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sábado, 14 de enero de 2017

In Memoriam de Ferran Claur



Ayer fue un mal día. Salió el sol, pero hacía frío. Un frío que me caló hasta los huesos con la primera noticia que me llegó por teléfono: Ferran, un hombre recto y bueno, entrañable amigo y leal compañero desde los tiempos de la ALCE de Zürich, la noche anterior, había muerto. Una simple gripe, transformada en Neumonía, y algunas supuestas negligencias del servicio médico, acabaron de golpe con todo su tiempo. Esto es la vida: un absurdo, un sinsentido como pasatiempo. Pasé un día muy triste, preñado de muchos recuerdos. La muerte es para mí un trago muy amargo, siempre me da miedo y no puedo evitarlo, ante ella, me estremezco.


Hoy, hemos ido a la Selva del Camp, a su entierro, a decirle un postrero adiós con el mayor sentimiento, a un buen amigo, a un hombre bueno. ¡Qué difícil me ha resultado despedir al amigo con el que discutía; pero, al que, al mismo tiempo, quería y seguiré queriendo! ¡Cómo paliar, de alguna manera, el dolor que sienten sus seres queridos, entre los que sé que me encuentro! No hay palabras de consuelo. Las palabras son parcas para expresar e interpretar sentimientos; pero, es todo cuanto tenemos...

Me duele el alma, lo siento. Qué solo se queda el silencio....

Me despido de él con unos versos que escribí hace tiempo y una música que deseo oír cuando, algún día, llegue mi turno y cubra la tierra todo mi cuerpo.

“Y yo me iré /
y se quedarán los pájaros cantando/
para quedarme yo callado, en el silencio/
y luego, en un instante, contraer el gesto/
y levantar eternamente la mirada hacia el cielo.”



sábado, 7 de enero de 2017

Relato del tiempo viejo y el Año Nuevo.




Se le acabó el tiempo, se fue diciembre. Este pasado mes, en Lleida, casi cada día, el tiempo ha sido brumoso y frío, excepto el martes 6 y el jueves 8; esas jornadas de puente tan cargadas de alegrías y enigmas que de inmediato se nos convirtieron en unas fechas pasadas. El único inconveniente de ese constitucional y glorioso acueducto fue que, al haber cambiado la hora, las tardes, en la ciudad, se abreviaron de golpe. Y es que, en cuanto se distraía uno, el oro pausado del sol de esos citados días y algunos escasos otros, se había esfumado hasta en los balcones y ventanas más altas orientadas al oeste. A las cinco y media de la tarde ya estaba cayendo la noche. Y, en consecuencia, a tan temprana hora, el frío, que se estaba afilando ya en el aire, cortaba como un cuchillo. En esos momentos en los que caía la niebla, me daba la sensación que se detenía el tiempo y había una disputa en mi cuerpo. Una pugna entre el ánimo, todavía caldeado por el tibio sol del cercano invierno, y el desaliento que me llegaba por la brusca noche que emergía en silencio.
Puente Príncipe de Viana

Avanzó diciembre, se presentó el invierno, y según pasaban los días y la Navidad se acercaba, las calles y establecimientos del Eix comercial se vestían de gala. Sin embargo, este año, he tenido la sensación de que la iluminación navideña ha sido blanquecina y escasa. No obstante, esta penuria lumínica, se ha visto aumentada en el carrer Major con unos discos de llamativos colores y algún caracol sencillo y en Rovira Roure o en la plaza Ricard Vinyes, por citar algunos otros viales, gracias a los fluorescentes que animaban sus tiendas e iluminaban a las alegres aceras de sus calles. Y, así, de esta manera, se distinguían y se disolvían las sombras de los viandantes que, entre la niebla, transitaban por ellas. Y sus caras, de lejos borrosas, se volvían incluso precisas, diáfanas, como si estuvieran muy cerca.

El día de Sant Esteve, esa festividad tan nuestra y de esta tierra, cansado de los excesos gastronómicos de los días previos y las pocas horas de sueño, salí tarde a la calle para ir a buscar la prensa. Era casi el mediodía y, a esa hora, no había niebla y quedaban aún, como flotando en el aire, unos débiles rayos de sol que fueron poco a poco desaparecieron tras unas nubes densas. Con el periódico debajo del brazo, anduve un buen rato por el centro observando a la gente que, como yo, deambulaba por ellas. Caminaban despacio, muchos como encogidos de frío y con cierta desgana. Las tiendas estaban cerradas. Y algunos bares abiertos, con escasos clientes, mostraban su espacio vacío y un ambiente festivo de escasa eficiencia. En la plaza Sant Joan, unos pocos padres y una docena de niños, deslizaban sus cuerpos por la pista de hielo, con frialdad e indolencia, al compás de la Danza del Fuego. Llevaba un buen rato contemplando en silencio a una patinadora que ensayaba saltitos y genuflexiones, cuando, de pronto, apareció un chico fornido haciendo cabriolas extrañas. Con las manos en los bolsillos, se aproximó hasta donde estaba la chica y comenzó a patinar a su zaga, al tiempo que giraba con lentitud su cabeza al mismo ritmo que el de ella, mostrando unos ojos brillantes, reconcentrados y fijos, sin pestañear siquiera. Al cabo de un rato me alejé despacio pensando en la escena. Iba caminando, de regreso a casa, y por el aire me seguía llegando la música de Manuel de Falla. Y caí en la cuenta que a la chica solamente pude verle la espalda y sus brazos curvados en un etéreo abrazo, como si quisiera alcanzar a las nubes, esas que había tan densas.
 
Avenida del Segre
Inexorablemente, se agotó su tiempo y murió diciembre. El último día, su último sábado, no tuve motivos para salir a la calle; pues, llevaba unos días con vértigo. Y cuando suceden hechos como éste, cuando lo que no esperas sobreviene y sorprende, sospechas que lo verosímil, lo cotidiano, como es un molesto achaque en tu cuerpo o un cambio de año, se vuelve un poco irreal, algo quimérico y quizá hasta incierto. Y eso que todo permanece idéntico y, sin embargo, todo ha cambiado; pues hay un nuevo número en el calendario y uno se siente indispuesto.

Y tras la partida del año viejo, rompió el día en el año nuevo. Amaneció gris y frío, con una niebla meona y fina que, empujada por un ligero viento, rozaba la cara de los cristales de la ventana por la que contemplaba, ese día, el paso del tiempo. La luz era débil, el cielo muy bajo, y en el horizonte inmediato resaltaban las negras ramas de los árboles del cauce del Segre, que ya han perdido todas las hojas del vestido que lucen hasta que llega el invierno. Unas pocas personas cruzaban por la pasarela cambiando de barrio.
Llevamos ya muchos días sin poder ver el sol. No hay otro espacio, la vida es un camino entre ciclos y ritmos de espera. Quizá tengamos que aprender de la infinita paciencia de la naturaleza y dar tiempo al tiempo, pero… ¿hasta cuándo? Hemos comenzado un Año Nuevo, con el tiempo viejo.

Miré al infinito que se divisa desde el balcón de mi casa, sin poder ver el cielo. Me invadió la tristeza, fue un despertador silencioso que me sonó muy dentro. Mi padre murió el primer día del Año Nuevo,  y mi madre nació el día siguiente del calendario, uno y otro, hace ya muchos años. Y, sin embargo, no tengo palabras para expresar lo que siento, a pesar del paso tiempo.

viernes, 30 de diciembre de 2016

Criaturas de silencios




En estos días de sueños, el orden alfabético nos demuestra hasta qué punto lo que imaginamos acerca de nosotros nos constituye más que lo que nos sucede en la realidad, o en lo que llamamos realidad. El peso que tiene en nuestras vidas lo irreal, lo que no nos ocurre, es muy superior a la propia realidad que nos toca vivir. De hecho, a mí, para enfrentarme a la vida, me ha resultado mucho más trascendente lo que me ha aconsejado mi mundo de los sueños que las lecciones recibidas desde la cotidiana realidad. A veces, ese mundo onírico lleno de ensueños, ilusiones y anhelos, ha sido tan real que no he sabido deslindar la frontera entre lo que me ocurría y lo que no me acontecía. Ya sabemos que vivimos en un mundo en el que todo aquello que no se pueda cuantificar no existe. Pero…, sí existe. Al menos, yo soy consciente de que casi todos los problemas y circunstancias en las que me he visto envuelto, y he tenido que hacer frente o resolver en mi vida, han estado determinados más por hipotéticas cuestiones, que por las verdaderamente reales.
Publicado en el diario La Mañana  de Lleida el 28/12/2016
Valga como ejemplo de todo cuanto digo el hecho de que, todavía hoy, en este siglo XXI de las más avanzadas tecnologías, los seres humanos continuamos matando y muriendo en las guerras, por entes e/o ideales como Dios, Patria, Rey o Ley. Y… es que, como decía Ninon de Lenclos, la cortesana escritora francesa, “cuando nuestros sueños se han cumplido es cuando comprendemos la riqueza de nuestra imaginación y la pobreza de la realidad”.

Y esto ocurre, quizás, porque el modelo de conducta y comportamiento que hemos elegido consiste en ir empaquetando momentos de vida todo el tiempo. Unos momentos, días o años que no sé si forman parte de la realidad o irrealidad; pero que, en todo caso, permiten convocar a los recuerdos. O tal vez sea porque somos criaturas atrapadas de silencios.





lunes, 19 de diciembre de 2016

Un discriminatorio e infame compromiso




Viendo hace unas noches en la Sexta, en el programa “El Intermedio”, al periodista Fernando González «Gonzo», entrevistando a Brahim Gali, Secretario General del Frente Polisario y Presidente de la República Árabe Saharaui Democrática, me vino a la memoria un amplio y documentado artículo sobre los “Sefardíes “que leí hace meses en un diario de ámbito estatal. En el mismo, se decía que eran ya 4.300 los citados sefardíes que habían obtenido la nacionalidad española, mediante carta de naturaleza, gracias a un decreto aprobado por el Gobierno español el 2 de octubre del pasado año.

En este contexto, me parece relevante aclarar lo siguiente:
Primero. Que esta concesión se otorga a los descendientes de los judíos expulsados de España en 1492 y simboliza el reencuentro de la diáspora con Sefarad.
Segundo. Que según la base de datos que maneja la Comunidad Sefardí en Jerusalén, llegan a unos 500.000 los descendientes  que hay  su territorio.
Y tercero. Que a pesar de que el ministerio de Justicia de España no da datos, se calcula que los descendientes de los judíos expulsados de España y Portugal a partir de 1492, pueden llegar a ser hoy en día entre tres y 3,5 millones, afincados mayoritariamente en Israel, aunque también hay comunidades en EE UU, América Latina, Turquía y en los Balcanes. Hasta aquí todo correcto.


Sin embargo, no he oído ni leído, ni visto en algún medio de comunicación, nada respecto a otras comunidades que, como ellos, vivían en la misma época histórica, y aún muchos años después de ser expulsados los judíos, en el Reino de España. Me refiero a los moriscos; es decir los musulmanes descendientes de aquellos españoles de Al-Andalus que fueron obligados a hacerse cristianos católicos y después fueron expulsados de su tierra por el hecho de que aparentaban haberse convertido al cristianismo, pero practicaban con frecuencia el islam a escondidas. Estos “Moriscos”, fueron expulsados de España en 1609, un siglo después de los judíos. Eran unos 300.000 y en su mayoría se instalaron en el Magreb, sobre todo en Marruecos donde se les llamó andalusíes. Y, curiosamente, mantienen también apellidos específicos españoles como Bargachi, Piro, Molato, Sordo, Mulin, Denia etcétera. ¿Qué ocurre con ellos…? ¿Por qué el Estado español no les “reconoce el mismo derecho que a los judíos expulsados”…? La decisión es  “selectiva”, por no decir racista.

¿Y qué decir de los Saharauis?, motivo de esta carta. Eran españoles hasta que el Estado les abandonó en 1975, hace ahora algo más de 40 años,  y que más allá de no tener la nacionalidad española, carecen de ninguna otra. Son cerca de 400 saharauis los residentes en España, llevan años chocándose con la denegación sistemática de la nacionalidad española a pesar de cumplir todos los requisitos marcados por el Ministerio de Justicia. Llevan más de diez años viviendo en España, cotizan a la Seguridad Social y no tienen antecedentes penales. Tampoco les sirve el argumento de que sus padres son españoles –cuentan con el DNI español por haber vivido en una colonia– para lograr la ciudadanía. El motivo expuesto por el Ejecutivo es: “Proceden de un país no reconocido”. ¡Genial…!

Yo creo que, en el fondo, estas reflexiones que me hago, sean secuela, posiblemente, del recuerdo que guardo en mi memoria con nostalgia de los años que viví en Marruecos. Sin embargo, también creo, respecto a la diferencia de trato que el Gobierno del Estado hace entre los “judíos” por un lado y los “moriscos” y “saharauis” por el otro, que resulta de un infame compromiso y las discriminatorias alianzas e intereses del Gobierno. O quizás, todo ello, sea, simplemente, consecuencia de un sueño promovido por una proverbial maledicencia que cruzó por mi mente al ver el reportaje, típica de cerebros desmejorados por la edad, cuando no quisquillosos y suspicaces, como el mío...

martes, 6 de diciembre de 2016

El amor con mayúsculas



Hay días en los que salir de casa se me antoja un ejercicio fatigoso, ingrato. Me ocurre cada año cuando progresa el otoño y se acerca el invierno. Cuando las mañanas se tiñen de grises porque del Segre y del valle del Ebro nos llegan las nieblas; unas densas y sólidas nieblas en el mes de noviembre. Y es en estas fechas, cuando mi cuerpo se cubre y refugia en un envoltorio lleno de tristeza.
Pero…, es también, en esta época del año, en estas fechas, cuando, desde la vecina Teruel, me llega el anuncio de que, por tercera vez, se celebra en su tierra el congreso “El Amor con mayúsculas”. Y esa información y de ese hecho, me surge alegría, me brota la esperanza, y se levanta mi ánimo….

Partida:
25 de noviembre. Viernes por la mañana .En silencio, salimos de casa. Nos vamos en coche enfilando la Rambla, camino de Fraga. Teruel nos espera… Después de tres horas largas, a las dos de la tarde, en el parking público de la Ronda de Ambeles, aparcamos el coche. Un buen amigo, de infinita paciencia, nos hace señas aguardando en la acera. Andando calmosos vamos a su encuentro. Nos acoge con abrazos llenos de afecto y amistad sincera.

Vamos al hotel, dejamos la maleta. Y después de comer, partimos de nuevo, y caminando despacio por una calle en cuesta, tras doblar una esquina, aparece de golpe el Teatro Marín. Hemos llegado a la plaza San Juan.

Crónica del Congreso:
Son las seis y media, entramos, y comienza el congreso: “El Amor con Mayúsculas”. Abrió el acto Chema Tejerina, Director de la Cadena SER en Teruel, que haciendo un breve y positivo balance de las anteriores ediciones, concluye que el Congreso se ha consolidado. Le siguió en el uso de la palabra, María Emma Buj, actual alcaldesa de la ciudad, la cual realizó una breve semblanza sobre la historia de amor entre Isabel de Segura y Juan Martínez Marcilla, en el siglo XIII: “Los Amantes de Teruel”.

Forges con Carlos Boyero y Luis Alegre
Y ya sin dilación, llegó la primera ponencia: “El amor en tiempos de Franco”. En la que Antonio Fraguas y Carlos Boyero, moderados por Luis Alegre, dialogaron, a través de sus recuerdos, sobre la educación sentimental durante la dictadura franquista. Para Forges fue un tiempo gris, en el que no había matices ni colores, ya que fueron años de represión y de pecado, y en los que la dictadura logró eliminar el amor con sus infinitas caras. Carlos Boyero fue más allá, indicando que fueron tiempos de represión, de mucha fantasía, de masturbación y algún que otro burdel.

A las ocho y media de la tarde, sobreviene la segunda ponencia: “¿Están el hombre y la mujer contemporáneos preparados para las exigencias del amor?”. Son los contertulios Valerie Tasso y Pablo Herrero en diálogo con Macarena Berlín. Las parejas tienen que discutir, pero hoy en día el yo se impone y no insistimos lo suficiente en el nosotros; por lo que esta situación nos puede llevar a un estado de infelicidad. Escuchándoles, interpreto, y también siento, que el amor es un proceso que nos permite, a través de la mirada del otro, conocernos un poco mejor.

El programa “Hora 25” dirigido por Angels Barceló, con la música en directo de Coque Malla, pusieron colofón a la primera jornada.
Angeles Barceló entrevista al cantautor  Coque Malla

Al día siguiente, por la mañana, por el escenario del Teatro Marín, bajo el epígrafe “Las ojeras de las malas madres”, pasaron Mamen Jiménez y Laura Baena en diálogo con Ayanta Barilli, explicándonos que, además de profesionales, son madres; hecho que les resulta difícil de conjugar en nuestra actual sociedad, por lo que se cuestionan si están abocadas a ser unas “malas madres”. Nos dijeron que no eran superwoman, ni pretendían serlo y que había que luchar contra el sentimiento de culpabilidad para poder compaginar la vida laboral y familiar.

La tercera ponencia “El amor: mitos, leyendas, historia, literatura”, supuso la nota aragonesa del congreso, ya que corrió a cargo de Luz Gabás y Javier Sierra, dos escritores reconocidos a nivel nacional que, moderados por Luis Alegre, abordaron el amor desde los diversos puntos de vista y de cómo se han vivido y considerado a lo largo de la historia.
Javier Sierra destacó que la historia de los Amantes, como la de Tristán e Isolda, se basa en la transgresión a la norma y el castigo por ello.

Ya por la tarde, nos llegó la cuarta comunicación, en la que Boris Izaguirre, Valerie Tasso y Jorge Sanz, respondiendo a la pregunta: ¿Por qué lo llaman sexo cuando quieren decir amor?, nos hicieron pasar un rato divertido. Una tertulia en la que demostraron que se puede hablar del amor, el sexo y otros sentimientos sin tapujos y con mucho humor. Boris Izaguirre nos contó que hay cierta confusión entre los dos términos, ya que la gente se hace mucho lío con las cosas, pero que él nunca tuvo ese problema, pues siempre ha tenido muy claro cuando era amor y cuando sexo.
Jorge Sanz, Valerie Tasso y Boris Izaguirre
Por su parte, Jorge Sanz, aprovechó para recordar su trayectoria cinematográfica; en especial su participación en la película Amantes que, dirigida por Vicente Aranda, hizo con Victoria Abril y Maribel Verdú, en la que hubo escenas ardientes que explicó con mucha gracia.

La última comunicación del día “Amor sin fronteras”, corrió a cargo de Landy Dodem, primer niño hindú que fue apadrinado por la fundación Vicente Ferrer, e Imanol Arias que interpretó al filántropo catalán en la película homónima.
Dodem nos contó, en primera persona, cómo llego Vicente Ferrer a la India, pasando en poco tiempo de ser un extraño a sentirse como en casa y la ingente obra que realizó en Anantapur. En este contexto, señaló y recordó que gracias a la Fundación Vicente Ferrer más de tres millones de habitantes reciben ayuda en el citado estado y que, hoy en día, unos 130.000 niños de la casta Dadly, la más desfavorecida, pueden ir a la escuela, estudiar y cambiar su futuro gracias a su obra; un ejemplo de gran amor a la humanidad.
Imanol Arias resaltó el impacto personal que le causó interpretar la figura de Vicente Ferrer y el conocer el medio en el que desarrolló su ingente labor; ejemplo indeleble de amor a los demás.
Conversando con Imanol Arias

El domingo 27 por la mañana, último día, el sociólogo Pablo Herreros y el escritor Alejandro Palomas, debatieron sobre el “Amor animal”. Ambos estuvieron de acuerdo en la importancia que tiene el hecho de no olvidar nuestro cerebro más primario; es decir, el animal. Puesto que, aún cuando seamos seres racionales, no dejamos, por ello, de ser animales. Y, en consecuencia, podemos establecer relaciones de amor con nuestras mascotas que van más allá de lo racional.
Alejandro Palomas habló del amor a los animales y advirtió que el peligro es “humanizarlo”, porque lo más cómodo es amar a un perro, ya que es una relación asexual, lo que permite estar relajado.
Herrero destacó la “empatía” que sienten los perros con sus dueños. “Saben ponerse en nuestro lugar”, nos dijo; incluso se les contagia el bostezo, porque a diferencia de otros animales, los perros “tienen conciencia de sí mismos”. Aseguró, así mismo, que está asegurado científicamente que los perros nos quieren, porque liberan oxitocina, igual que los humanos.

Finalmente, a las 12h30, Ramiro Calle, maestro y escritor de yoga y pionero en introducir en España esta disciplina, disertó, en diálogo con Cristina Hernández, sobre “El amor consciente e incondicional”. A lo largo del coloquio, Ramiro Calle nos explicó y ayudó a comprender, cómo se alcanza el amor consciente y cómo lo fue descubriendo a través de sus experiencias adquiridas en sus más de cien viajes a la India. Un amor que, en síntesis, para que sea verdadero, ha de ser un amor incondicional, que no sabe de adiós, sino de bienvenidas y para ello hay que trabajar la generosidad, la claridad y la compasión. Y en esta búsqueda del amor consciente hay que "conectar" con todo lo que nos rodea, estar atentos, escuchar, no tener miedo y expresar lo positivo, porque desde el “yo” no podemos amar.

Epílogo:
Se cierra el telón. El final del congreso se va haciendo en mí, y yo con él, pero nunca dejaré de soñarle, ni aún despierto: “El amor con mayúsculas”, se aproxima l invierno.

Regreso:
Lunes 27, volvemos. Por el camino pienso… ¿Y si la Cadena SER, Diputación, Ayuntamiento y algunas empresas de Lleida se pusieran de acuerdo para organizar un análogo evento? Infraestructuras no faltan: La Llotja, el Teatro Principal, El teatro del Matadero y La Seu Vella, un idílico lugar, para los conciertos…
Sólo se requiere voluntad política y ganas de hacerlo. Motivos no faltan. Si Teruel rinde pleitesía al Amor, nosotros tenemos: La música de Ricard Viñes, Enric Granados y Carles Trepat; la poesía de Màrius Torres, Celia Viñas, Manel del Palacio, Alexandre Plana y Magín Morera ; el universo del bioquímico Joan Oró; la gastronomía de la huerta de Lleida; el dulce y almendrado sabor del aceite de oliva arbequina de la comarca de Les Garrigues y, hasta, El Pirineo   

Ahí lo dejo…Fin del relato se acaba el trayecto.