Arranca 2026 y, lejos de traer esperanza, el nuevo año nos encuentra frente a un capitalismo cada vez más voraz y una izquierda que se diluye poco a poco en el silencio y parece esfumarse en la penumbra política. Una tangible realidad si observamos lo que ocurre hoy en la actualidad. Y es que presenciamos una inmoralidad y una voracidad cada vez mayores por parte del sistema capitalista global, dirigido a escala mundial por los grandes magnates tecnológicos, financieros y corporaciones multinacionales. De hecho, para comprender su magnitud, basta señalar que la suma de las diez mayores fortunas del planeta acumulan 25 billones 894.000 millones de dólares, y que nueve de ellas pertenecen a ciudadanos de Estados Unidos, apoyados, a su vez, por distintos estamentos y trusts financieros repartidos por diversos países. Y es que el gran capital se expande con facilidad y actúa sin obstáculos, favorecido por la ausencia de organizaciones de izquierda sólidas, activas, bien organizadas y con un proyecto ético-filosófico capaz de defender de manera justa y equitativa a las masas, proteger su dignidad y garantizar su derecho a existir como ciudadanos libres y cívicamente autodeterminados. Y, por si fuera poco, los socialdemócratas, progresistas y también los remanentes de los movimientos comunistas, parecen haber claudicado frente a este brutal capitalismo; se han rendido ante los integrismos religiosos, sucumbido a la parafernalia aliada al poder del dinero y subordinado a los grandes propietarios de los medios de producción y comunicación
Existen verdades que no son populares y evidencias que se esconden o se tergiversan, que deberían explicarse alto y sin rodeos. Y sin embargo, por el contrario, los escasos intelectuales y gentes que se atreven a abordar y denunciar tales problemas con valentía, sinceridad y objetividad se les ignora o descalifica como trasnochados, reaccionarios o comunistas, por los diversos credos ideológicos que actúan, no buscando la verdad, sino como mero oportunismo y cobardía. En este contexto, una cosa es hacerse la foto encabezando una manifestación gay, reclamar el derecho de adopción de menores por sus parejas, el cambio de sexo pagado por la Seguridad Social o reivindicar la acogida de los menas —quizá todo ello en parte muy justo, pero demagógico y que no busca más que obtener votos—, y otra cosa es atacar los problemas primordiales, máxime teniendo presente que existen urgencias de injusticia mucho más importantes como son, en España, las listas de seis meses para una operación, los contratos de trabajo basura, la precariedad laboral, los siete millones de pobres, el brutal aumento del precio de la vivienda que afecta sobre todo a los jóvenes etc., etc. Atacar con contundencia estos problemas de base es mucho más difícil e ingrato y, sobre todo, preparar a los ciudadanos para resolverlos sin tabúes y con ideas claras.
Hace más o menos diez años, se acusaba al filósofo y politólogo italiano Giovanni Sartori, uno de los padres de la ciencia política moderna y un teórico fundamental de la democracia liberal, de haber mutado ideológicamente, a causa de su condena, no a la emigración, sino a un cierto tipo de emigración descontrolada, y a un multiculturalismo perturbador. No obstante, estimo que Sartori sabía bien lo que decía, no escondía su pensamiento e interpretaba correctamente el mundo actual. En su libro La sociedad multiétnica. Pluralismo, multiculturalismo y extranjeros, un ensayo que trata sobre inmigración y pluralismo social, que presentó en Madrid, en sus posteriores pertinentes declaraciones al diario El País, denunciaba la posición de la Iglesia Católica y del Papa Juan Pablo II, en contra del control de nacimientos y la política del presidente George Bush hijo y criticaba de forma directa y contundente, a ambos personajes y estamentos respectivos. Sentía un planeta superpoblado, sin agua ni alimentos o materias primas suficientes para tanta población; veía una humanidad en peligro de extinción; lo proclamaba alto y convincente, algo que algunos tildaban de posición liberal reaccionaria. Nada más lejos de la una realidad que se ha mostrado existente y que la actual izquierda parece que no se atreve o no sabe reivindicar.
En este contexto, pretendo relacionar estos comentarios con las perspectivas sociales que se presentan a nivel internacional. Países grandes y ricos europeos como Alemania, Francia y Reino Unido se preparan para retroceder en las conquistas sociales obtenidas por los trabajadores mediante duros combates librados a lo largo del siglo precedente. Los escasos gobiernos socialdemócratas y/o liberales que dirigen estas naciones asumen no poseer los medios económicos necesarios para mantener las condiciones sociales vigentes y proyectan recortar drásticamente los subsidios de paro, así como otras prestaciones sociales, y el aumento de la edad de jubilación. Se escudan en el aumento de la esperanza de vida, el envejecimiento de la población, la escasa natalidad y la no competitividad en los mercados internacionales. Lo que suceda, y en gran medida ya ocurre, dentro de estos países y también de España, se extenderá cual mancha de aceite a todos los miembros de la UE y el mundo occidental y será un mal sin solución porque el remedio que existe, el salvaje, egoísta e insolidario capitalismo tecnológico, financiero y multinacional no lo quiere aplicar so pena de hacer desaparecer su locura de acumulación de capital como tal. Y, por otra parte, una organización de masas que lo impulsara, que debería ser y hacerse por medio de la izquierda progresista y los sindicatos de clases, están en franco retroceso y ni siquiera se vislumbra que un día puedan, a corto plazo, resurgir con la fuerza necesaria para realizarlo. Por lo tanto, sin pretender caer en catastrofismos, es posible que los periféricos del poder global, bajo la férula de su soberbia y avaricia, provoquen colectivamente la desaparición de la civilización y, quizás, en su locura acumulativa terminen transformándose en caricaturas inconscientemente. Tal vez entonces, desde su tumba, un Marx resentido recordará a las masas de ciudadanos: “Os he transmitido el método de vuestra emancipación y sentado las bases filosófico-científicas de vuestra felicidad. Si no supisteis imponerlas o aplicarlas correctamente, esa responsabilidad siempre será vuestra”.

Muy interesante tu artículo, me ha parecido muy bueno el análisis que haces de la situación mundial. Gracias y un abrazo
ResponderEliminarBuenas noches y feliz descanso.
Anna García
Pues me lo he leído con calma y por etapas...pero vaya que ya lo van repitiendo por varios cauces y es al final será como los tiempos de la colonización: el mundo se lo van a repartir las 3 potencias. Cambios de ciclo o más de lo mismo. La historia se repite una vez más, aunque con otros matices. Estamos viendo lo que nunca pensábamos volver a ver y se va a pique lo que por tanto se luchó.
ResponderEliminarMagda Sellarés
¡Hola!, madrugador.
ResponderEliminarEn primer lugar, el artículo está llenos de verdades como puños y que de la mayoría hemos hablado en múltiples ocasiones y, que finalizas con lo que yo entiendo que es el quid de la cuestión y que da respuesta a la mayoría de los problemas actuales de nuestra sociedad: "Tal vez entonces, desde su tumba, un Marx resentido recordará a las masas de ciudadanos: Os he transmitido el método de vuestra emancipación y sentado las bases filosófico-científicas de vuestra felicidad. Si no supisteis imponerlas o aplicarlas correctamente, esa responsabilidad siempre será vuestra”. En esta frase das la respuesta a nuestros males, la izquierda o una parte de ella (mayoritaria), ha mirado para otro lado (socialdemocracia) y se ha creído que podría doblegar o dormir al capitalismo y ha aceptado una buena parte de sus mandamientos y así nos va.
Un abrazo,
Santiago Fernández
Buenos días Tío,
ResponderEliminarQué reivindicativo y didáctico el artículo…..,qué verdad tiene. Me ha parecido una reflexión tal cual lo que está pasando hoy en día, lástima que nosotros somos un grano de arena en el desierto.
Muchos besos y espero que estés mejor de tus percances de salud .
Nacho Valero
Feliz año nuevo, Juan Antonio,
ResponderEliminarReferente a este artículo debo decir que no he leído a Sartori,de modo que hice una búsqueda de sus planteamientos sobre el marco de multiculturalismo en el archivo histórico de El País, dado que hacías referencia a una entrevista en este medio. Pienso que lo que argumenta y se pregunta, desde una defensa del pluralismo, y aunque resulta polémico, es un debate que cobra sentido en la sociedad actual y desde cualquier perspectiva política.
Un abrazo,
Miguel Ángel Cerviño
Muy bien tu artículo, Juan Antonio, pero no hay nada a hacer. Ejemplo, la juventud española, el colectivo joven nunca había estado tan mal como ahora, se emancipa tarde de sus padres porque no encuentra trabajo y cuando lo encuentra, trabajo temporal que a veces ni cotiza en la Seguridad Social por la brevedad del tiempo de trabajo contratado no puede pagar el alquiler o la compra de la vivienda, y sin embargo, mucha de esta juventud vota derecha en las elecciones. De otro lado, mucha clase media y también colectivos con rentas bajas solo aspiran a ser más ricos a través de lo que sea. Tu referencia final a Marx es muy acertada, da en la diana, si termináis en la pobreza no os quejéis que parte de la culpa es vuestra. Un día ya hablaremos con calma de la población, yo le tengo miedo a las políticas que intentan tanto limitar como expandir la población, es un tema muy delicado. Es como la riqueza, no es que no haya riqueza lo que ocurre es que está mal repartida, igual pasa con la población, no es que haya mucha o poca, sino que está muy mal repartida.
ResponderEliminarUn abrazo.
Ramón Morell
Me parece estupendo. Lo suscribo. Lo que pasa es que no veo solución. Pero eso ya son problemas de mi edad o de mi segunda inocencia, que, como decía Machado en "Las Moscas" da en no creer en nada.
ResponderEliminarUn abrazo.
Jaime Martínez
Un texto valiente y necesario en tiempos de cobardía intelectual. Coincido plenamente en que la izquierda ha renunciado a afrontar los problemas estructurales y se ha refugiado en una política de gestos que no incomoda al poder económico. Da gusto leer análisis sin complejos.
ResponderEliminarManuel Ortega
Excelente reflexión. La referencia a Sartori es muy acertada y demuestra que ciertas advertencias no eran reaccionarias, sino profundamente realistas. El problema es que hoy nadie quiere escuchar verdades incómodas.
ResponderEliminarJavier Salcedo
Artículo duro, pero honesto. Se agradece que alguien diga alto y claro que el capitalismo tecnológico-financiero actúa sin frenos porque no tiene oposición real. La izquierda institucional parece más preocupada por el marketing que por la justicia social.
ResponderEliminarMª Luisa Fernández
Muy de acuerdo con el diagnóstico, especialmente en lo que respecta a la pérdida de conquistas sociales en Europa. Estamos asistiendo a un retroceso histórico y casi nadie parece dispuesto a dar la batalla ideológica necesaria.
ResponderEliminarAntonio Beltrán
Un análisis lúcido y bien argumentado. Me parece especialmente acertada la crítica a la hipocresía de ciertos discursos progresistas que evitan los problemas de fondo por miedo a perder votos o ser tachados de incorrectos.
ResponderEliminarElisa Muñoz
Texto incómodo, como debe ser. La izquierda ha perdido su papel histórico y se ha convertido en gestora del mismo sistema que decía combatir. Ojalá más artículos como este en los medios y blogs independientes.
ResponderEliminarCarlota Vega
Me ha parecido una reflexión profunda y muy bien estructurada. La parte final, con la cita de Marx, es especialmente contundente y deja al lector con una sensación amarga, pero necesaria.
ResponderEliminarPedro Alcántara
Coincido en gran medida con el artículo, aunque duela reconocerlo. El silencio de la izquierda frente al poder económico es ensordecedor y las consecuencias sociales ya están aquí: precariedad, pobreza y desprotección.
ResponderEliminarFernando Ibarra
Un texto que invita a pensar y a incomodarse, algo cada vez más raro. La crítica al capitalismo desbocado y a la falta de organización de masas es certera y muy bien expuesta.
ResponderEliminarUn abrazo
Sol Quintana
Artículo brillante y sin concesiones. No es catastrofismo, es realismo político. Si no se recupera una izquierda con principios y proyecto, el futuro social que se describe no será una posibilidad, sino una certeza.
ResponderEliminarMiguel Ángel Torres
Hola Juan Antonio,
ResponderEliminarVeo que tratas con tu profundidad intelectual habitual, la poco gratificante situación de la izquierda ante el embate sin parangón de la ofensiva derechista, que actualmente parece estar ganando la partida en todos los frentes, a pesar de lo incoherente, ilógica y de falta absoluta de criterio que parece su aceptación por la inmensa mayoría, que compra su discurso ideológico y permite su avance. Producido sin duda por el desencanto ante la falta de soluciones reales aportadas por los partidos de izquierda y democráticos gobernantes ante las necesidades y desafíos que atenazan al mundo actual, al recriminarles no haber acometido con decisión los cambios estructurales precisos para solventar satisfactoriamente las ingentes crisis laborales, de vivienda y migratorias producidas por una explosión demográfica en los países con menor nivel de desarrollo, que contrastan con la regresión poblacional en Occidente. Afectando todas estas crisis en amplias capas de la población, especialmente a los jóvenes, que vislumbran un futuro desesperanzador, al entender que la mayoría gobernante con su partitocracia, forma un sistema ajeno con a las necesidades reales de la colectividad, viviendo en un palacio de cristal aislados de la realidad cotidiana.
De Giavanni Sartori, solo he leído la Teoría Democrática y no puedo opinar sobre el escrito que comentas, pero sí que es cierto que Carlos Marx, anticipo la famosa conjetura del crecimiento concentrador y depredador del capitalismo con la proletarización del pequeño empresariado y las clases medias en su Manifiesto Comunista y esto con en este siglo ha confirmado en la actual situación escandalosa por la ampliación cada vez más excesiva de la desigualdad, ante la falta del contrapunto moderador , que significaba la existencia del bloque de países bajo el sistema marxista leninista soviético al colapsar el mismo, más dado que su principal heredero, es un país dirigido por una élite corrupto mafiosa, al tiempo que la implantación del capitalismo de estado a partir de Deng Xioping en el sistema socialista de la R.P.C. también conlleva el mismo resultado, de acumulación y concentración del capital.
Sin embargo, históricamente no hay situaciones inamovibles y aunque probablemente nosotros no lo veremos, después de estos tiempos oscuros, vendrán otras épocas mejores, pero para ello la izquierda se tiene que reinventar y formular propuestas y soluciones que acerquen la utopía y la ética a la realidad.
Un cordial saludo.
Jordi Testar