El año comienza con
negros nubarrones. La guerra comercial entre USA y China, las dos grandes
potencias económicas mundiales, a pesar de la débil tregua anunciada, no cesa y
sus efectos negativos inquietan; pues afectan al crecimiento en el resto del
planeta. El gigante del comercio minorista estadounidense Sears se derrumba a
causa del boom del comercio
electrónico. El Brexit, que no ha cesado
de causar desavenencias e inquietudes desde su primer minuto de vida, aborda dentro
de pocos días su votación definitiva y en el supuesto de que el Parlamento
rechace el acuerdo, el Reino Unido quedará preso en su atolladero y entrará en
tierra hostil, un desconocido territorio. El Gobierno Central, busca
afanosamente hacer viable su propuesta de aprobación de los Presupuestos Generales del Estado 2019. Y para ello, tal y como decía Cervantes en boca de don Quijote,
"Cosas veredes, amigo Sancho, que farán fablar las piedras", así
negocia Pedro Sánchez con el frágil y heterogéneo
apoyo parlamentario con el que llegó a la presidencia del Gobierno. La extrema derecha polariza la vida política en Andalucía y tras el acuerdo
alcanzado coloca a VOX en el centro del tablero, pero a la derecha política parece
no importarle. En Cataluña, la crispación e intolerancia que se avecina en esta
próxima primavera, a causa del macro juicio a los líderes del Procés, generará días de mucha
incertidumbre popular; sobre todo si, como se prevé, la sentencia confirma que
el sueño de muchos ciudadanos nada tiene que ver con la tangible realidad.
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| La Mañana 13.01.2018 |
Hay
mucho miedo latente que viene de la inseguridad provocada por las percepciones y emociones subjetivas de la
ciudadanía y las palabras no
curan. Y es que lo simultáneo, a través de los múltiples medios de comunicación
social, nos invade y cada día nuestra mente se dispersa más. Y las redes
sociales, como si fueran un elemento compulsivo, suscitan desconfianza y
ansiedad; pues limitan la reflexión con su capacidad de modelar, tanto el
mensaje como al mensajero y causan crispación entre los ciudadanos.
Por otra parte, las democracias, casi la única forma de Estado verdaderamente
humana que proporciona la libertad, la igualdad, la fraternidad..., se
tambalean en más de medio mundo. Quizás,
porque cada vez viene siendo más difícil encontrar políticos que hagan bien su
trabajo. No obstante, a pesar de los mediocres y hasta nefastos dirigentes que
invaden los gobiernos occidentales, las democracias, al ser en sus formas
prudentes instrumentos de representación de los valores de la comunidad humana,
evitan, de momento, que la frustración e indignación de los ciudadanos en sus
respectivas naciones y estados, produzcan fracturas irrecuperables en la
sociedad, como las ocurridas no hace muchos años.
En todo caso, tal vez no
sea el sistema político democrático liberal quién esté evitando la cólera del
pueblo; sino que, la escasa respuesta ciudadana ante tanta sinrazón de los
dirigentes nacionales, europeos y mundiales, probablemente sea que el
pensamiento racional y crítico, en esta convulsa época en la que vivimos,
retrocede en nuestra especie. Y, si esto es así, ¿qué tiene de extraño que
terminemos siendo gobernados por populistas, neuróticos, indecentes,
retrógrados y/o despóticos políticos? O, a lo mejor, tiene razón Yuval Noah
Harari en su inquietante artículo Los
cerebros ‘hackeados’ votan, publicado en el diario El País el pasado
domingo 6 de enero, y son los poderosísimos gigantes tecnológicos los que les
eligen con sus algoritmos y nuestros pirateados cerebros navegando por sus
redes.
Hay cosas que extrañan y otras que se
extrañan. Posiblemente porque la mayor característica de la
vida actual no son solamente la inseguridad y la pobreza, sino el miedo y el desasosiego
que siempre está dispuesto a que veamos las cosas peor de lo que son…





