Hay países que se miden por sus monumentos y otros por sus puertas. Una puerta cerrada con una anciana de 87 años en la acera, después de setenta años viviendo detrás de ella, dice más de un Estado que cualquier discurso solemne. Esa imagen, la de Maricarmen, ha sido la chispa. El combustible llevaba años almacenado en los cuartos oscuros de este país: alquileres que devoran sueldos, hipotecas imposibles y una juventud a la que se le ha enseñado a esperar sin decirle nunca qué. Y, mientras tanto, el Congreso de los Diputados ha vuelto a hacer lo que mejor sabe cuando la calle arde: contar votos en lugar de escuchar gritos. PP, Vox y Junts han decidido no apoyar los decretos de vivienda. La derecha ha hecho de la negativa una costumbre, y ya en abril, con 177 votos contra 166, hundió la prórroga de los alquileres. Dos meses de un alivio real para miles de familias quedaron convertidos en papel mojado.
Analicemos y empecemos hoy por el Partido Popular, que se ha especializado en señalar con el dedo a Moncloa. Es una coartada de cartón piedra. Las competencias en vivienda están transferidas a las comunidades autónomas desde hace décadas, y el PP gobierna la mayoría de ellas, en solitario o con el concurso de Vox. Son ellas las que deciden sobre suelo, vivienda protegida, parque público y política urbanística. Quien tiene las llaves de la casa no puede quejarse de que no se abra la puerta. Si el modelo del PP funcionara, sus territorios serían oasis de alquileres razonables, y lo que hay son los mismos precios imposibles y las mismas colas de jóvenes ante la ventanilla de una emancipación que no llega. Y es que, reclamar “oferta” mientras se bloquea cualquier medida que proteja al inquilino es predicar la lluvia y vender paraguas. Y tumbar un decreto que habría evitado desahucios como el de Maricarmen, para ofrecer después una supuesta ley alternativa pensada para desalojar con más rapidez, no es política de vivienda. Es política de cerradura.
Junts merece capítulo aparte, porque su posición es la más difícil de explicar a quien duerme en el cuarto de su infancia a los treinta y cinco años. Se presenta como partido de país, defensor de la gente de Cataluña, y sin embargo vota una y otra vez con PP y Vox, sus teóricos rivales de manual, para dejar sin efecto medidas que protegían a los suyos. Habla de seguridad jurídica y de pequeños propietarios, argumentos que merecen respeto, pero los usa como una llave inglesa para bloquear todo lo demás, incluidos los frenos a los grandes tenedores. No se puede decir “paremos a los fondos buitre” y, a la hora de la verdad, dejar que los buitres sigan sobrevolando. La política del chantaje calculado, la del “ya negociaremos mientras tanto”, tiene un precio, y lo pagan quienes no pueden esperar. Porque esos buitres existen y no son una metáfora. Son fondos que compran bloques enteros como quien compra fichas de casino, que ven en un edificio una rentabilidad y en una familia un estorbo. Su aritmética es limpia y su conciencia, también, porque nunca ven la cara del desahuciado. Han convertido la necesidad más elemental, un techo, en una mercancía financiera, y la han hecho cotizar. Mientras unos cuentan beneficios, otros cuentan los días que les quedan en su casa. Esa indiferencia ante el dolor ajeno tiene un nombre que no necesita adjetivos: inhumanidad. Hay quien llama a esto mercado. Yo lo llamo saqueo con corbata.
Dicho esto, sería deshonesto eximir al Gobierno progresista. Ha hecho cosas: la Ley de Vivienda de 2023, medidas de protección a inquilinos, planes estatales. Pero ocho años de gobierno invitan a preguntarse si ha sido suficiente, y la respuesta que lleva la calle escrita en las pancartas es que no. Faltan vivienda pública a gran escala, un parque de alquiler asequible que no sea una promesa de legislatura y la valentía de plantar cara a los intereses que sí han sabido organizarse. Tampoco ayuda gobernar a golpe de decreto sin haber tejido antes las mayorías, para después lamentar que no estén. La necesidad de pactar es un dato de la aritmética, no una excusa. Quien ha tenido el poder durante tanto tiempo debe aceptar que parte del hartazgo también le apunta a él.
Y entre tanto, ellos. Los que han plantado sus tiendas en la Puerta del Sol y se han concentrado frente al Congreso. Treinta minutos de silencio absoluto y, después, el estallido: “¡Vergüenza, vergüenza!”. Ni un cristal roto, ni un insulto gratuito. Jóvenes que podrían no haberse resignado y han optado por el civismo más exigente, el de quedarse en la plaza hasta que alguien escuche. No piden privilegios. Piden algo tan antiguo como la civilización: un lugar donde vivir sin renunciar a vivir. Frente a la ceguera de los despachos, han dado una lección de ciudadanía que muchos de sus representantes no sabrían impartir.
Los políticos que hoy han votado en contra pasarán, como pasan las legislaturas. La memoria de quienes no pudieron pagar un alquiler, de quienes vieron cómo se hundía el hogar de su abuela, de quienes se marcharon a otra ciudad o a otro país por no encontrar un hueco aquí, no pasará tan deprisa. Una sociedad que deja a su juventud a la intemperie no merece llamarse sociedad: es, a lo sumo, un edificio con muchas ventanas iluminadas y nadie dentro que pueda permitírselo. Tal vez, todavía haya tiempo de abrir la puerta. Pero la plaza no se vaciará con discursos.
Gracias por compartir y por escribir sobre un tema tan importante como el acceso a la vivienda; me ha gustado especialmente porque lo enfocas con objetividad. Si quieres te comparto mi perspectiva sobre el porqué de la situación, y cómo se deben enfocar las soluciones.
ResponderEliminarUn abrazo
Jaume Claur
Maravilloso artículo. Es una pena este problema de la vivienda.
ResponderEliminarAntonio Puig
Muy bien un artículo muy sensible y muy emotivo. Un artículo que responde a la sensibilidad de un ciudadano intelectual que lucha y reivindica por un mundo mucho mejor. Enhorabuena.
ResponderEliminarRamón Morell
El artículo está muy bien, pero lo politicos son todos unos mentirosos.
ResponderEliminarHelena Andreu
Grandísimo artículo. Palabra por palabra y frase a frase, todas son magistrales.
ResponderEliminarPepe Pascual
Excelente artículo. Como siempre das en el clavo, hoy con el problema de la vivienda y los desahucios que no para crecer cada día y sin solución a la vista. Jovenes con un civismo del que los mayores nos sentimos orgullosos, organizados, acampados en Sol y en tantas plazas de las ciudades de este país, maldurmiendo en tiendas de campaña, sufriendo aguaceros, y firmes en su legítima protesta. Ver a los políticos de la derecha riendo satisfechos del resultado de la votación, sin ningún pudor ni vergüenza, da asco.
ResponderEliminarJunts per Catalunya se ha equivocado, sus razones ,_que las tendrán _ no pueden pasar por encima y derribar lo que la sociedad necesita y reclama en estos momentos, ellos también han pecado de inhumanidad, los desahucios en Catalunya han provocado varios suicidios en estos últimos días. Hay que ponerse en la piel de quiénes sufren esta atrocidad. Lo van a pagar !
Tu artículo precioso y preciso.
Muchas gracias.
Buenos días.
Pili Obre
Qué gusto leer análisis tan certeros, ahora nos toca a nosotros/as, desde la calle donde empiezan las revoluciones, cuando los gobiernos no nos representan el pueblo toma la palabra, espero que convoque elecciones para cambiar a toda esa casta que no han querido hacer lo necesario por el pueblo, teniendo el tiempo, el consejo de ministros y los gobiernos autonómicos, es la hora de los de abajo, espero que sepamos aprovecharla.
ResponderEliminarSantiago Méntrida
Gran artículo, muy bien explicado.
ResponderEliminarMagda Sellarés
Hola,
ResponderEliminarHe leído tú escrito y está claro que tienes razón cuando hablas de una obviedad, el tema de la vivienda las competencias son de las autonomías y de los ayuntamientos, pero si escuchas a la gente que sale en la tele, no sé porqué, nunca nos toca a ti o a mí, decía que cuando preguntan, siempre el responsable es el gobierno central, especialmente el “perrosánchez”, Tú y yo sabemos que eso no es verdad, pero también sabemos ,y, así lo describes en tú artículo, que el Gobierno es el que teóricamente pone el marco y así se hizo, pero no tuvieron los huevos de llevar la política del pp en todas sus autonomías ante los tribunales, por negarse a aplicar la citada Ley. Lo hemos hablado infinidad de veces, la Constitución está bastante bien escrita cuando se refiere a los Derechos, el problema es que nadie se ha atrevido a INTENTAR, el poder llevar a cabo, alguno de los Derechos tipificados, especialmente el Derecho a la vivienda.
Por otra parte, está claro que nuestro país es uno de los pocos en Europa que no tiene una Ley clara sobre la renovación automática y sobre los desahucios y sobre el tope, etc, querido amigo, hace 30 años que se tuvo que legislar sobre estas cosas y nadie lo hizo. Ahora mismo sería muy fácil, 6€ máximo de alquiler por metro, no a los pisos turísticos en inmuebles que no estén catalogados para ello y, nunca en los cascos viejos de las ciudades, 21% de IVA a todos los pisos turísticos y un IBI de 100€ metro a todos los pisos vacíos y que el propietario tenga mas de 3 inmuebles, más o menos, con estas mediadas, se acababa con un importante porcentaje de especulación .
Santiago Fernández
Me ha parecido muy interesante el articulo. Lo reenvió a mis amigos y contactos, por si les puede servir como orientación, a la hora de depositar su voto cuando convoque elecciones.
ResponderEliminarUn cordial saludo.
Miguel Soto.
Hola Juan Antonio.
ResponderEliminarChapó!!
Sin comentarios!.
Gran artículo detallando la crudísima realidad.
Gracias.
Un abrazo.
Magda Díez