La inteligencia, las emociones, la personalidad, las decisiones, la consciencia, los sueños…, todo lo que el ser humano es, radica en el cerebro. Sin embargo la neurobiología todavía no entiende cómo funciona. Según Rafael Yuste el prestigioso neurobiólogo español, profesor de ciencias biológicas en la Universidad de Columbia e ideólogo del proyecto BRAIN, dicho desconocimiento es un problema exclusiva y específicamente técnico; pues, actualmente, no se posee la tecnología adecuada para poder comprenderlo. Hoy por hoy, nos dice el citado científico, se sabe que el cerebro es un órgano de unos 1.300 grs. a 1.400 grs. de peso, constituido por unas 8.500 millones de neuronas y cada neurona conectada con otras por unas 10.000 a 20.000 conexiones, formando una red. Dichas neuronas están activas o inactivas según lo que hagamos en cada momento y, de todo esto, de una manera todavía misteriosa, surge nuestra mente, todo nuestro comportamiento y, en realidad, todo lo que somos, porque los seres humanos, fundamentalmente, somos animales mentales.
En este contexto, en el “Capítulo 8” de la magnífica serie de programas de Iñaki Gabilondo Cuando ya no esté. El mundo dentro de 25 años, emitido por el Canal de Televisión #0 de Movistar+ en 2016, en el que el citado periodista entrevista a Rafael Yuste, el científico nos cuenta que hoy en día, del cerebro, se sigue conociendo muy poco. Se dominan las estructuras a nivel muy general y también las conexiones que tiene como órgano, así como lo que hace cada unión de sus hemisferios. Ahora bien, no tenemos ni idea de las conversaciones que pasan por dichas conexiones, pues no somos capaces de descifrarlas. En el mundo científico existe la sospecha de que el cerebro es emergente. Es decir, el pensamiento podría ser el resultado de una actividad conjunta de miles de neuronas que se encuentran dispersas por el cerebro y, si no se logra ver cómo funcionan todas a la vez, difícilmente podremos saber lo que es un pensamiento. Se está intentando también saber lo que es la conciencia, pero hasta que no sepamos qué es un pensamiento, resulta imposible que conozcamos qué es la conciencia.
Actualmente, los neurobiólogos tienen una gran dificultad en comprender el funcionamiento de nuestro cerebro, ya que si de la Hydra, que es el ser vivo con el cerebro más primitivo y elemental de la naturaleza, no se entiende todavía ni siquiera la mecánica de su actividad, ¿cómo se va a conocer el de nuestra especie que somos los que tenemos el cerebro más sofisticado? Es por ello que los científicos están intentando descifrar el lenguaje que utilizan las neuronas para comunicarse entre ellas, su código; o sea, su idioma, que es todavía una incógnita. Y es esta la razón por la que, cuando los neurobiólogos observan el funcionamiento del cerebro de un humano, no pueden descifrar lo que ocurre, ya que desconocen el lenguaje que utiliza.
Posiblemente sea esta complejidad existente la que ha propiciado la propagación de un mito muy extendido, que solamente usamos el 10% de nuestro cerebro y es que el mito se alimenta del poco conocimiento que tenemos de su funcionamiento. A este respecto, una buena prueba de ello es el conocido hecho de que algunos monjes budistas a través de la meditación son capaces de transformar las ondas cerebrales, con lo cual pueden generar habilidades que al resto de los humanos nos resultan imposibles. En resumen y dicho de otra forma, esto quiere decir que utilizamos el 100% del cerebro, pero solamente conocemos el funcionamiento del 10% de su capacidad.
Vivimos en una época en la que las investigaciones están franqueando nuevos horizontes y se descubren y divulgan cambios formidables. En mayor o menor medida, la mayoría de nosotros somos conscientes de que estamos diciendo adiós a un ciclo de nuestra humanidad y que otro se está formando a gran velocidad. En este futuro más o menos inmediato, gracias a las nuevas tecnologías y los ordenadores cuánticos, nuestra especie quizá pueda desentrañar un día qué es la materia y la energía oscura. O cómo se ha creado el universo; pero creo que nunca sabremos por qué y para qué. Considero que es, de alguna manera, una pregunta sin respuesta. Y tal vez sea sí, porque no debemos olvidar que somos nuestro cerebro; pero todo se enreda cuando las incógnitas sobre lo que realmente es, piensa y hace nuestro supremo órgano se desplazan al futuro. En este sentido, la guerra de Ucrania es un claro ejemplo. Y es que, como dice un proverbio árabe, los ojos no sirven para nada a un cerebro ciego.
Continuará…



