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sábado, 17 de febrero de 2024

Gaza: Apartheid existencial, ocupación y realidad.

 

Digamos las cosas por su nombre: no hay guerra entre Israel y Palestina. Y no existe, porque no hay Estados enfrentados, sólo hay, por parte de Gaza, unas milicias o guerrillas de Hamás que, si bien son terroristas, constituyen una mínima fracción de una población ocupada y refugiada en su propia tierra que se enfrentan a Israel. Y es que la población Palestina que habita esos territorios, tiene la consideración internacional de refugiados en su propio país y, además, vive en condiciones de apartheid. Y se hallan en apartheid; es decir, en situación de “segregación racial” porque Israel que es el Estado ocupante no les reconoce ningún estatus, no existen, no son ciudadanos. De hecho, la Franja de Gaza no es un país, ni siquiera un territorio, sino realmente un campo de concentración, donde refugiados sin nacionalidad, malviven en su propia tierra. El 90% del territorio de Palestina; o sea, La Franja de Gaza, Jerusalén Este y casi toda Cisjordania, le llamamos internacionalmente “Territorios no reconocidos” y “ocupados” a sus habitantes. En este sentido, al no reconocer Israel a los palestinos de Gaza la posibilidad de que sean y tengan un Estado propio, tendrían que ser, por lo tanto, ciudadanos de Israel, pero pertenecientes a una minoría étnica y con un autogobierno pactado. Y, en consecuencia, Hamás sería un grupo terrorista "israelí" con base en Gaza. Igual que para los EE UU o la UE, la ETA era un grupo terrorista "español". Desde este punto de vista el conflicto armado actual, por un lado, no es una guerra entre Estados; sino, en todo caso, sería una guerra civil en Israel, donde la mayoría étnica está machacando a una minoría. Pero, por otra parte, no es una guerra civil ya que los palestinos no son ciudadanos israelíes, sino que es pura y simplemente una represión masiva atroz y genocida sobre ocupados y refugiados, la que está perpetrando el Gobierno de Israel con la intención de limpiar el territorio de este pueblo, para dar un salto en su política de extensión colonial. Es por ello que, a mi modo de ver, pedir la devolución de los rehenes sin condiciones y la rendición total de Hamás, es cinismo puro. Tan cínico como decirles a los gazatíes directamente que se marchen a otros países argumentando que así se les evita el sufrimiento.

En todo este amplio contexto, los que se preocupan de leer la historia, podrán comprobar que nunca tuvieron los israelíes un lugar reservado en Palestina. Sino que desde 1948, con el beneplácito y apoyo de los EE UU y Occidente, los sucesivos Gobiernos de Israel han ido ocupando partes de ese territorio por la fuerza. En este sentido y a los efectos de visualizar el apoyo occidental europeo a Israel, basta darse cuenta en primer lugar de que Israel, sin ser geográficamente un país europeo, participa en todos los eventos y competiciones deportivas europeas y, en cambio, ocupan un territorio asiático en Oriente Medio, pero simultáneamente repudian ser de ese continente. En consecuencia, como Estado son una anomalía y, además, siempre utilizan la tragedia del Holocausto como chantaje. 

Por todo ello, considero que El TIJ, cuando proceda a emitir sentencia por la denuncia presentada por Sudáfrica contra Israel por la comisión de actos de genocidio contra el pueblo palestino de Gaza, se encontrará ante un caso que plantea una variante nueva que debería tener en consideración, y es el testimonio ocular de millones de espectadores de TVs, de países distintos que vemos cómo cada día el ejército israelí desprecia la protección debida a la población civil de Gaza. En este contexto, entiendo que el derecho de defensa legítima que invoca Israel, no es un “Derecho absoluto” y no puede ser ejercido en el tiempo de forma indeterminada, de manera continuada y sin límites. El derecho de defensa propia, no implica el traslado obligatorio de poblaciones, la destrucción sistemática de las infraestructuras hospitalarias y civiles en general, la utilización de maquinaria pesada de obras para perder el rastro de los asentamientos de población. Ni tampoco, la utilización de armamento sin considerar sus consecuencias sobre la población. La defensa propia justifica una reacción, sí; pero nunca autoriza una acción continuada e indiscriminada. Además Israel actúa en un territorio de otro y se mantiene en él ocupándolo. Y reitero, no está probado que Israel esté actuando contra un ejército enemigo; pues no hay material bélico de la otra parte, no hay un enemigo o rival. Lo que existe, básicamente, es una población civil indefensa.

No obstante todo lo argumentado, como tenemos una sociedad polarizada e impúdica, es necesario aclarar que decir “las verdades” que uno siente, no es atacar a Israel; pues Israel no es Netanyahu ni su Gobierno, ni tampoco defiendo a Hamás, pues Palestina no es Hamás. Mi crítica opinión es simplemente reclamar el más elemental de los Derechos Humanos para el pueblo palestino: el derecho a la vida. No podemos ni debemos permanecer impasibles ante la matanza de inocentes. Como nos dejó dicho Antonio Machado en su poema He andado muchos caminos, Netanyahu y su Gobierno sionista, son un fiel ejemplo de esa “Mala gente que camina y va apestando la tierra...”

 

viernes, 16 de febrero de 2024

Muere Navalni

 

Alexei Navalni
¡Qué sociedad tan cínica e hipócrita tenemos!, muere Navalni y salen en tromba los EE UU con su Presidente Joe Biden a la cabeza y sus acólitos de la UE, con Úrsula von der Leyen, Presidenta de la Comisión Europea al frente, a pedir inmediatamente explicaciones a Putin. Mueren 29.000 palestinos y nadie pide explicaciones al sionista genocida Gobierno de Netanyahu.
Segre 21.02.2024



Queda meridianamente claro que para el ético mundo Occidental es mucho más importante el opositor ruso que los inocentes asesinados en la Franja de Gaza. No me extraña que ante semejante actitud los árabes, en general, odien a Occidente.

miércoles, 14 de febrero de 2024

La suerte está echada en Rafah, último refugio de Gaza.

 

Ya no hay transacción posible entre Netanyahu y Biden: o continúa la violencia destructora sionista de Israel o se abre paso la razón pactista para evitar un previsible genocidio en la Franja de Gaza. Esto se da tras el fracaso de la reciente visita del secretario de Estado estadounidense, Antony Blinken, con el primer ministro Benjamín Netanyahu en Jerusalem, el pasado 7 de febrero, para tratar la situación de la guerra en Gaza. Es por ello que en los últimos días, tanto la ONU como EEUU han manifestado su preocupación ante una posible expansión de la ofensiva terrestre del Ejército israelí sobre Rafah, un territorio fronterizo con Egipto y último refugio en el que malviven evacuados más de un millón de palestinos gazatíes que llevan cuatro meses escapando de los mortíferos bombardeos y combates del resto del territorio palestino. En este sentido, Vedant Patel, portavoz adjunto del Departamento de Estado Americano, en una rueda de prensa celebrada el pasado jueves, ha manifestado su inquietud y perturbación ante la esperada operación israelí sin una adecuada planificación y poco meditada, ya que previsiblemente supondrá un gigantesco desastre humanitario. No obstante las posibles consecuencias, Benjamín Netanyahu no cede y ha hecho oídos sordos a los llamamientos de los Estados Unidos y la comunidad internacional, que intentan evitar la terrible tragedia que puede suponer la intervención militar israelí. No debe extrañar la decisión de Netanyahu, pues el ministro de Defensa Yoav Gallant, ya había hecho varias alusiones en la última semana de que Israel avanzaría hacia Rafah, cuando terminara sus acciones en Jan Yunis, fortaleza de Hamás en el sur de Gaza. En este contexto, la ejecución militar masiva sobre Rafah, de ser llevada a cabo, como probablemente parece que va a ocurrir, requiere la evacuación previa de la población civil de las zonas de combate; pues según el derecho internacional humanitario, el bombardeo indiscriminado de zonas densamente pobladas puede constituir un crimen de guerra. Y, en consecuencia, la intensificación de las hostilidades en Rafah en las actuales circunstancias, podría provocar la pérdida de vidas de civiles a gran escala. Tal vez por esta razón, Netanyahu ha pedido al Ejército y a los dirigentes militares que presenten al gabinete de guerra un plan dual, tanto para la evacuación de la población civil gazatí como para la disolución de los batallones de Hamás que, según el jefe del Ejecutivo, quedan en Rafah, aunque no se ha aportado ninguna prueba de ello.

 

De momento, las hostilidades continúan e Israel ha comenzado a lanzar algunos ataques aéreos que se enmarcan en la ofensiva del Ejército israelí contra el citado enclave de Rafah, donde en la madrugada del jueves al viernes han muerto otros 107 palestinos, elevándose la cifra de fallecidos desde el comienzo de la guerra a 27.947, de los cuales 12.000 son niños, además de otros 67.500 heridos. A este respecto, contabilizando los últimos gazatíes muertos, se puede afirmar que Israel ha matado hasta la fecha, a algo más del 1 % de la población de la Franja de Gaza. Me pregunto qué pasaría si Hamás, en su acto terrorista del pasado 7 de octubre de 2023, hubiera matado al 1 % de la población de Israel. Desde mi punto de vista, ya no caben equidistancias ni ejercicios melifluos ni dobles raseros. Habría que acabar con la masacre de manera inmediata y darle al pueblo palestino una mínima esperanza de futuro con un Estado independiente y soberano. Sin embargo, nada se hace y lo más aterrador de todo esto, es la cobarde respuesta internacional, la comedia de emitir una orden de arresto de la Corte Penal Internacional contra Putin por su invasión de Ucrania, pero no realizar nada ante la barbarie que está perpetrando Netanyahu en Gaza.

 

La actitud del Gobierno de Netanyahu es despiadada y reveladora de sus intenciones, ya que desde el primer momento han impedido que haya prensa internacional independiente en la Franja de Gaza. De esta manera, con un feroz apagón mediático, todos los horrores inimaginables que viene cometiendo el ejército israelí, han podido esconderse o al menos logrado que no hayan tenido un gran impacto en la opinión pública internacional y en la del propio Estado de Israel. De hecho, en un ejercicio de repugnante cinismo, la Corte Suprema israelí rechazó un recurso de la Asociación de Prensa Extranjera en Jerusalén que demandaba que Israel autorizara acceso a los periodistas a Gaza. El tribunal rechazó la petición con un fallo en el que reconocía, nada menos, que la violación de la libertad de prensa; pero argüía que su rechazo estaba justificado por motivos de seguridad. Y, además, en el colmo de la desfachatez, indicaban estar preocupados por los reporteros en Gaza; ya que podrían correr riesgos en tiempos de guerra.

 

Todo lo que está pasando en Gaza y lo que todavía pueda llegar a ocurrir entra plenamente, a mi modo de ver, en el significado de todas las variantes de la definición de genocidio, incluida la deportación masiva de la población gazatí de su legítima tierra. Otra cosa es que en Occidente, sometidos como estamos a la propaganda y manipulación masiva por la mayoría de los medios de comunicación, nos tapen los ojos para que no veamos lo que está a plena vista, pero si algún día salimos de esta situación de esclavitud moral, veremos con horror todo lo que defendimos. La suerte está echada…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

lunes, 12 de febrero de 2024

Algunas consideraciones a la Resolución del TIJ sobre Gaza.

 

El pasado 25 de enero, el Tribunal Internacional de Justicia de Naciones Unidas (TIJ), habiendo admitido la causa por posible genocidio contra Israel, presentada por Sudáfrica en nombre de Palestina, dictó una resolución en la que instaba al Gobierno de Israel a tomar todas las medidas posibles para "prevenir” un genocidio en la Franja de Gaza. Es decir, en la misma, adoptaba una serie de medidas provisionales o cautelares para proteger a la población civil de Palestina. En este contexto, dicha resolución ha generado una gran controversia y ha suscitado diversas reacciones, tanto a favor como en contra, de distintos sectores políticos, jurídicos, sociales y medios de comunicación. A este respecto, aun no siendo jurista, como he manifestado en algún otro artículo, si me parece importante aclarar que la resolución del TIJ no es una sentencia en sí misma, sino que es lo que en nuestro país creo que se podría denominar jurídicamente “un auto”; pues el TIJ no se pronuncia ni prejuzga sobre el fondo de la cuestión. La sentencia, como tal, tardará muchos meses, quizá años en llegar; si es que finalmente llega a dictarse. En esta resolución se adoptan sólo medidas provisionales o cautelares. Por eso se requiere a la parte demandada para que, de momento y a corto plazo, adopte una determinada conducta. Ya que, como no se trata de una contienda entre dos Estados, es dudoso que el TIJ hubiese podido imponer a ambos contendientes: Israel y Hamás, un alto el fuego. No obstante, si se puede requerir a un Estado, en este caso el de Israel, para que sus militares no maten ni hieran a los miembros del colectivo civil de Palestina. Y eso es lo que, entre otras cosas, ha acordado el Tribunal.

 

La Mañana 15.02.2024

Por otra parte, considero relevante también subrayar que las medidas adoptadas por el Tribunal fueron casi unánimes; ya que las mismas han sido adoptadas, en unos casos, por 15 votos contra 2 y, en otros, por 16 contra 1; lo que otorga a la resolución una mayor relevancia. Y si bien, en la citada resolución, falta un pronunciamiento específico de alto el fuego, si puede entenderse la sugerencia de que el ejército israelí no mate ni lesione física o mentalmente a los palestinos, como una lectura positiva en ese sentido. De hecho, como bien ha manifestado Sudáfrica, en la práctica, Israel sólo puede cumplir dichos fines de obligado cumplimiento por un medio: el alto al fuego. En cualquier caso, no ha habido entusiasmo alguno en los partidarios a la reprobación a Israel, entre los que personalmente me encuentro. Hay, sobre todo, desesperación, indignación e impotencia. Y no hacen uso, ni utilizo con frivolidad ni ligereza el término “genocidio”. Simplemente, cuando muchísimas personas indicamos genocidio, exterminio y masacre, es porque objetivamente es a la conclusión que llegamos viendo las espeluznantes imágenes y testimonios que se nos han venido ofreciendo y exponen a diario  las cadenas de televisión y la inmensa mayoría de los medios de comunicación. Por eso, la resolución del TIJ, sobre el conflicto entre Israel y Palestina, consideramos que ha sido injusta y sorprendente para muchos de nosotros. En este sentido, apreciamos y respetamos el significado acerca de lo que la sentencia implica contra Israel y el hecho de que se haya aceptado la posibilidad real de que los acontecimientos que han ocurrido y continúan sucediendo a diario en Gaza puedan llegar a ser considerados un genocidio. Y por ello, se solicita actuar preventivamente para que dicho genocidio no se concrete; es decir, que los palestinos dejen de ser atacados y masacrados como hasta ahora. No obstante, la resolución, como indico anteriormente, nos parece injusta e insuficiente, porque decirle a Israel que pida a sus militares que no cometan actos de genocidio es simplemente ridículo y de nula eficacia. Y, por otra parte, la estimamos sorprendente y arbitraria, porque, si bien en la misma no se exige específicamente a Hamás que devuelva los rehenes, si expresa la Corte su preocupación por los rehenes israelíes en manos del grupo Hamás y pide su inmediata liberación. Un aspecto, aspecto de la situación que NO es objeto de la demanda presentada por Sudáfrica. Es decir, el TIJ abre una especie de causa contra Hamás de motu proprio, lo cual jurídicamente creo que es extraño y supongo que bastante incorrecto.

 

O sea, la resolución del TIJ, a mi modo de ver, es injusta porque el Tribunal excediéndose de la materia que juzga, se pronuncia sobre otras que no son objeto de demanda, exigiendo a Hamás la devolución de los rehenes y, sin embargo, no le pide a Israel el cese de su agresión bélica. En este contexto, aceptando como válido y positivo el obrar del TIJ, se verá fácilmente la injusticia y la falacia de la resolución; pues si Hamás obedece y devuelve los rehenes vivos y muertos, como el Tribunal NO ha pedido a Israel que detenga la masacre en Gaza, dicho Estado, con el derecho ahora de su parte, puede seguir destruyendo, matando y privando a la población civil palestina de la Franja de Gaza, de los más elementales requisitos para su subsistencia: alimentos, combustibles, medicamentos y destruyendo sus hospitales, casas e infraestructuras, todo ello, desde mi punto de vista, constitutivo de un delito de Genocidio. Tal vez, el TIJ hubiera obrado mejor si hubiese seguido la máxima del filósofo inglés Karl Popper, que nos dejó dicho “Quien sea incapaz de hablar claro debe callar hasta poder hacerlo”.

 

 

lunes, 29 de enero de 2024

Distopía, desinformación e incertidumbre, ¿sabemos hacia dónde vamos?

 

No sé si es la sociedad del mundo en que vivimos la que con sus tecnologías, ideologías y delirios nos está desconectando a unos de otros o somos las propias personas individualmente, las que con la actual tendencia a aferrarnos a hábitos individuales y rutinas perjudiciales, estamos originando que todo vaya cambiando a un ritmo acelerado en nuestra sociedad y debilitando los vínculos humanos. No lo sé, pero lo que si constato, es que la libertad intelectual, la cohesión social, los principios democráticos, la convivencia etc., que con tanto esfuerzo se fueron construyendo, se están disolviendo con tan vertiginosa rapidez como un azucarillo en el café de la mañana. Y, a su vez, tengo la impresión de que la perpleja incertidumbre individual y colectiva en la que vivimos, se está desarrollando y expandiendo a gran velocidad por medio de las continuas y sorprendentes mentiras, eufemísticamente denominadas fake news, que erosionan la confianza, polarizan el debate público, generan odio, fomentan la intolerancia y facilitan el advenimiento de la violencia, de las guerras con sus absurdas justificaciones, los asesinatos por los más espurios motivos, las violaciones de la legalidad vigente y la manipulación de los medios de comunicación por determinados poderes económicos empresariales. Y es que nos hallamos inmersos en plena era de la desinformación y posverdad, caminando en medio de una niebla retórica de la peor especie, en la que la galaxia de partidos de ultraderecha europeos tienen más apoyo hoy que nunca en cuatro décadas y el fascismo fascina nuevamente a amplios sectores jóvenes y no tan jóvenes de la sociedad. Por ello, aunque seguimos avanzando… ¿sabemos hacia dónde vamos?

La Mañana 29.01.2024

Después de vencer a la Covid 19 y considerar que lo peor había pasado, pues la pandemia nos había hecho más conscientes de nuestra fragilidad e interdependencia, el planeta ha sufrido y/o sufre ahora, entre otras calamidades, la irracional invasión de Rusia sobre Ucrania, la cruel guerra de Gaza, los terremotos de Turquía y de Marruecos, diversas matanzas de inocentes en calles e instituciones de EE UU, algunos atentados yihadistas y de la extrema derecha en países de la UE, prolongadas sequías, incendios, inundaciones, erupciones volcánicas... Desastres y cataclismos, todos ellos, que se suceden como si el Dios bíblico castigara con unas nuevas plagas nuestras inhumanas acciones humanas. Vivimos sumergidos por un flujo continuo de informaciones catastróficas que nos provoca ansiedades, miedos, servilismos... Un diluvio de incertidumbres que nos abruma y que pensamos que nunca terminará. Y es en este cielo pesado y cargado de nocivas noticias, en el que las continuas imágenes sobre incompresibles conflictos armados que nos muestran a miles de mujeres y niños inocentes destrozados por las bombas y los variados desastres naturales, comienzan a tener un impacto real en la salud mental de los ciudadanos. Y además, radios, TVs, redes sociales, información de todo, en todos lados todo el tiempo, logran que cada vez haya más personas vulnerables que sin darse cuenta, están siendo interesadamente adoctrinadas frente a las pantallas, accediendo a un gran basurero de estafas, vilezas y odios escondidos. Consecuencia de todo ello, es la alineación mental del individuo, cuya conciencia se va formando en base a la ilusión de veracidad que engañosamente se cuenta cada uno a sí mismo. Una forma de conocimiento asimilable por la actual doxa que vehicula creencias en las mentes de las personas y nos sumerge en el escepticismo, desconfianza e inseguridad con espejismos y falacias. Generando una confusión mental que invade a la sociedad de la llamada gente normal, en una distopía que opera a partir del mandato paradójico; o sea, decir todo y su contrario al mismo tiempo, dando la apariencia de un “razonamiento lógico”.

 

Estamos literalmente construyendo una sociedad de alienados e irreflexivos ciudadanos encerrados en una jaula digital, como si la normalidad y la alienación hubieran formado una carretera de circunvalación paralela a la realidad que nos circunda. Y esta doble confusión mental y emocional, a mi modo de ver, hace que el individuo difícilmente sea capaz de pensar por sí mismo. A la luz de esta defactualización sobre la actual supuesta realidad, me pregunto si continúa siendo posible la esperanza. Y me lo cuestiono porque la esperanza es una idea optimista. No obstante, creo que la actual situación, no debe ser planteada, ni a título individual ni colectivamente como sociedad, en términos de optimismo o pesimismo. Pues no actuamos porque seamos optimistas, ni por el contrario porque seamos pesimistas, sino porque en cualquier circunstancia, debemos hacer lo que tenemos que hacer individual y colectivamente. En este contexto, aunque Albert Camus creía que, pese a todo, en el hombre hay más cosas dignas de admiración que de desprecio, a estas alturas de la historia no está claro si el ser humano es ya un animal doméstico o tiene todavía a medio cocer sus instintos más salvajes. Y es que, quizás, todos los individuos y todas las sociedades somos en el fondo una cosa, y la opuesta, según se mire… To be, or not to be: that is the question.