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lunes, 16 de marzo de 2020

Coronavirus, medidas económicas y políticos.


No os voy a ocultar que estoy harto de oír hablar continuamente del coronavirus. Desconozco si va a pasar como con la gripe española de 1918 que, por cierto, según los expertos, también tuvo su origen en China. Desconozco, si van a morir 3.000 ó 10.000.000 millones de personas y si entre los muertos estará el que suscribe. Lo que sí creo es que, una vez más, han ganado los de siempre. Digo esto porque, los gobiernos de todo el mundo, y los organismos económicos internacionales: Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, Organización Mundial de Comercio y/o Bancos Regionales de Desarrollo, hasta ahora y no sé porqué van a cambiar de estrategia, solo se han preocupado del tema económico. Todos están preocupadísimos y se comunican mediante video conferencias para tomar medidas que permitan seguir creciendo económicamente. Y yo me pregunto ¿y la salud de los ciudadanos, alguien se ocupa de ellos? Durante estos pasados días hemos escuchado mañana, tarde y noche a los máximos responsables de los citados organismos decirnos que los datos macroeconómicos indicaban esto o lo otro y que los índices bursátiles estaban cayendo a datos históricos como no se conocían desde que ocurrieran las famosas crisis de “los tulipanes de Holanda de 1634”, “el martes negro de1929”, “la crisis petrolera de 1973”, “el lunes negro de 1987” o la pasada “crisis de 2008”; en las que el Dow Jones neoyorkino perdió un 64% de su valor y repentinamente 500.000 millones de dólares desaparecieron de los mercados en un abrir y cerrar de ojos, provocando el hundimiento de las principales bolsas del mundo: la de Hong Kong, un 45,8%; la australiana, un 41,8%; la inglesa, un 26,4% y la de Canadá un 22,5%. De todo ello, no cabe la menor duda, los amorales especuladores financieros sacarán provecho.
La Mañana 16.03.2020

En este contexto, y por lo que respecta a nuestro país, nos hemos tenido que conformar, con la diaria comparecencia del médico epidemiólogo, Fernando Simón, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias del Ministerio de Sanidad, diciéndonos que nos tranquilizáramos, que teníamos una de los mejores sistemas de salud del mundo. Sin embargo, desde mi punto de vista, la realidad era y es que se están tomando medidas para el mantenimiento y la continuidad del sistema económico, que no quieren que se caiga o colapse. Y para ello, están inyectando dinero en la economía y, sin embargo, nadie se ha preocupado de prever un aumento de la producción de mascarillas o de las máquinas que ayudan a muchos pacientes a respirar y que, considero, va a ser el problema más acuciante con que se van a encontrar los hospitales. Y para colmo, luego escuchamos a médicos de Italia decir “esto es como en la guerra, tenemos que elegir"; en otras palabra, cuando se afirma eso, se quiere decir que, por falta de medios, se tiene que elegir entre “quien muere y quien no”. Y, mientras tanto, nuestro Presiente de Gobierno acaba de anunciar, el pasado sábado, que decreta el estado de “Alarma Sanitaria” en todo el país, para contener al coronavirus.

En lo que a mí me concierne, voy a seguir escrupulosamente las instrucciones que las autoridades sanitarias me vayan indicando, ya que a mis 74 años entro en esa horquilla de la población de riesgo. Y también seguiré pensando, apesadumbrado, en que deplorable sociedad me ha tocado vivir. Atrás han quedado mis sueños de trabajar, aportando mi granito de arena, para conseguir una sociedad más justa, más sustentable, más perfecta y, casi al final de mi camino, me encuentro que los valores que siempre he defendido, los han pisoteado los mismos a los que yo les otorgué mi confianza. Y es que, como decía Nikita Jrushchov, “Los políticos son siempre lo mismo. Prometen construir un puente aunque no haya río”.

miércoles, 11 de marzo de 2020

Los amigos de la agenda



Hace unos días, revisando una carpeta de esas en las que vamos guardando algunos documentos con la esperanza de examinarlos algún día, me apareció, entre ellos, una vieja agenda de bolsillo. Era una pequeña libreta de hace más de 50 años. La abrí con curiosidad y en sus páginas, comenzaron a emerger nombres con sus direcciones y teléfonos. De algunos, apenas recordaba nada, se habían convertido en humo en mi memoria. Otros, por el contrario, al volver la vista atrás, estaban muy presentes todavía en mi recuerdo. Eran esos amigos inolvidables que me habían acompañado, durante un tiempo, a lo largo de mi vida. Según leía sus nombres, aparecían en mi mente sus cuerpos y sus caras. Varios de ellos, estaban unidos a las risas de verano de mi infancia en diversas playas de África. Uno de los nombres me llevó hasta París y me hizo rememorar aquellos indelebles días que pasamos juntos en la capital francesa al finalizar el Preu. Con otros, me veía corriendo, ante la amenaza de los “grises”, tras alguna manifestación universitaria. Y varios resonaron en mi mente con tristeza. Sabía que habían muerto. El silencio largo y profundo que siguió a sus nombres llenó de lágrimas mi rostro al rememorar fiestas, placeres, desgracias, éxitos, fracasos y carcajadas. Sus números de teléfono ya nunca contestarían a mis llamadas.
La Mañana 11.03.2020

El enigma de la amistad no es muy distinto al del amor. Nunca alcanzaremos a reconocer ni descifrar por qué ocurre, pero lo distinguimos fácilmente cuando atraviesa nuestra puerta. Y, si bien la literatura ha pretendido explicarlo desde hace siglos, la ciencia, ha concluido que resulta imposible especular y reflexionar científicamente sobre la razón por la que, de todas las personas con las que concurrimos y nos cruzamos a lo largo de la vida, solamente nos hacemos amigos de unos pocos.
Creo que no es solamente una razón de semejanzas o un tema de simpatías, connivencias y aficiones compartidas. Son diversas señales, heterogéneas, que tienen más que ver con la complicidad y, posiblemente, con un evidente egoísmo bien entendido. Digo esto, porque, a mi modo de ver, tendemos a hacernos amigos de aquellas personas que dignifican y enriquecen nuestra vida. No se trata de una permuta o compensación; sino de una chispa que se origina sin que ninguno de los dos esté al corriente, ni descifre muy bien lo que está pasando. Sin embargo, el grupo de amigos que hacemos a lo largo de la vida, no es homogéneo. Hay amigos con los que conllevamos secretos de por vida. Amigos con los que compartimos ideas, amigos espléndidos y hospitalarios y amigos un poco cargantes, fastidiosos y molestos de los que nos cuestionamos por qué les continuamos viendo. Otros, son amigos que, sin motivos reales, un buen día les dejamos de ver. De todos ellos, solamente unos contados amigos, son los que nos modifican, perfeccionan y transfiguran la existencia.

Los de este último grupo, reducido y escogido, cuando desaparecen y se esfuman escapándose a algún lugar remoto o al evanescentemente y significativo ente de la nada en el que reposa el ser eternamente, nuestra vida pasa a ser muy distinta; pues, esos amigos, la cambiaron cuando llegaron a ella y la continúan trasformando, incluso, cuando ya no están. Esos son los amigos íntimos que, de ningún modo, jamás olvidaremos y a los que nunca les confesamos suficientemente hasta qué punto les debíamos una vida mejor. Aunque, quizá, entre amigos, no es necesario que se digan esas cosas para que se entiendan; pues ellos son esa parte de la raza humana con los que sobran las palabras. A estos íntimos amigos, me niego a suprimirlos de la agenda, porque sería como si tornaran a morir.
Ya nos lo dejó dicho el escasamente conocido filósofo, poeta y novelista español en lengua inglesa Jorge Agustín Nicolás Ruiz de Santayana: “Amigos. Nadie más. El resto es selva.”

domingo, 16 de febrero de 2020

En busca del centro perdido.


Lo primero, un ruego: no lean este texto quienes no sepan geometría. Quienes no distingan, a simple vista, la izquierda de la derecha. Quienes crean que centro solo hay uno y los demás son ciencia-ficción.
Cuando yo estudiaba, hace ya de esto muchos años, en la antigua geometría el centro no existía como cosa en sí; era un punto ideal en el que los moralistas pobres ponían la integridad, la dignidad, honradez y honestidad, la clase media intelectual alojaba el sentido común y las clases pudientes estaban, y siguen estando, por encima de estos dislates y salidas de tono. En aquellos tiempos en los que se cerraba la puerta de la dictadura y amanecía una esperanzadora democracia, en cuanto a la política española, el centro era la UCD de Suárez y pasado Suárez, recogió el testigo una parte del Partido Popular que, fundado en 1989 para sustituir a la antigua Alianza Popular, se convirtió en el ala culta del PP.

Sin embargo, en 1997, con la llegada al poder del Partido Laborista de Tony Blair, en el Reino Unido, el citado primer ministro, nos dejó a todos boquiabiertos cuando dijo que él estaba en la izquierda del centro y por esos mismos años, nuestro Ministro de Obras Públicas, Transporte y Medio Ambiente, Josep Borrell, nos indicaba que él se ubica en el centro de la izquierda. En este contexto y desde mi punto de vista, creo que entre el centro de la izquierda y la izquierda del centro queda la derecha de la izquierda, sitio en el que Joaquín Almunia, competidor de Borrel en las elecciones primarias de aquellos años, celebradas el 24 de abril de 1998, se negaría a vivir, por alergia a la palabra derecha; aunque ésta fuera la derecha de la izquierda y, además, por respeto al remanente ideológico del sector del PSOE y UGT del que provenía.
La Mañana 20.02.2020

Dicho esto, y recordada la historia, el demócrata de base, que anda en estos tiempos con su voto a cuestas como elector por rastrojo, sin saber a qué partido político se lo debe de otorgar, necesitaría que alguien tuviese la consideración y humanidad de iluminarle el mapa político actual , de cara a las próximas convocatorias electorales, sean éstas cuando sean; sobre todo, a la vista de que el queso en porciones del espectro ideológico actual se está subdividiendo tanto que al votante le tienen hecho un lío.

En este sentido, como no hay mejor teoría que predicar con el ejemplo, a reserva de análisis más concienzudos y mejor fundados, vayamos a ello y veamos, globalmente, quiénes se encuentran en el centro y quiénes a un lado y otro del mismo: En el centro del centro está Dios, que no se mete en política y está con todos y con nadie, como centrista sumo y puro que es. Por consiguiente, ningún mortal puede estar en el centro del centro, salvo los 57 egocéntricos diputados que obtuvo Ciudadanos en las pasadas elecciones del 28 de abril de 2019 y que posteriormente, en las siguientes del 10N de 2019, se inmolaron gracias a su preclaro líder, claro está. A la derecha del centro se sitúan, obviamente, los derechistas del Partido Popular, los del Partido Nacionalista Vasco y los de la antigua CiU, hoy reconvertidos en Junts per Catalunya, casados muchos de ellos por lo civil, a pesar de ser de derechas, y a la izquierda del centro se encuentran los del PSOE que leyeron a Marx, pero que se casaron por la iglesia, en los Jerónimos, como Dios manda y los de ERC que como buenos creyentes, también se casaron por la iglesia.

Continuando con el análisis, toca ahora ver con más detenimiento, la ubicación existente de los partidos dentro de la “derecha” y dentro de la “izquierda”, siempre en relación al centro. En la derecha de la derecha del Partido Popular están situados la mayoría de los cuadros descendientes del antiguo Partido Unión Nacional Española que lideraba Gonzalo Fernández de la Mora y los herederos de la familia del Partido Democracia Social de Licinio de la Fuente y a la izquierda no hay nadie, ya que no existe ala izquierda en el PP por prescripción ideológica. El centro de la derecha que lo ocupaba la derecha liberal de toda la vida, de tradición humanista cristiana e ilustrada, hoy, parece que ha desaparecido y no se sabe dónde ha ido. Y en la derecha de la derecha de la derecha; es decir, en la extrema derecha, está VOX, el nuevo partido liderado por Santiago Abascal en el que dicen que hay sapos y culebras heredados del franquismo.

Por la otra parte, en el centro de la izquierda está la última esperanza socialdemócrata y semiroja del actual PSOE, liderada por el Presidente Sánchez. En la izquierda de la izquierda está situada Esquerra Republicana de Cataluña, cuyo jefe Oriol Junqueras, como es bien sabido, se encuentra en la cárcel. Y como a los rojos, rojos de verdad, les gusta resistir en la izquierda de la izquierda de la izquierda; o sea en la extrema izquierda, ahí se ha situado el Partido Unidas Podemos de Pablo Iglesias y su afín el Partido Comunista de España que dirige Alberto Garzón. Y ya, para finalizar este análisis y manejar todas las opciones, es conveniente no olvidar que la derecha de la izquierda es, generalmente, incestuosa respecto a la izquierda del centro; así que cuidado con ella, amigo elector.

Por lo demás, en este marco, es también importante recordar que los portavoces de los Bancos y las grandes Corporaciones Multinacionales insisten en que ya no hay izquierdas ni derechas; debe ser porque, en la cotidiana realidad, no existe nada bueno ni malo y es el pensamiento humano el que lo hace aparecer así. No obstante, no se desanimen y busquen el centro en este escenario, aunque no sepan en dónde está.




martes, 28 de enero de 2020

Decisiones del destino


La vida, nuestras vidas, se mueven siempre en la frontera entre lo posible y lo imposible, entre la realidad y el deseo. Es un territorio en el que algunas personas se mueven de una forma natural sin forzar nada, mientras que a otras les cuesta un supremos esfuerzo modificar el rumbo que el destino les ha marcado. Estas últimas son los que, un buen día, se acercan al espejo y se preguntan incrédulos ¿cómo he llegado hasta aquí? Y es que, todo lo que conforma lo que llamamos vida, es la suma de haber tomado unas pequeñas decisiones que bien podrían haber sido otras y, en ese supuesto, nuestra vida no sería la misma, habría cambiado.

Realmente, lo que somos está repleto de una sucesión de hechos reales y posibles. Pero que podrían haber sido otros y nos produce vértigo imaginar lo que nos hubiera ocurrido si hubiéramos optado por alguna de esas otras vías alternativas. La vida la vamos modificando casi cada día, ya que las grandes deliberaciones que adoptamos siempre vienen precedidas por otras más pequeñas que, generalmente, nos pasan inadvertidas.
La Mañana 29.01.2020

Somos lo que somos gracias a entusiasmos y afanes que revolotean a nuestro alrededor con la misma destreza que lo hace una abeja en busca del néctar de una flor. Tal vez por eso, lo que somos o lo que llagamos a ser tiene mucho que ver con juicios de valor aparentemente nimios. ¿Qué hubiera sido de mi vida si aquella noche no hubiera salido de casa con los amigos? o ¿qué hubiera ocurrido si hubiese rechazado la proposición que dulcemente me hizo estando juntos en el sofá de aquella discoteca? En ambos casos, si hubiésemos tomado otra determinación, hoy seríamos otro, no digo ni mejor ni peor; pero sí distinto. No seríamos el mismo. Probablemente nos reiríamos con otras personas diferentes, leeríamos otros libros, viajaríamos de vacaciones a otros lugares… Y es que la vida, a través de nuestros juicios, osadías, valores y/o ánimos, nos va inclinando a escoger entre una cosa y otra. Y lo hace de una forma tan sutil y casi tan imperceptible hacia un determinado lado de unas vidas paralelas que, cuando nos damos cuenta, ya no podemos escapar.

A lo mejor no somos más que instantes, coyunturas, efímeros soplos temporales y un encadenamiento de recuerdos. Con nuestro tiempo repleto de horarios y reuniones de trabajo, hemos pervertido la trascendencia de la vida. Desde esta perspectiva el tiempo se vuelve escaso y echamos de menos todo aquello que no hemos hecho. Y es que caminando en estos espacios y con estas realidades, no es aceptable vivir ni proceder de tal manera que no nos ocasione ningún daño.

Ya nos lo indicó el escritor británico Gilbert Keith Chesterton: “Siempre se ha creído que existe algo que se llama destino, pero siempre se ha creído también que hay otra cosa que se llama albedrío. Lo que califica al hombre es el equilibrio de esa contradicción”. Posiblemente la historia de nuestra vida está escrita, como dice el citado autor, por el hecho de que el destino agita y revuelve las cartas, y nosotros las jugamos. Quizás, al final, recogemos lo que nos hayamos merecido o, tal vez, nuestro éxito o fracaso no son más que las decisiones del destino.


domingo, 19 de enero de 2020

Tiempos convulsos.



Todo cambia a un ritmo extraordinariamente acelerado. Es como si esa energía oscura de la que nos habla la astrofísica se hubiera instalado en nuestra sociedad y actuara de separador de las clases sociales y de los logros obtenidos por la clase trabajadora a lo largo del pasado siglo XX. Actualmente, asistimos a una voracidad redoblada del sistema capitalista mundial extendido y capitaneado, a nivel planetario, por los grandes magnates y las multinacionales, oriundas, fundamentalmente, de los Estados Unidos. Un capitalismo que actúan con total y absoluta impunidad para conseguir sus fines a través de los distritos financieros más importantes del mundo, como son el neoyorquino de Wall Street y la City de Londres, donde, diariamente, se compran y se venden productos financieros por valor de dos billones de dólares; es decir, la tercera parte del total de dinero que fluye y se maneja en el planeta. El gran capital prolifera y se mueve como pez en el agua. Y esto ocurre a causa de la práctica inexistencia de unos partidos políticos y unas organizaciones sindicales, de una verdadera izquierda activa y sabiamente organizadas que plantasen cara en favor de una defensa justa y equitativa del salario de las masas de trabajadores, de su dignidad y de su voluntad de existir como ciudadanos libres y cívicamente modernizados.

La socialdemocracia e, incluso, lo que queda de los movimientos comunistas, hace años que han claudicado ante el capitalismo salvaje, ante los integrismos liberal-conservadores y ante toda la inmensa parafernalia aliada junto al poder del dinero y de las grandes multinacionales propietarias de los medios de producción y de comunicación. Y es que existen verdades que hoy en día no son populares y evidencias que se esconden o se tergiversan; pero, que debieran explicarse alto y sin rodeos. Por el contrario, la escasa gente que se atreve a denunciar y abordar los problemas que acechan a las clases más desfavorecidas, con sinceridad y objetividad, se les descalifica como reaccionarios por un pretendido progresismo que anida en diversos credos ideológicos de determinados partidos políticos, en algunas centrales sindicales, en no pocas cabeceras de la prensa escrita y en los medios tecnológicos de comunicación masiva que, al servicio del poder, son utilizados para enviar sencillos mensajes, escuetos y repetitivos, dirigidos a la clase trabajadora y a una ingente cantidad de público y que logran sus objetivos atravesando grandes distancias en un mínimo de tiempo.

Una cosa es hacerse la foto encabezando una manifestación contra los inmorales desahucios, protestar ante el ere o el cierre definitivo de una determinada empresa que obtiene beneficios, reclamar el derecho de adopción de menores por sus parejas, apoyar el cambio de sexo pagado por la Seguridad Social etc. y otra cosa es atacar los problemas primordiales subyacentes en nuestro país, máxime, teniendo presente que existen urgencias de injusticia social mucho más importantes. Sinrazones, como son las inhumanas listas de espera de seis y más meses para una operación de neurocirugía o corazón y alrededor de tres meses para una operación no urgente. O las inmoralidades de los contratos de trabajo basura y precariedad laboral. O la vergüenza de los más de diez millones de pobres que tenemos en nuestro país etc... Tal vez las dificultades estriban en que atacar con contundencia estos problemas de base es mucho más difícil e ingrato y, sobre todo, que para intentar resolverlo sería necesario actuar con verdadero coraje para preparar a las masas trabajadoras con ideas claras y mensajes sencillos. Y todo esto ocurre, posiblemente, porque la izquierda actual existente no se atreve o no sabe cómo hacerlo.

En este contexto, las perspectivas sociales que se presentan a nivel internacional en países grandes y ricos como Alemania, Francia y/o Reino Unido y las medidas que anuncian y toman los gobiernos de coalición socialdemócratas, conservadores y/o liberales que dirigen éstas y otras naciones europeas, no hacen sino retroceder y cercenar las conquistas sociales obtenidas por los trabajadores a lo largo del siglo precedente. Medidas que van desde recortar drásticamente los subsidios de paro y otras prestaciones sociales, hasta el aumento de la edad de jubilación. Y para ello, se escudan en la falta de recursos económicos derivados de la crisis económica, el incremento de la esperanza de vida, el envejecimiento de la población y la no rentabilidad de determinados puestos de trabajo en los mercados nacionales e internacionales. Lo que suceda dentro de dichos países se extenderá cual mancha de aceite a toda la Unión Europea y será un mal sin solución; porque el remedio que existe, el capitalismo salvaje dominante en la actualidad no lo quiere aplicar y una organización de masas de izquierda que la impusiera por la fuerza, actualmente ni existe, ni está por crear y ni siquiera se vislumbra que pueda aparecer.

En consecuencia, el orden político y social en Europa parece convulso ante la dinámica ofensiva neoconservadora que asola al mundo occidental con su avaricia y soberbia. Pero, esta situación, al capitalismo internacional parece no importarle, aunque provoquen, colectivamente, la desaparición del bienestar social tal y como lo hemos conocido hasta ahora y generen una brutal desigualdad que puede llegar a transformarse en un verdadero peligro social, como hemos visto recientemente con los llamados “chalecos amarillos en Francia. Leía hace unos día que hay acumulados más de 23 billones de dólares en cuentas de la banca que están a la sombra en paraísos fiscales y que el número de millonarios se ha disparado. Pero…, nada de esto parece importar al capitalismo internacional y a las grandes fortunas, saben muy bien que la factura de todos sus excesos los pagan siempre los de abajo.

Aquí, en España, ya tenemos Gobierno. Un Gobierno de coalición progresista de izquierdas marcado por una fuerte agenda social, un firme propósito de recuperación de derechos laborales perdidos y el compromiso de realizar una fiscalidad más justa y progresiva. ¿Será capaz de conseguirlo? En todo caso, para hacerlo, como todas las cosas, tendrá que ir con extremo cuidado. Veremos…, ya que los colores dependen de la luz que uno ve.

jueves, 9 de enero de 2020

Habemus Praeses Government. Una complicada investidura.



Con la investidura de Pedro Sánchez ha comenzado un nuevo tiempo político. Atrás quedan los negros auspicios que, un cierto día, el fallecido y recordado Alfredo Pérez Rubalcaba, en una entrevista en el 2016, en el programa Espejo Público, predijo que iba a pasar cuatro años más tarde en la política española: “Imagínese la que tendríamos montada si hubiéramos ido a una investidura con el apoyo de Podemos, que está  por el derecho de autodeterminación y de los independentistas, que ya ni le cuento” Pues bien, ese temor, se ha cumplido hoy martes, 7 de enero de 2020.

Es tiempo de cambios significativos en los partidos y eso se nota. Pedro Sánchez hace borrón y cuenta nueva y pretende recomenzar de la mano de ERC, un nuevo tiempo para Cataluña y para España. Una Esquerra Republicana de Cataluña que modifica sustancialmente su aspiración independentista  radical y blinda su estrategia en Madrid a través de una vía pragmática. Es un comienzo inédito que vale una investidura con escaso margen de maniobra y en la que, a través de ella, Sánchez y el PSOE pretenden intentar resolver el conflicto catalán por medio de a una mesa de diálogo y negociación.
La Mañana 10.01.2020

El abrazo de Sánchez e Iglesias en el hemiciclo, parece querer justificar la decisión de ERC. Un abrazo que, no obstante, oculta la fragilidad de la mayoría que sustenta a ambos líderes. Y que, sin duda, si se cumplen los pronósticos, el Gobierno de Coalición entre PSOE y UP que sostienen y respaldan ambas formaciones, pasará por no pocas estrecheces  políticas y parlamentarias; puesto que la oposición será un bloque monolítico que no les dará tregua ni un minuto.

De esta situación, al menos aparentemente, los que saldrán más beneficiados serán los  republicanos de ERC que están decididos a gestionar el “mientras tanto” y se han puesto manos a la obra convencidos de que las próximas urnas en Cataluña les recompensará la tarea emprendida. Tanto que el propio Oriol  Junqueras no se ha cansado de repetir a su equipo negociador, desde su obligado retiro en la cárcel de Lledoners, que el apoyo a la investidura de Sánchez, con su abstención, era una oportunidad que no podían desaprovechar. Tal vez por eso, finalmente, tras diversos juegos malabares, por ambas partes, a consecuencia de la decisión adoptada por la Junta Electoral Central, respecto a la suspensión de sus funciones al Presidente de la Generalitat de Cataluña, Quim Torra, el pacto entre ERC y el PSOE quedó apuntalado.

El mandato surgido del hemiciclo de las Cortes, se presume que no será pacífico, ni en las cuentas ni en las formas. Pues, como expresaba anteriormente, el PP, CS y VOX,  han decidido ya llevar su oposición más allá de la Cámara y batallarán desde las calles hasta los tribunales. En este contexto, el líder del Partido Popular, Pablo Casado, durante la sesión de investidura, no solamente se ha dedicado a proferir toda una ristra de improperios y descalificativos contra el futuro presidente, sino que ha llevado su ofensiva amenazando con denunciar a Sánchez por prevaricación, si no cesaba al president Torra aprovechando la vía del 155. Toda una muestra de intenciones en la que  Catalunya vuelve a ser el campo abonado para la batalla.

Por su parte, el portavoz republicano en el Congreso, Gabriel Rufián, ha exigido comenzar lo más rápidamente posible la mesa de diálogo pactada por el PSOE y ERC con una seria advertencia:  “si no hay mesa no hay legislatura”. Una actuación que incomodó a muchos diputados socialistas por su crudeza. Pero, el compromiso de Sánchez parece firme y honesto, a pesar de que en ERC no se fían.  Quizá, esas palabras del portavoz de ERC no dejan de ser más que meros matices de la escenificación mantenida durante las largas semanas en las que han estado negociando ambas delegaciones. En todo caso, el pacto alcanzado  puede conjeturar un giro copernicano en la política española. Tiempo al tiempo.

La realidad es la que es y Sánchez, una vez que sea investido Presidente del Gobierno precisará del apoyo de los diputados de ERC para gobernar y, sobre todo para poder aprobar los Presupuestos Generales, nuevas leyes y/o determinados cambios en la gobernanza del Estado. Y, para ello, necesita, imperativamente, pacificar Cataluña y sanar las heridas abiertas por el procés desde hace ya unos años. De momento, con la firma del correspondiente Real Decreto por el Rey Felipe VI, Pedro Sánchez se convertirá en el nuevo Presidente del Gobierno de la XIV legislatura de España que comenzó el pasado día 3 de diciembre de 2019​ cuando, tras la celebración de las elecciones generales, se constituyeron las Cortes. Y con su nombramiento como primer Presidente de un Gobierno de Coalición, comienza un nuevo tiempo en el que será imprescindible el diálogo y la política como instrumento útil para restaurar heridas y aplicar derechos cercenados por la derecha y unas políticas sociales que permitan una mejor y mayor justicia social.