognitivo estonio-canadiense y profesor de la universidad de Toronto, es un truco que ha inventado la evolución para que sus criaturas podamos comprimir el tiempo físico. Y de esta forma, convertir un montón de historias que forman nuestra biografía e identidad en un archivo único, íntimo y personal. No obstante, a pesar de poseer tantas habilidades, la memoria resulta para muchas personas una gran desconocida y quizás por ese desconocimiento generalizado, se la minusvalora y relega a un segundo plano en su importancia dentro del complejísimo y casi desconocido órgano que es el cerebro humano. Y tal vez sucede así, porque el fenómeno de la memoria se resiste, como el más impenetrable arcano, a revelar todos sus secretos a la investigación científica, tanto si se aborda desde un plano neurobiológico, como si se hace desde el cognitivo o mental. Y si bien se conoce hoy en día que la memoria humana es una función cerebral que permite al organismo codificar, almacenar y recuperar información del pasado, lo cual quiere decir que es una capacidad fundamental para el aprendizaje, la resolución de problemas y la toma de decisiones; se ignora dónde se ubica exactamente. En este último sentido, los neurobiólogos actuales, están de acuerdo en que el lugar en el que se encuentra la memoria no se circunscribe a una zona concreta del cerebro, sino que, según parece, está distribuida por todo el órgano cerebral y conectada a través de redes neuronales. De hecho, investigaciones de estos últimos años han permitido conocer y entender que la corteza prefrontal está involucrada en la memoria a corto plazo; esto es en la memoria de trabajo y el control ejecutivo que ayuda a mantener y manipular la información relevante para las tareas cognitivas, como tomar decisiones inmediatas o estructurar un discurso. Asimismo, esta región del cerebro, junto con el hipocampo, es también la que almacena la memoria autobiográfica que nos permite recordar, a partir, aproximadamente, de los tres años, los eventos de nuestra vida y la formación del “yo”. Igualmente, el hipocampo, que se encuentra en la parte interior del lóbulo temporal, está implicado en la memoria a largo plazo, especialmente en la llamada memoria explícita que contribuye a consolidar y recuperar los recuerdos de hechos y eventos y a formar mapas mentales del espacio, como, por ejemplo, recordar la hora de una cita o un suceso ocurrido hace años. De igual modo, a amígdala, que se localiza cerca del hipocampo, está comprometida en la memoria emocional que favorece codificar y recordar los aspectos afectivos de los recuerdos, especialmente los que están relacionados con el miedo y el estrés. Y de la misma manera, el cerebelo, que se halla en la parte posterior del cerebro, está enredado en la memoria procedimental que es la que ayuda a aprender y automatizar las habilidades motoras, sensoriales y cognitivas, como, por ejemplo, montar en bicicleta o tocar un instrumento musical. Y es que la memoria es una función tan compleja del cerebro que implica varias regiones y procesos, y es por ello, como indico anteriormente, que no hay un único lugar donde se almacenen todos los recuerdos, sino que depende del tipo y la duración de la memoria.

 

La Mañana 29.05.2024

Por otro lado, en contra de lo que tendemos a pensar, los recuerdos que nos aporta la memoria no son representaciones mentales permanentes, sino construcciones mentales transitorias; es decir que cada vez que evocamos un recuerdo, nuestra memoria lo guarda y, por consiguiente, si un determinado recuerdo lo contamos siete veces, la memoria archiva las siete versiones que hemos contado. Y, además, lo que guarda no son versiones literales de los recuerdos, sino más bien exposiciones esquematizadas. Y parece ser que esto lo hace así porque la memoria humana no está diseñada para registrar copias análogas de la realidad, entre otras razones, porque la realidad no existe hasta que una mente la interpreta. En otras palabras, esto quiere decir que no registramos nuestras experiencias como lo hace una cámara, sino que reconstruimos los recueros añadiéndoles emociones o conocimiento agregados posteriormente.

 

En consecuencia, somos nuestra memoria, ese imaginario museo de formas vacilantes, esa infinidad de espejos rotos que tienden a recomponerse aunque sea a costa de no recomponer la realidad. Un ovillo de palabras e imágenes cuya fragilidad comprobamos al intentar recordar un hecho concreto. Es en esos momentos en los que recurrimos a ella, cuando nos damos cuenta lo vulnerable que es y cómo puede distorsionar erróneamente aquello que recordamos, llegando incluso a elaborar falsas presencias e imaginarias nostalgias y evidencias. Y es que, ya nos lo advirtió Einstein: “Lo que te quepa en el bolsillo, no lo guardes en el cerebro”.

martes, 14 de mayo de 2024

Más allá de las estrellas

 

Hay muchas cosas que sabemos que no sabemos de la muerte.

La Mañana 24.05.2024
La muerte es esa sombra silenciosa que, inseparablemente, camina a nuestro lado. La amante misteriosa que nos acecha con infinita paciencia y espera sin decirnos dónde ni cuándo se presenta. Un accidente que se anuncia en el sigilo de una noche cualquiera, cuando la luna argenta el paisaje, o en un luminoso día, danzando su macabra melodía y, con un susurro tenue que eriza nuestra piel, nos hiela el último aliento. Es el recordatorio de nuestra efímera existencia. Un murmullo en el oído que nos señala y avisa del perecedero y fugitivo tiempo de la vida, advirtiéndonos de que cada momento es precioso y, por ello, nos enseña y anima a vivir con valentía, a amar con pasión y a dejar una huella imborrable en las páginas del tiempo que vivimos. La muerte no nos roba los seres amados. Al contrario, nos los guarda y nos los inmortaliza en el recuerdo. La vida sí que a veces nos los roba y, en ocasiones, definitivamente. No hay llanto que detenga su paso, ni súplica que doble su voluntad. La muerte emplaza a todos, a cada uno de los hombres y mujeres, sin dejar entre renglones a uno solo. Es la gran igualadora, la que abraza a reyes y mendigos, a jóvenes y ancianos. Ante ella, todos somos iguales, frágiles hojas mecidas por el viento del destino.

 

Segre 18.05.2024
Sin embargo, esa parca inevitable, no debería ser un enemigo a temer, sino un misterio a descifrar. Tal vez, sea únicamente la fórmula que ha buscado la naturaleza para satisfacer a todo el mundo y facilitar una transformación, un viaje a un plano ignoto donde el tiempo se diluye y el alma, espíritu, esencia o energía se libera de las ataduras terrenales y traspasa la puerta en dirección a un umbral desconocido que abre un nuevo capítulo hacia la eterna existencia. Quizás no es un final, sino una transición, un cambio de vestimenta para esa esencia que acompaña a nuestro cuerpo. No es por tanto una derrota, sino una liberación. Acaso sea el último acto de amor del universo, desatándonos de la materia que nos acompañó en vida para permitirnos volar libres en el cosmos infinito. Es el eco de una canción que ha terminado, pero cuya melodía perdura en el viento, como el último suspiro de una tarde que se desvanece en la oscuridad, dando paso a la luz en su camino hacía las estrellas.

 

Y es que la muerte es parte de la realidad de la vida, aunque no lo queramos ver. Por eso, creo que es importante desarrollar la capacidad de hablar de ella, ya que esa realidad es lo que queda de uno al desaparecer el brillo exterior que nos adorna. De hecho, juzgo que no hay aventura mayor ni más admirable que aprender a ser mortal; dado que, en el momento de morir, nada es importante. En ese supremo acto final de nuestra vida no está presente el trabajo, no está nuestro título académico, ni los méritos, ni los posibles honores, ni la cuna, ni fortunas, y tampoco los amores, ni pasiones, ni principios. Ni siquiera están las frustraciones, ni las inseguridades y vergüenzas. En ese instante final, solo estaremos, cada uno de nosotros, con la conciencia del fin que todavía nos ata al mundo antes de emprender el camino sin retorno con un incierto destino más allá de las estrellas o, tal vez, en dirección hacia la nada. Tal vez por ello, es aconsejable vivir de tal manera, con tal ejemplaridad y con tal dignidad, que nuestra muerte sea escandalosamente injusta. Y es que, como nos dijo Montaigne “Si alguien enseñara a los hombres a morir, les enseñaría a vivir”.

 

En todo caso, cuando llegamos a concienciarnos de la inexorable realidad de la muerte, termina uno aceptando su propia soledad. Por todo ello, no temamos a la muerte. Ya que nosotros partimos, pero la vida permanece. Aceptémosla, pues, como parte de nuestra extraordinaria travesía. Porque al final, todos somos estrellas fugaces en el vasto cielo de la existencia, destinados a brillar intensamente antes de desvanecernos en la eternidad.

 

domingo, 28 de abril de 2024

La ética política en juego, el poder a toda costa.

 

Segre 28.04.2024
La ética se define en la RAE como el conjunto de normas morales que rigen la conducta de la persona en cualquier ámbito de la vida. En este sentido, la frustración del PP y Vox, al no conseguir formar gobierno tras las elecciones del pasado julio, ha generado la tendencia a aprovechar todas las ocasiones posibles para perjudicar al PSOE y la Coalición Progresista del Gobierno central, rayana en un visceral odio hacia dichas formaciones políticas. Y es que la cólera que domina por este hecho al PP y a Vox, no les permite ni les interesa, ver y saber todo lo que de positivo ha realizado y realiza en este espacio de tiempo la acción del Gobierno para mejorar la vida del conjunto de los ciudadanos.

La razón de esta actitud de la Derecha y de la Extrema Derecha política, judicial y mediática, de nuestro Estado, es debida a que cuando no gobierna, se bate más por sus intereses partidistas para alcanzar el poder a toda costa que por los derechos democráticos. Ha ocurrido siempre y cada vez lo expresan más claramente a nivel mundial en otros países; lo hizo Trump en los EEUU y lo han hecho recientemente en Portugal. Y, para ello, su estrategia y acción política como oposición la emplean en cubrirle el rostro a la mentira para que parezca verdad, disimulando el engaño y disfrazando la realidad como sea, a costa de lo que sea y de quien sea.

La Mañana 9.05.2024

Creo que en estos momentos decisivos el Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha entendido lo que le ocurrió a Pablo Iglesias, Irene Montero, Mónica Oltra y Zapatero, entre otros. Tal vez entonces, el PSOE debió denunciar a la mafia mediática y judicial que en perfecta armonía, utilizan el PP y Vox para conseguir sus fines, convirtiendo la actividad política en un lodazal en el que embarrar a Pedro Sánchez y su familia.

 

lunes, 22 de abril de 2024

23 de Abril, Sant Jordi: Espejos de vidas y sueños

 

Hoy, 23 de abril, en Cataluña, celebramos dos importantes acontecimientos. Por un lado, festejamos la festividad de Sant Jordi, el noble que, según la leyenda, salvó a su princesa Cledolinda en Mont Blanc o Rocallaura, dependiendo de a quién se le pregunte, matando al dragón y cuyas gotas de sangre, al caer en la tierra, se convirtieron en un rosal que florecía con profusión y del que, el caballero, tomó la flor más hermosa y se la obsequió a su amada. Por otro lado, junto al festivo Sant Jordi, conmemoramos también el Día del Libro. Una celebración que rinde homenaje al aniversario de las muertes de tres emblemáticos escritores como fueron Miguel de Cervantes, William Shakespeare y el Inca Garcilaso de la Vega, hecho que ocurrió un 23 de abril de 1616. Así pues, en este día tan especial, oficiamos y honramos tanto el valor y el amor simbolizados por Sant Jordi, como el inmenso legado literario de estos tres grandes y geniales autores.

 

En este último contexto, viviendo una época en la que la economía y tecnología digital dominan toda actividad y comportamiento en nuestro proceder, cabría preguntarse si entran los libros en la secuencia de exigencias y aspiraciones de la sociedad actual. ¿Son realmente útiles en nuestras vidas? Sabemos que ocupan mucho espacio en el salón de casa. Miremos nuestras estanterías, seguro que a más de uno le gustaría colocar allí una televisión QLED de gran pulgada, un equipo de música, un cuadro de algún pintor más o menos relevante, algunos recuerdos de viajes realizados o cualquier otra cosa; pero resulta que no puede ser porque están llenas de libros. Y además, los libros nos exigen mucho tiempo si los leemos, por lo que nos ocupan buena parte del ocio del que disponemos y, tal vez, le apetecería a usted pasarse el día hablando o jugando a la botifarra o viendo alguna serie de moda en la televisión o medio adormilado; pero no puede permitírselo porque necesita leer un libro que tiene pendiente o ya comenzado. En consecuencia, ¿son los lectores acaso un punto de apoyo del que se sirven los libros para seguir existiendo? ¿De verdad merecen la pena los libros? Mi respuesta es clara, categórica e incuestionable: por supuesto que sí; pues como nos dejó dicho el escritor romano Plinio el Joven, “No hay libro tan malo que no sirva para algo”. Quizás por ello, la tradición libresca está viva desde hace tres mil años. Se trata de un lapso breve de tiempo si se compara con la historia de la raza humana, pero es muchísimo si lo equiparamos con la vida de un individuo. De una manera u otra los libros se las han arreglado siempre para sobrevivir. Y es que, a pesar de estas consideraciones, no podemos olvidar el valor intrínseco de la literatura y su impacto en nuestra formación personal y cultural. Poder leer a los clásicos, adentrarnos en el mágico mundo de las expresiones cervantinas que reflejan un conocimiento asentado, en considerables ocasiones, en la sabiduría popular, es un viaje enriquecedor hacia el corazón de nuestra cultura y tradiciones, una experiencia que nos permite apreciar la belleza de la literatura y la profundidad del pensamiento humano. Es, en definitiva, una forma de conectar con nuestras raíces y entender mejor el mundo en el que vivimos. Y es que Cervantes era un genio que se formó y cultivó en los libros y también a base de las dificultades y obstáculos de una vida desventurada que le llevó de aquí para allá a lo largo de su vida: “El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho”, nos dejó dicho. En verdad no hay mejor forma de aprender y de saber que recorriendo el camino de la vida en compañía de Don Miguel, de Galdós, Machado, Maragall, Rodoreda, Dostoyevski, Proust, Gª Márquez y otros tantos faros de la cultura española, catalana y universal, pues viajar y leer son actividades y condiciones necesarias para conocer. Por ello, acercarnos a los libros, sumergirnos en ellos, es participar de una cultura literaria que nos ofrece emocionantes viajes a través del tiempo y el espacio de todas las épocas. Es también, poder comunicarnos y estremecernos mediante el trato con personas y personajes, toda una diversa y colorida fauna humana con sus propias ideas y emociones. Así como, percibir las alegrías y tristezas, el dolor y el placer, la decepción y la esperanza, pues los libros son unos magos que actúan como espejos de vidas y sueños; aunque a menudo la vida real inventa más que las obras de ficción que leemos. Y es que un libro cobra vida a través del diálogo que provoca, las memorias que rememora y los sentimientos que desencadena. Por eso, todos deberíamos leer, pues los libros son un gigantesco espejo que nos permite entendernos. Es otra manera de entrar en la realidad, ya que los libros y las librerías nos facultan aislarnos del mundo y, a la vez, comprenderla viviendo otras vidas.

 

Así pues, hoy, 23 de abril, regala rosas y libros, tiempo, regala sueños. Ya que después de leer tranquilamente un libro la vida se ve de otra manera, se aprende y se impone más el sentido común. Denle, amigos lectores, una oportunidad al libro, tiene algo muy original: te hace escuchar, no le puedes replicar y es muy relajante saber que no espera tu respuesta.

 

viernes, 22 de marzo de 2024

Gaza se muere, con un silencio cómplice.

 

Siento la mayor vergüenza posible como persona de la situación en Gaza. Los habitantes que residen en esa Franja de Palestina: niños, mujeres, ancianos y adultos, todos, se mueren de hambre y de sed y los EE UU nos hablan de que tienen prevista la construcción de un puerto en la costa para dentro de dos meses con la finalidad de que la ayuda humanitaria llegue por mar a dicho territorio. ¡Qué poca vergüenza! Creo que para entonces ya no hará falta y Netanyahu y su Gobierno habrán conseguido su objetivo, matar y/o expulsar a todos los gazatíes posibles y ocupar su territorio. Israel está provocando un genocidio palestino con el beneplácito de la comunidad internacional. No es guerra entre dos ejércitos. Es un asesinato impune de miles de civiles. Por ello, considero que somos también en esto, la UE y todos los ciudadanos que en ella residimos, igual de culpables que aquellos otros europeos que en el siglo pasado consintieron el holocausto, aunque no lo cometieran. Y todo ello, todo nuestro cómplice silencio, para que un Gobierno de un país concreto, “con nombre y apellidos”, se le siga permitiendo matar de hambre y sed a decenas de miles de personas. Esto debe ser, fundamentalmente para U.S.A, algo normal y natural y, por eso, sigue apoyando indiscriminadamente a Israel. Tal vez, la razón de esta actitud estribe en que, como dejó demostrado la investigadora estadounidense de la Universidad de Pensilvania, Amy Kaplan, gran parte de la simpatía de los ciudadanos de los EE. UU. hacia Israel se manifiesta por la equivalencia entre la conquista del Lejano Oeste y la colonización judía, entre el colono sionista armado y el “valiente vaquero americano”. Y es que el secreto de esta analogía lo desvela el académico israelí Benjamin Beit-Hallahmi en su libro “The Israeli Connection: Whom Israel Arms and Why” publicado en 1987, cuando nos dice: “Se puede odiar a los judíos y amar a los israelíes; puesto que, hasta cierto punto, los israelíes no son judíos. Los israelíes son colonos y combatientes, duros y resistentes.”. En este contexto cabe preguntarse: ¿es posible aparecer ante la mayoría de norteamericanos como defensor de Israel y, a la vez, contra el Genocidio o su riesgo? ¿Se pueden modificar las estrategias más amplias de seguridad regional que unen a Israel y los EE.UU o son inamovibles? Sea como fuere, ni lo comparto, ni lo comprendo. Y luego quieren que les consideremos y valoremos como paladines en la defensa mundial de los Derechos Humanos. ¡Qué macabra ironía!

 

Israel es un Estado que viene cometiendo supuestos crímenes de guerra desde hace 52 años, tiempo en que comenzó la ocupación de territorios palestinos, que desafía las Resoluciones de la ONU y que no respeta la Convención de los Derechos Humanos. ¿Para cuándo Occidente aplicará sanciones político económicas a este país? ¿Cuándo intervendrá con la finalidad de que los colonos judíos ultraortodoxos no se apropien y ocupen tierras palestinas en Cisjordania? ¿Qué es esa actual broma de los EEUU de arrojar paquetes de comida desde aviones a la hambrienta población de la Franja de Gaza, al mismo tiempo que arman y respaldan al régimen sionista en su genocidio y permiten que Israel retenga la ayuda humanitaria de la ONU? ¿De qué sirve que la UE haga llegar el barco de la ONG española Open Arms, cargado con 200 toneladas de comida, tras un ingente esfuerzo técnico-diplomático y la cooperación de la organización internacional World Central Kitchen creada por el cocinero español José Andrés, si la población gazatí se está muriendo de hambre y sed por culpa de que Israel utiliza la hambruna como arma de guerra? ¿Acaso con el lanzamiento de comida desde el aire y la apertura de ese corredor marítimo establecido desde la localidad chipriota de Larnaca, no se demuestra objetivamente que Israel está incumpliendo la orden de La Corte Internacional de Justicia que le exigía y exige tomar medidas inmediatas y efectivas para permitir la prestación de los servicios básicos y la asistencia humanitaria de abastecer a los gazatíes? ¿Puede alguien explicárnoslo?

 

Dice el sabio refranero español que, “de aquellos polvos vienen estos lodos”. Y dice bien en este caso, pues no todo empezó el pasado mes de octubre. No nos dejemos engañar, ya que bastante antes del execrable acto terrorista de Hamás, en un no muy lejano sondeo del Centro de Estudios Estratégicos de la Universidad de Tel Aviv, se aseguraba que el 46% de los israelíes estaban a favor de la deportación de más de tres millones de palestinos de los territorios de Cisjordania y Gaza a los países árabes cercanos. Asimismo, el estudio señalaba que el 31% apoyaba el destierro de la comunidad árabe de Israel; es decir, el 20% de la población israelí, con cerca de un millón de personas. Y el 60% de los encuestados creía que los 11 diputados árabes, sobre un total de 120, “constituyen un peligro” para el Estado judío. Este estudio, con esos porcentajes sobre los encuestados, creo que refleja y clarifica mucho el porqué de esta ignominiosa confrontación.

 

Es intolerable lo que está haciendo Israel. Es injustificable la actitud de los EE UU y, en menor medida, la de la UE. Y es vergonzosa la pasividad del resto del mundo. Somos, todos, copartícipes de la muerte de Gaza. El mundo entero lo tolera, empezando por los países árabes. La ignominia nos salpica a todos. Y todo lo que no sea una manifestación ingente, multitudinaria, de millones y millones de personas, no servirá para evitar que Gaza muera.