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viernes, 16 de enero de 2026

Irán: entre la represión y la lucha por la libertad ( I )

 

Durante los últimos días, comunicarse con Irán se ha convertido en una misión casi imposible. El régimen ha impuesto un apagón casi total de internet y de las comunicaciones, intentando sofocar la visibilidad de unas protestas masivas que han devuelto al país al centro de la atención internacional. Pero el silencio impuesto no es una señal de calma, sino de miedo; es la evidencia de que el sistema gobernante siente que su legitimidad se tambalea. Y es que la situación en Irán ha ido mucho más allá de simples movilizaciones sociales. Las manifestaciones, iniciadas hace más de dos semanas, han adquirido un carácter insurreccional. La juventud, cansada de décadas de autoritarismo, sale cada noche a la calle. Ya no se trata solo de protestas contra la carestía de la vida o el desempleo: es un movimiento que busca cuestionar el mismo corazón de un sistema que ha mantenido a la población bajo un control férreo durante 46 años. Y, de momento, la combinación de represión, censura y violencia no ha logrado acallar a la sociedad; solo ha incrementado la determinación de quienes exigen un cambio profundo.

 

La Mañana 18.01.2026

La revuelta actual tiene unas raíces que se remontan a episodios anteriores, como la muerte de Mahsa Amini en 2022, cuya detención por llevar mal puesto el velo desencadenó protestas a nivel nacional. Entonces, y ahora, las mujeres han sido protagonistas, encabezando un movimiento que ha desafiado durante décadas los límites impuestos por un régimen que no ha dudado en usar la fuerza para mantener su autoridad. La represión sistemática ha generado miedo, sí, pero también una conciencia política aguda y muchos jóvenes se dan cuenta de que la vida bajo la República Islámica ha sido peor de lo que imaginaban y que las promesas de justicia social y soberanía han quedado frustradas.

 

Más allá de las calles, la estructura del poder iraní muestra la fragilidad y el control absoluto de la teocracia. El presidente es solo una figura decorativa; el verdadero poder reside en el Líder Supremo y en los Guardianes de la Revolución, que manejan la economía, los aparatos represivos y las instituciones clave del país. Esta concentración del poder convierte cualquier intento de reforma en un gesto simbólico, incapaz de transformar la realidad social y política. La ciudadanía no tiene herramientas efectivas para decidir su destino, y las fuerzas progresistas han sido prácticamente eliminadas. Y, además, el contexto económico agrava la situación. La vida cotidiana de los iraníes depende en gran medida de factores externos, como la fluctuación del valor del dólar en los mercados internacionales, y las sanciones y bloqueos internacionales han contribuido a un empobrecimiento generalizado. La desigualdad, el desempleo y la inflación se combinan con la represión política para alimentar un caldo de cultivo explosivo, en el que la frustración social se transforma en desafío abierto al poder establecido. Y, por si no fuera suficiente, Irán es también un tablero estratégico internacional. La posición geográfica del país, sus recursos energéticos y su relación con potencias como China y Rusia lo convierten en un objetivo de presión constante por parte de los EE.UU e Israel, su gendarme en Oriente Medio. Unos actores externos, cuya intervención, en apariencia, busca la estabilidad regional, pero que rara vez beneficia a la población iraní. Y es que, la historia demuestra que las potencias internacionales tienden a priorizar sus intereses estratégicos y económicos, sin atender las demandas de libertad y justicia del pueblo. La percepción de que cualquier cambio impuesto desde fuera no resolverá los problemas de fondo y se convierte, por tanto, en una preocupación legítima.

 

La fragilidad del régimen actual se evidencia en su necesidad de silenciar al país. Cortar las comunicaciones, controlar la información y manipular la narrativa son intentos de mantener la apariencia de control, pero al mismo tiempo reflejan una inseguridad profunda. La represión violenta de manifestantes y la censura no solo buscan frenar la disidencia, sino también enviar un mensaje al mundo: el poder del Estado está intacto. Sin embargo, esta estrategia muestra que el régimen teme perder su hegemonía frente a un pueblo que no está dispuesto a conformarse con meras reformas superficiales y que la represión, por intensa que sea, no ha logrado apagar la voz de quienes se niegan a aceptar el silencio.

 

(Continuará)

 

 

21 comentarios:

  1. Un artículo muy necesario. Se agradece un análisis que vaya más allá del titular rápido y ponga el foco en las raíces estructurales del régimen iraní. Especialmente acertado el énfasis en el papel de la juventud y de las mujeres. Espero con interés la segunda parte.

    Javier Morales

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  2. Gracias por devolver complejidad a un tema que en muchos medios se trata de forma simplista o interesada. La conexión entre represión política y crisis económica está muy bien explicada. Da la sensación de que Irán está viviendo algo que ya no tiene marcha atrás.

    Ana Beltrán

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  3. Muy buen texto, claro y contundente. Me parece especialmente lúcida la reflexión sobre el papel de las potencias internacionales y cómo sus “preocupaciones” rara vez coinciden con las del pueblo iraní. Ojalá más análisis así en la prensa.

    Luis Fernando Ortega

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  4. Impresiona leer cómo el apagón informativo no es signo de estabilidad, sino todo lo contrario. El artículo transmite muy bien esa idea de un régimen que se mantiene por la fuerza, no por consenso. Enhorabuena por el enfoque.

    Marta Solís

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  5. Un retrato duro pero honesto de la realidad iraní. Me parece clave la idea de que las reformas dentro del sistema son meramente simbólicas. Sin cambios profundos, la frustración social solo puede ir a más.

    Carlos Mena

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  6. Texto valiente y bien escrito. Se agradece que no se caiga ni en la idealización ingenua de las protestas ni en el cinismo político. La mención a Mahsa Amini sigue siendo dolorosamente actual.

    Pilar Gómez

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  7. Muy interesante la descripción del poder real en Irán y del papel de los Guardianes de la Revolución. Ayuda a entender por qué cualquier intento de cambio institucional está condenado al fracaso. Espero la continuación.

    Raúl Quintana


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  8. Leer esto da una mezcla de tristeza y admiración por el pueblo iraní. Tristeza por la represión, admiración por la resistencia. Gracias por poner palabras a algo que muchos sentimos pero no sabemos explicar tan bien.

    Elena Vázquez

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  9. Un análisis sólido y sin concesiones. Coincido especialmente en la crítica a la hipocresía internacional: mucha retórica sobre derechos humanos, pero pocas acciones que realmente beneficien a la población.

    Miguel Ángel Torres

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  10. Me ha parecido un texto muy potente, tanto en el fondo como en la forma. Se lee casi como una crónica, pero con profundidad política. El “Continuará” deja con ganas de más.

    Laura Peña

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  11. ¡Qué artículo más potente! Ha logrado sintetizar muy bien esa mezcla explosiva de hartazgo social, control teocrático y el papel —muchas veces contraproducente— de los actores externos.

    Irene Gómez

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  12. Excelente análisis. Me quedo con la frase de que el silencio no es calma, sino miedo del régimen. Es impactante cómo, en pleno siglo XXI, el apagón digital sigue siendo la primera arma de una dictadura para intentar que el mundo no vea lo que es evidente.

    Carlota Méndez

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  13. Muy necesaria la distinción que haces entre el presidente y el Líder Supremo. A veces desde Occidente pensamos que unas elecciones allí pueden cambiar algo, sin entender que la estructura de los Guardianes de la Revolución lo controla absolutamente todo, especialmente la economía.

    Un cordial saludo
    Sergio Villalobos

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  14. Me gusta que ponga el foco en el tablero internacional. A menudo se romantiza la intervención extranjera, pero como bien dice, los intereses de EE.UU. o Rusia pocas veces coinciden con el deseo de libertad real de los iraníes. Gran lectura.

    Jordi Casals

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  15. Es frustrante ver cómo la inflación y el aislamiento económico terminan castigando siempre al pueblo y no a las élites que toman las decisiones. El caldo de cultivo es, como dice, explosivo. Gracias por la claridad.

    Ricardo Gutiérrez

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  16. Espero con ganas la segunda parte. Me interesa mucho saber si cree que esta vez el movimiento tiene una estructura lo suficientemente sólida como para aguantar la represión a largo plazo o si acabará como en episodios anteriores.

    Ignacio Torres

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  17. Lo de las mujeres en Irán es de una valentía que nos debería hacer reflexionar a todos. Liderar una insurrección contra una teocracia que te anula como persona es el acto político más puro que existe hoy en día. Gracias por visibilizarlo.

    Elena Santamaría

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  18. Se me pone la piel de gallina al leer sobre la juventud saliendo cada noche a pesar de la violencia. Han perdido el miedo porque el régimen ya les ha quitado el futuro. Un artículo impecable y muy humano.

    Beatriz Navarro

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  19. Muy buen artículo. Es fundamental entender que esto no es solo por el velo, sino por 46 años de asfixia sistemática. El velo fue la chispa, pero el combustible es la falta total de libertad.

    Lucía Pardo

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  20. A veces los medios generalistas pasan de puntillas por la complejidad económica de Irán y usted lo has explicado de forma muy sencilla. La dependencia del dólar y las sanciones son una pinza que ahoga a la clase media.

    Marcos de la Fuente

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  21. Directo y al grano. Me parece muy acertada la observación sobre la "fragilidad" del régimen. Un sistema fuerte no necesita cortar el internet a toda su población; solo lo hace quien sabe que la verdad le tumba el chiringuito.
    Andreu Velázques

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Gracias por tus comentarios.