IN MEMORIAM DEL
LICEO ESCOLAR
y de Josep Piró,
uno de ellos.
Dos de
noviembre de 2016. Caminamos deprisa. Hacía buen tiempo, aunque algo fresco.
Cuando llegamos a la Avenida Blondel, había ya gente esperando. Puntualmente, a
las cinco y media de la tarde, arribó el alcalde Ros al lugar dónde estaba el
Liceo Escolar, y se abrieron los sueños. Allí sentados, viajando a lomos del
tiempo, le esperaban los seis resistentes de aquellos trágicos hechos y un
centenar de personas que, haciendo un arco, les acompañaban en sus recuerdos.
Se acercó hasta ellos. Les saludó uno a uno y al llegar hasta ti miró al vacío,
y no pudo hacerlo; pues, hace casi un año que se te ha escapado el tiempo. Así
pues, te contamos el resto…
Comenzó el acto. Y el Sr. Alcalde, con sentidas
palabras, glosó el infausto día de aquel aciago bombardeo, en el que varios
profesores y 48 de tus compañeros perdieron la vida y, como emigran los
pájaros, entre lágrimas y llantos marcharon al cementerio. Y en la memoria de
aquellos niños, ahora ancianos y viejos, se hicieron presentes las tristes
huellas del añorado Liceo.
Después del Sr.
Alcalde, dijo unas palabras, en nombre de los presentes y también de los
ausentes, Françesc Bataller, quién con conmovida emoción recordó la tragedia
vertiendo su vómito de humo hacia el cielo. Igualmente, Maria Gregori,
rememoró, cómo, en un instante, reventaron las ocres paredes de las aulas y se
desparramó por el asfalto el zumo de una fruta, de sangre joven, crecida en las
enseñanzas pedagógicas del maestro Frederic Godàs. Seguidamente, una alumna del
Gili y Gaya, Esther Charles, ganadora de la última edición del Concurso Josep
Pernau, nos pidió al público asistente que
recuperásemos el espíritu y los valores que en su día acogió y lideró el Liceo
Escolar. De la misma manera, la concejala de Cultura, Montse Parra, reivindicó
el ejemplo que supuso para la ciudad de Lleida aquella Institución Escolar. Y
posteriormente, Manel Sampedro, tomó la palabra para reclamar a las
autoridades, una decidida lucha contra el bullyng, que tanto daño hace a los
estudiantes que lo padecen.
Ya casi al
final, la ofrenda floral ante la escultura Memoria.
Dignidad y Vida, hizo que los sentimientos treparan por los recuerdos de
todos los allí presentes y, como una enredadera, siguieran encontrando puntos
de apoyo donde sujetarse.
Y es que, El
Liceo Escolar, sigue viviendo en el número infinito de la avenida Blondel,
calle de la alegría. En esa calzada de los sueños truncados, en la que, como
último acto, pudimos oír el Cant del
Ocellls, interpretado por Marc, alumno del conservatorio Municipal.
Regresamos a
casa en silencio. Con el deseo de que algún día, al abrir la ventana del tiempo,
podamos ver otra realidad, menos huérfana de sueños. Caminábamos despacio, seguíamos
oyendo en el aire la música, era el violonchelo que expandía sus notas para que
un año más, al finalizar este acto, se abrieran las puertas del cielo…





