La noche era fría. La hora tardía. El día, el pasado viernes 3 de febrero. El lugar el Teatro de la Llotja de Lleida. La obra, Señora de rojo sobre fondo gris, recrea los meses de verano y otoño de 1975. Un público bullicioso y hablador abarrotaba la sala. Eran las 9h00 de la noche, cuando sonó un timbre y se hizo el silencio. Al cabo de escasos minutos se subió el telón. Todo estaba oscuro a excepción de una banqueta de bar color rojo que permanecía iluminada. De pronto se oyó una voz grave, profunda, era la del inconfundible actor José Sacristán que, antes de comenzar la representación, nos rogaba que apagásemos los teléfonos y, en la medida de lo posible, que evitásemos las toses y todo tipo de ruidos ya que dichos hechos le resultaban enormemente molestos. Labor casi irrealizable de llevar a cabo. Algunos escasos espectadores no atendieron su ruego, no le hicieron caso y no apagaron sus móviles en toda la función y las toses y carraspeos se convirtieron, como por encanto, en la banda sonora que acompañó al actor en todo su monólogo de algo más de hora y media.
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| El actor José Sacristán 3.02.2023 |
Al cabo de unos escasos minutos, apareció en escena el Sr.de Chinchón andando despacio camino de la banqueta, vestido con un sencillo pantalón azul cielo, un jersey rojo de cuello cisne y una chaqueta de uniforme color marrón claro y portando una copa en la mano. De esta manera salió José Sacristán solo al espacio, imponiéndose sobre las tablas y seduciéndonos a todos con su carismática y poderosa voz. Y es que este actor no necesita de nadie más, ya que su sola presencia ilumina el teatro. La puesta en escena es sencilla, se desarrollaba en el estudio de un pintor en horas muy bajas. Un ambiente compuesto apenas por una mesa, algunas sillas, un sofá y una estantería. Eso es todo. Aquí lo importante era el texto y el actor o el actor y el texto al que daba vida Sacristán. Comenzaba la magia...
La interpretación de José Sacristán, fue memorable. No solamente porque se metió en el papel de Nicolás de manera tan creíble y certera, sino, además, por la cantidad de matices, registros y emociones que desplegó durante toda la función. Desde el primer minuto hasta el último, los espectadores no vimos a un actor haciendo de pintor, sino a un personaje que en realidad eran dos a la vez: Miguel Delibes, el autor de la obra, y su álter ego Nicolás. Sí, José Sacristán estuvo inmenso, a pesar de que durante muchos momentos de la representación se tuvo que detener unos instantes debido a las expectoraciones de muchos espectadores y esperar unos segundos para volver a concentrase y retomar el monólogo. Un monólogo íntimo, emocional y lleno de sensibilidad que nos hipnotizaba a los asistentes. En este hilo conductor, me resulta difícil expresar con palabras que puedan hacer justicia, la maravillosa adaptación de la obra de Delibes que nos regalaron su director José Sámano, Inés Camiña y el propio Sacristán. Desde mi punto de vista, Señora de rojo sobre fondo gris, sobrepasa la mera historia de amor que relata y que pone de manifiesto muchas cuestiones ligadas a la condición humana. Es desoladora, hermosa y, sobre todo, ofrece humanidad a raudales durante todo el tiempo que dura la función. Y es que, José Sacristán, con su maravillosa interpretación plasma de una forma arrebatadoramente bella, muchas de las variadas cuestiones que generan que la vida cobre algo de sentido y se llene de alegría. Son esos tiempos, etapas y/o quizás solo relámpagos en los que uno, mirando hacia dentro, se da cuenta de que llegó a ser feliz en un momento dado, aunque él en esos instantes no lo supiera.
Poder disfrutar de la actuación de José Sacristán fue un goce que mereció la pena. Señora de rojo sobre fondo gris fue una oportunidad increíble de escuchar a este gran actor de una forma tan directa, cercana y certera, las emociones más duras que alcanzamos a padecer ante la pérdida de un ser querido.
Para finalizar, un punto negativo. Muy negativo en mi opinión. El edificio del Palacio de Congresos y Teatro de La Llotja, tiene muy mala acústica. Un hecho que ocasiona una gran dificultad para escuchar a los actores. Una verdadera lástima; pues, como se comprobó el pasado viernes, cuando se programa una buena obra de teatro con un contrastado y magnífico actor o elenco de actores, en su caso, el público responde y llena la sala. Sería tan difícil que el citado Centro de Negocios, Convenciones y Teatro de la Llotja, gestionado, según creo, por una sociedad patrimonial mixta participada al 80% por el Ayuntamiento de Lleida y el 20% por Mercolleida, subsanase esta deplorable e irritante situación. Los ciudadanos amantes del teatro y de otros eventos culturales, se lo agradeceríamos. Con los casi 50 millones de euros que costó su realización ¿Es mucho pedir?



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