No os voy a ocultar que
estoy harto de oír hablar continuamente del coronavirus. Desconozco si va a
pasar como con la gripe española de 1918 que, por cierto, según los expertos,
también tuvo su origen en China. Desconozco, si van a morir 3.000 ó 10.000.000
millones de personas y si entre los muertos estará el que suscribe. Lo que sí
creo es que, una vez más, han ganado los de siempre. Digo esto porque, los
gobiernos de todo el mundo, y los organismos económicos
internacionales: Fondo Monetario Internacional,
Banco Mundial, Organización Mundial de Comercio y/o Bancos Regionales de
Desarrollo, hasta ahora y no sé porqué van a cambiar de estrategia, solo se han
preocupado del tema económico. Todos están preocupadísimos y se comunican
mediante video conferencias para tomar medidas que permitan seguir creciendo
económicamente. Y yo me pregunto ¿y la salud de los ciudadanos, alguien se
ocupa de ellos? Durante estos pasados días hemos escuchado mañana, tarde y
noche a los máximos responsables de los citados organismos decirnos que los
datos macroeconómicos indicaban esto o lo otro y que los índices bursátiles
estaban cayendo a datos históricos como no se conocían desde que ocurrieran las
famosas crisis de “los tulipanes de Holanda de 1634”, “el martes negro de1929”, “la crisis
petrolera de 1973”, “el lunes negro de 1987” o la pasada “crisis de 2008”; en
las que el Dow Jones neoyorkino
perdió un 64% de su valor y repentinamente 500.000 millones de dólares
desaparecieron de los mercados en un abrir y cerrar de ojos, provocando el
hundimiento de las principales bolsas del mundo: la de Hong Kong, un 45,8%; la
australiana, un 41,8%; la inglesa, un 26,4% y la de Canadá un 22,5%. De todo
ello, no cabe la menor duda, los amorales especuladores financieros sacarán
provecho.
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| La Mañana 16.03.2020 |
En este contexto, y por
lo que respecta a nuestro país, nos hemos tenido que conformar, con la diaria
comparecencia del médico epidemiólogo, Fernando Simón, director del Centro de Coordinación de Alertas y
Emergencias Sanitarias del Ministerio de Sanidad, diciéndonos que nos
tranquilizáramos, que teníamos una de los mejores sistemas de salud del mundo.
Sin embargo, desde mi punto de vista, la realidad era y es que se están tomando
medidas para el mantenimiento y la continuidad del sistema económico, que no
quieren que se caiga o colapse. Y para ello, están inyectando dinero en la
economía y, sin embargo, nadie se ha preocupado de prever un aumento de la
producción de mascarillas o de las máquinas que ayudan a muchos pacientes a
respirar y que, considero, va a ser el problema más acuciante con que se van a
encontrar los hospitales. Y para colmo, luego escuchamos a médicos de Italia
decir “esto es como en la guerra, tenemos que elegir"; en otras palabra, cuando
se afirma eso, se quiere decir que, por falta de medios, se tiene que elegir
entre “quien muere y quien no”. Y, mientras tanto, nuestro Presiente de
Gobierno acaba de anunciar, el pasado sábado, que decreta el estado de “Alarma
Sanitaria” en todo el país, para contener al coronavirus.
En lo que a mí me
concierne, voy a seguir escrupulosamente las instrucciones que las autoridades
sanitarias me vayan indicando, ya que a mis 74 años entro en esa horquilla de la
población de riesgo. Y también seguiré pensando, apesadumbrado, en que deplorable
sociedad me ha tocado vivir. Atrás han quedado mis sueños de trabajar,
aportando mi granito de arena, para conseguir una sociedad más justa, más
sustentable, más perfecta y, casi al final de mi camino, me encuentro que los
valores que siempre he defendido, los han pisoteado los mismos a los que yo les
otorgué mi confianza. Y es que, como decía Nikita Jrushchov, “Los políticos son
siempre lo mismo. Prometen construir un puente aunque no haya río”.




