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domingo, 5 de febrero de 2023

Teatro en la Llotja: Señora de rojo sobre fondo gris.

 

La noche era fría. La hora tardía. El día, el pasado viernes 3 de febrero. El lugar el Teatro de la Llotja de Lleida. La obra, Señora de rojo sobre fondo gris, recrea los meses de verano y otoño de 1975. Un público bullicioso y hablador abarrotaba la sala. Eran las 9h00 de la noche, cuando sonó un timbre y se hizo el silencio. Al cabo de escasos minutos se subió el telón. Todo estaba oscuro a excepción de una banqueta de bar color rojo que permanecía iluminada. De pronto se oyó una voz grave, profunda, era la del inconfundible actor José Sacristán que, antes de comenzar la representación, nos rogaba que apagásemos los teléfonos y, en la medida de lo posible, que evitásemos las toses y todo tipo de ruidos ya que dichos hechos le resultaban enormemente molestos. Labor casi irrealizable de llevar a cabo. Algunos escasos espectadores no atendieron su ruego, no le hicieron caso y no apagaron sus móviles en toda la función y las toses y carraspeos se convirtieron, como por encanto, en la banda sonora que acompañó al actor en todo su monólogo de algo más de hora y media.

El actor José Sacristán 3.02.2023

Al cabo de unos escasos minutos, apareció en escena el Sr.de Chinchón andando despacio camino de la banqueta, vestido con un sencillo pantalón azul cielo, un jersey rojo de cuello cisne y una chaqueta de uniforme color marrón claro y portando una copa en la mano. De esta manera salió José Sacristán solo al espacio, imponiéndose sobre las tablas y seduciéndonos a todos con su carismática y poderosa voz. Y es que este actor no necesita de nadie más, ya que su sola presencia ilumina el teatro. La puesta en escena es sencilla, se desarrollaba en el estudio de un pintor en horas muy bajas. Un ambiente compuesto apenas por una mesa, algunas sillas, un sofá y una estantería. Eso es todo. Aquí lo importante era el texto y el actor o el actor y el texto al que daba vida Sacristán. Comenzaba la magia...

 

La interpretación de José Sacristán, fue memorable. No solamente porque se metió en el papel de Nicolás de manera tan creíble y certera, sino, además, por la cantidad de matices, registros y emociones que desplegó durante toda la función. Desde el primer minuto hasta el último, los espectadores no vimos a un actor haciendo de pintor, sino a un personaje que en realidad eran dos a la vez: Miguel Delibes, el autor de la obra, y su álter ego Nicolás. Sí, José Sacristán estuvo inmenso, a pesar de que durante muchos momentos de la representación se tuvo que detener unos instantes debido a las expectoraciones de muchos espectadores y esperar unos segundos para volver a concentrase y retomar el monólogo. Un monólogo íntimo, emocional y lleno de sensibilidad que nos hipnotizaba a los asistentes. En este hilo conductor, me resulta difícil expresar con palabras que puedan hacer justicia, la maravillosa adaptación de la obra de Delibes que nos regalaron su director José Sámano, Inés Camiña y el propio Sacristán. Desde mi punto de vista, Señora de rojo sobre fondo gris, sobrepasa la mera historia de amor que relata y que pone de manifiesto muchas cuestiones ligadas a la condición humana. Es desoladora, hermosa y, sobre todo, ofrece humanidad a raudales durante todo el tiempo que dura la función. Y es que, José Sacristán, con su maravillosa interpretación plasma de una forma arrebatadoramente bella, muchas de las variadas cuestiones que generan que la vida cobre algo de sentido y se llene de alegría. Son esos tiempos, etapas y/o quizás solo relámpagos en los que uno, mirando hacia dentro, se da cuenta de que llegó a ser feliz en un momento dado, aunque él en esos instantes no lo supiera.

 

Poder disfrutar de la actuación de José Sacristán fue un goce que mereció la pena. Señora de rojo sobre fondo gris fue una oportunidad increíble de escuchar a este gran actor de una forma tan directa, cercana y certera, las emociones más duras que alcanzamos a padecer ante la pérdida de un ser querido.

 

Para finalizar, un punto negativo. Muy negativo en mi opinión. El edificio del Palacio de Congresos y Teatro de La Llotja, tiene muy mala acústica. Un hecho que ocasiona una gran dificultad para escuchar a los actores. Una verdadera lástima; pues, como se comprobó el pasado viernes, cuando se programa una buena obra de teatro con un contrastado y magnífico actor o elenco de actores, en su caso, el público responde y llena la sala. Sería tan difícil que el citado Centro de Negocios, Convenciones y Teatro de la Llotja, gestionado, según creo, por una sociedad patrimonial mixta participada al 80% por el Ayuntamiento de Lleida y el 20% por Mercolleida, subsanase esta deplorable e irritante situación. Los ciudadanos amantes del teatro y de otros eventos culturales, se lo agradeceríamos. Con los casi 50 millones de euros que costó su realización ¿Es mucho pedir?

 

 

 

viernes, 20 de enero de 2023

La mentira, una falacia convertida en realidad

 

Algunos investigadores que trabajan en el campo de la Psicología Experimental sugieren que somos una especie intrínsecamente mentirosa, al considerar que la mentira es una entidad inherente a la condición humana debido a la posible existencia de algún elemento innato o biológico que nos hace susceptibles al engaño. En contraposición, otros analistas de la Psicología Clínica destacan el origen adquirido de la conducta mentirosa. Sea como fuere, la realidad nos muestra que en la inmensa mayoría de nosotros, el uso de la mentira forma parte de los hábitos que ponemos en práctica en la vida diaria dentro de un contexto de convivencia, social o interpersonal. A este respecto, un estudio realizado en la Universidad de Massachusetts (EE.UU.) en el 2002 estimó que el 60% de las personas adultas mienten al menos una vez durante una conversación de diez minutos. Obviamente, ante este comportamiento, la pregunta que surge es ¿por qué mentimos? La respuesta es simple y múltiple: a fin de evitar conflictos o castigos, no herir los sentimientos de otra persona o preocuparla innecesariamente, no realizar o posponer una actividad no apetecible; así como la necesidad de dar una buena imagen, agradar o no ofender a los demás, son los motivos más habituales que llevan a mentir e incluso llegan a considerarse pretextos y justificaciones razonables para usar la mentira como una mera cuestión adaptativa.

 La Mañana 20.01.2023

 

Así pues, la mentira está ligada de una manera u otra a los individuos de nuestra especie. Forma parte de nuestras vidas, pues engañar nos permite conseguir lo que queremos mediante la manipulación y la explotación de otros individuos, ya que, en general, mentimos para obtener algún beneficio: poder, estatus, dinero, sexo… Y es inherente a cualquier actividad humana. Platón, en La República, que es su más influyente obra y compendio de su filosofía, argumenta que pese a que la verdad deba ser valorada sobre todas las cosas, la mentira puede ser eficiente en la política para salvaguardar la autoridad y la justicia del Estado en manos de los gobernantes. En el Renacimiento, Maquiavelo, en su tratado El Príncipe, la teorizó abundantemente. Y en el pasado reciente siglo XX, se adjudica a Joseph Goebbels la expresión “una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”. No hay evidencia certera de que haya sido su autor, pero sí es una buena síntesis de lo que este propagandista nazi hizo durante la Segunda Guerra Mundial. Tan exitosa resultó la labor de Goebbels que bien puede decirse que sus mecanismos han sido copiados reiterativamente por muchos líderes políticos del mundo. Y sectores poderosos de grandes corporaciones multinacionales e influyentes medios de comunicación, siguen valiéndose de manera consciente de la mentira como medio para falsear la verdad de sus productos, manipular las mentes de las personas sobre las que quieren influir y lograr así que acepten lo inaceptable y secunden planes que les permitan obtener grandes beneficios económicos y de otra naturaleza a unos pocos.

 

Actualmente, en España, indicar que los políticos mienten es casi una obviedad, lo comprobamos casi diariamente en los debates del Parlamento del Estado. No son pocos los líderes de todo tipo de partidos e ideologías, aunque unos más que otros, que han sido pillados en las hemerotecas diciendo algo que falsearon y nunca cumplieron: antes y después de ser elegidos por el electorado. No cito ningún hecho ni ejemplo, pues no hay mayor mentira que la verdad mal entendida; así que cada uno piense en aquellos que considere ser ciertos. Y es que sobre las mentiras se han construido regímenes autoritarios y democráticos, se ha modificado la imagen que los pueblos tenían de sí mismos y de los demás, se ha orientado la acción política y militar de los Estados y se han sembrado dudas sobre la falibilidad de los resultados electorales, sin ninguna prueba, como ocurrió en los EE.UU hace un par de años y en estos pasados días en Brasil. Es decir, la mentira siempre ha sido un arma poderosa y tal vez por ello, ahora, en nuestro país, en este recién comenzado año, los partidos políticos, cada uno según su particular ética ideológica, están afanados en colocar las bases necesarias para ganar las venideras elecciones legislativas municipales y autonómicas de la primavera y las posteriores generales, con la utilización de la mentira, la tan efectiva falacia de la verdad a medias y/o algunas escasas verdades. Y es que la mentira política, al igual que la económica, ha llegado a su mayoría de edad: ha crecido, se ha hecho universal y, cada vez más, tiene aspiraciones de permanencia. Desde mi punto de vista, la diferencia más significativa respecto a otras anteriores mentiras históricas, es que las de ahora sustituyen la realidad entera por una imagen falsa y a veces delirante. Y sin embargo, debido a que a menudo responden a los miedos, los deseos y los prejuicios de los ciudadanos, tienen una gran verosimilitud y muchas veces terminan convertidas en materia de los libros de historia, esos gruesos volúmenes de apologética de los poderes donde se recogen las mentiras más significativas inventadas por los humanos.

 

Con todo, quiero pensar y no perder la esperanza de que la verdad y los hechos reales sean obstinados, se esfuercen por continuar existiendo a pesar de las imágenes falsas que tejen los oficiantes del poder y su cohorte de prósperos empresarios y gerentes de multinacionales del petróleo, de la fabricación de armas y/o de especuladores y banqueros. Me enseñaron de pequeño que, al final, las mentiras, incluso las mejor tramadas, tienen una esperanza de vida incierta y terminan reventando por la presión de la realidad. Pero, me temo lo peor, pues el pueblo, a pesar del transcurso de los siglos, considero que sigue siendo ingenuo y en cuanto alguien se le dirige en una lengua concreta y le habla de una patria envuelto en un determinado trapo, se lo cree todo.

 

 

 

 

 

martes, 27 de diciembre de 2022

Navidad, recuerdos de unos pasados tiempos

 

No sé muy bien por qué el tiempo de Navidad me llega siempre cargado de recuerdos. Será porque en esta especial época del año, vienen a rondar a la casa de mi memoria los rostros de mis padres y hermano que se me han ido. O quizás sea, porque en estos días navideños mi corazón está más sensible por alguna atávica costumbre y la nostalgia inunda mi mente con sus rostros. Sea como fuere, la realidad es solo una, tozuda y persistente, y tal vez por eso cada año, cuando el otoño dobla definitivamente su espalda hacia el invierno, se apodera de mí un sorprendente estado de añoranza que me vuelve más sensible y me obliga, en estos días de aparente alegría, a mirar hacia el interior de mis entrañas. Y es que, sin saber por qué, la Navidad más que ninguna otra época del año, me hace volver la vista atrás y tener en cuenta los años que he cumplido. Tengo todos los años llenos, día a día, de las alegrías y penas que he pasado. Y casi tantos años como yo tienen mis recuerdos grabados en el arcón de mi memoria que me traen al presente aquellos lejanos y felices días de mi infancia cargados de perpetuas y cándidas risas inocentes. Probablemente, afloran las nostalgias porque al haberme reunido en estas pasadas festividades navideñas con unos queridos amigos en su casa, me sentí formando parte de una pequeña gran familia que me abrió un hueco en la mente y en el corazón al recordar aquellos otros días de Nochebuena y Navidad de mi niñez, acompañado de mis seres queridos en el lejano Marruecos. Y en ese ensueño, junto a mis padres y hermano, surgieron también las presencias de los populares villancicos que un grupo de pescadores de Larache interpretaban en la iglesia de Nuestra Sra. del Carmen de los Padres Franciscanos, acompañados por el dulce sonido de un pequeño órgano que había en el coro.

 

Pero, no todos los recuerdos navideños que a mi memoria vienen son felices. Pues también emergen con nitidez aquellos dos años transcurridos entre los muros del imponente caserón del internado Marista de Valladolid, en el que aurora tras aurora, viví desguarnecido por la ausencia de mi madre que no nos pudo acompañar a causa del conflicto ocasionado con motivo de la independencia de aquel Protectorado español en Marruecos. Anhelaba su llegada y mientras esperaba impaciente todos los acontecimientos que aún estaban por venir, leía una y otra vez sus cariñosas cartas. Unas cartas que me hacían algo más soportable el día a día de un tiempo que se me hacía eterno, tedioso y vacío en mi desdicha, convirtiendo los pasillos del colegio en las calles de un laberíntico infierno en el que algunos días acabé por haber permanecido solo y sin consuelo en esos corredores demasiado tiempo. Pues, aunque los frailes intentaban ser afectuosos, no había en sus gestos, ni en sus palabras, ni en sus hechos, nada que pudiera paliar ese amor materno que tanto añoraba. Quizás, su manera de proceder fue un mal menor para poder soportar toda la negrura en aquel presente. Y es que la soledad sentida en aquel internado durante esos dos años, fue una guadaña que casi llegó a segar en mí cuanta aptitud tenía para la relación con los compañeros y, a veces, hasta me dejó vacío, lavado de sentimientos. Fueron días en los que experimenté la dolorosa tristeza que, a pesar de la compañía de mi hermano mayor, puede llegar a sentir un niño en tan temprana edad por la ausencia de sus padres.

 

Es curioso cómo la memoria guarda en algún rincón oculto de su espacio determinadas presencias y se niega a borrar algunas otras semblanzas, personajes y momentos que forman parte de nuestro pasado. Acaso sea porque aquellos niños que hoy constituimos la generación madura de un incipiente ocaso, vivimos unos tiempos más benévolos que los actuales en estas celebraciones navideñas. Una época en la que los mayores trataban de explicarnos el significado cristiano de la Navidad en familia, creando vínculos emocionales de amor, de solidaridad y de alegría.

 

Hoy los tiempos han cambiado y aquellas voces infantiles se han vuelto más graves. Dejemos, pues, los recuerdos a un lado, adentrémonos por los corredores de la vida haciéndonos eco de esos medios de comunicación que, a todas horas, nos dicen que debemos de reír, ser felices, soñar y hacer proyectos de futuro, a pesar de la omnipresente crisis de valores y económica y de esa cruel y vergonzosa guerra que se libra en Ucrania, corazón de Europa, y recuperemos todos nuestros sueños.

 

Con mis mejores deseos para que el venidero 2023 nos sea propicio en todos los aspectos de nuestras vidas y logre que la paz en el mundo sea tan real y verdadera que hasta el silencio nos parezca ameno.

miércoles, 14 de diciembre de 2022

Conócete a ti mismo.

 

Las ideas que siempre son muy complicadas de transmitir, son difíciles que puedan llegar al público de manera sencilla. Y para ello, para conseguirlo, no hay mejor forma que intentar seducir al lector cuando se divulgan, tanto a nivel oral como por escrito. En este sentido, la filosofía que es una doctrina que usa un conjunto de razonamientos lógicos y metódicos sobre conceptos abstractos, es una aliada poderosa para alcanzar el objetivo. Pero hay un inconveniente en este terreno de poder llegar a la gente, ya que filósofos como Platón, Aristóteles y otros son escasamente asequibles y comprensibles para la mayoría de los ciudadanos. Sin embargo es necesario poder y saber utilizar dicha disciplina, pues es a través de ella como podemos construir nuestra correspondiente personalidad a lo largo de la vida. Sobre todo en esta época que nos toca vivir en la que se han acelerado muchas cosas en poco espacio de tiempo y esta circunstancia está generando cierta perplejidad, incertidumbre y desconfianza en la sociedad y en los individuos que la componemos. Y es que hasta hace unos años, los referentes que en mayor o menor medida todos teníamos, se han ido perdiendo y los ritos, importantes aliados, están desapareciendo.

La Mañana 14.12.2022

 

En este contexto, antes había una pedagogía del placer. Por ejemplo, en un determinado día era frecuente que la familia realizara una establecida costumbre, como puede ser comer fuera de casa para festejar un cumpleaños. De esta manera, el deseo, actuaba para fortalecer una satisfacción y sentimiento que ya se habían experimentado en años anteriores. Había, alrededor del hecho, toda una pedagogía muy atractiva que generaba el que se disfrutara de la alegría y voluntad de salir de casa a comer. Pero ahora, se ha dado la vuelta y ya no se jerarquiza el placer por encima del deseo, sino que es el deseo el que se prioriza ante el placer y, al mismo tiempo, nos dicen continuamente que desear es maravilloso y que es imprescindible activarlo; ya que el deseo es proactivo e implica iniciativa y capacidad de liderazgo. Y, con este comportamiento lo que ocurre es que ansiando tanto, la capacidad de disfrutar de la vida y repetir un placer que ya conocemos, pasa a un segundo plano, perdiendo así esa citada pedagogía que teníamos marcada como un ritual en la familia y que nos proporcionaba una cierta identidad. Además, ahora, cuando nos venden ese discurso tan goloso del auto emprendimiento y del empoderamiento, nos están diciendo implícitamente que es un placer el hecho de desear. Sobre todo cuando, a partir de la activación del citado deseo, lo enfocan al mismo tiempo al plano laboral. Es decir, lo que nos indican es que el éxito y desarrollo de la felicidad va a pasar en exclusiva por ahí. Con lo cual, se pierde la capacidad de entender la vida como un macrocosmos donde hay más cosas que el mundo profesional.

 

Y otro tanto ocurre con la bulimia emocional, esa especie de ansia por consumir experiencias; las máximas posibles, para vomitarlas rápidamente en las redes sociales y pasar a la siguiente. Una voracidad emocional que lo que hace en el individuo es irle quebrantando poco a poco su manera de ser, al generar en él una sensación de vacío interior e insatisfacción personal. Lo que provoca que no vuelva a experiencias anteriores, aunque hayan sido placenteras y le hayan gustado, consiguiendo así que se le vaya anulando el sentido común que posee, si es que todavía conserva intacta alguna pequeña parcela del mismo. En este aspecto, genera el absurdo de que a pesar de que haya tenido una experiencia maravillosa, no debe repetirla para poder así experimentar otra nueva, invalidando y eliminando, de hecho, la posibilidad de asentar una conducta y/o norma que ha sido agradable y provechosa. Y, por otra parte, se le engaña diciéndole que si repite la experiencia, lo que hace es perder oportunidades de conocer otras. Con lo cual estigmatiza la repetición, se entra, de esta manera, en esa citada gula emocional que les lleva a querer continuamente algo nuevo, lo que se conoce con el término de “neofilia”. Es decir, individuos con un tipo de personalidad caracterizada por una fuerte afinidad hacia la novedad. En resumen, la novedad se convierte en una especie de obsesión en torno a que lo insólito es bueno. Y pienso que no siempre es así; pues, la vida, invariablemente tiene sus momentos y el acontecimiento innovador o diferente siempre llega. Solamente tenemos que esperar que en la nublada vigilia de un ansiado mañana, salga el sol. Y es que a veces la vida no se entiende y hay que salir a buscarla; sobre todo, cuando vivir requiere pensar.

 

Finalizo regresando a la filosofía, pues entiendo que sería beneficioso y positivo para todos que el aforismo griego inscrito en el pronaos del templo de Apolo en Delfos “Conócete a ti mismo”, nos recordara siempre la importancia de mirar hacia dentro antes de tomar cualquier decisión, fuera el punto de partida para comprender el mundo y se convirtiera en una necesaria norma de vida. Y es que conocerse a uno mismo ha sido y es el desafío más grande y trascendente del ser humano. No es sencillo.

 

viernes, 9 de diciembre de 2022

Las complejas relaciones con los demás

La forma en la que a lo largo de nuestra vida el azar nos junta a determinadas personas estableciendo con ellas una relación de afecto a través de los sentimientos, siempre me ha producido extrañeza. Lo encuentro y me resulta un hecho tan sorprendente e insólito que es como si hubiera un propósito de vínculo oculto y misterioso más allá de las aparentes e inexplicables coincidencias ante las reacciones o percepciones mentales ocasionadas por los estímulos percibidos. De hecho, desde los primeros juegos hasta la reposada vejez, los seres humanos establecemos relaciones más allá del ámbito familiar, que nos permiten conectar con otras personas con las que compartimos sus mismos intereses, aunque no siempre. Tal vez por eso, seguimos sin comprender muy bien cómo forjamos nuestras relaciones y amistades que, en algunos casos son circunstancialmente pasajeras, pero que en otros pueden durar toda la vida. Cada una tiene su valor y significado; sobre todo cuando las miramos en perspectiva, aunque es indudable que todas tienen en común el reconocimiento recíproco. Y es que los amigos y las relaciones de pareja no se producen por generación espontánea. Comienzas a tratarlos antes de explorar lo que te agrada de ellos.

 

La Mañana 9.12.2022

Sabemos que la amistad es muy importante en nuestras vidas, y sabemos también que es un misterio cómo se fraguan y que muchas veces vienen determinadas por el puro azar. En este sentido, relevantes estudios biológicos y de la neurociencia, han constatado la importancia que tienen en nuestro bienestar social y calidad de vida un buen funcionamiento de las relaciones de amistad. Pero realmente no es fácil entender el impacto que ocasionan y mantienen en cada uno de nosotros dichos lazos de afecto o, al menos, a mí no me resulta sencillo de interpretar ni comprender el complejo sistema de nuestras relaciones humanas; pues es una selva plena de símbolos y es difícil dar con el código adecuado. No obstante, según parece, comienzan a visualizarse algunas pistas que indican que hay una correlación directa entre el número de neuronas neocorticales de cada uno de nosotros y el número de relaciones sociales que podemos llegar a gestionar. Unas relaciones que, en el hecho de la de amistad, en el mejor de los casos, pueden llegar a conformar un grupo de, aproximadamente, unas 150 personas con las que nos entrelazaríamos de forma cercana y personal. No obstante, según un estudio del psicólogo británico de la universidad de Oxford Robin Ian Dunbar, que es, además, antropólogo y biólogo especializado en el estudio del comportamiento de primates, los humanos tenemos capacidad para mantener solamente una media de cinco amistades íntimas. Y que dentro de esas cinco relaciones personales y esenciales, con las que nos sentimos muy unidos, pueden entrar también familiares e incluso se puede dar la circunstancia de que todas ellas sean familiares. Y, según indica en su estudio, acota tanto la cifra a cinco individuos, debido a que mantener este tipo de relaciones es muy costoso, tanto en términos del tiempo social empleado, que puede llegar al 40% del total, como al esfuerzo que exigen de mecanismos cognitivos, como la constancia y atención, pues son personas en las que pensamos mucho, de las que esperamos más y queremos saberlo todo.

 

La autoestima que tanto se valora hoy día y su intrínseca dignidad nos fortifica y el interés que podemos despertar en los demás nos masajea. El aislamiento temporal, buscado y pactado con la propia conciencia, acostumbra a ser buena fuente de energía porque ayuda a vernos solos frente a un espejo que potencia nuestra propia imagen. Durante minutos, horas o días, aislamos y paralizamos bullicios, compromisos y desasosiegos hasta lograr escuchar, en un silencioso vuelo por nuestros rincones más recónditos, los latidos de los más íntimos sentires. Pese a todo, salvo estos marcos  de reflexión, nuestra vida se desliza metida en esa corriente imparable, en ocasiones remanso y a veces remolino, que es la relación con los demás. Y es que, en este mundo perdidamente materialista, sus positivos efectos son muchas veces opacados por otros latidos de nuestras neuronas que nos llevan a replantearnos muchas cosas. Por ello, si la reflexión es reencuentro con uno mismo, la relación personal de pareja o de amistad es, en muchas ocasiones, interés y beneficio. En libertad, sólo nos relacionamos con quienes nos interesa porque nos aportan algunas de las mil y una energías que necesitamos para alimentar de materia y de sentir nuestras vidas: cariño, camaradería y amistad, energía, entendimiento, seguridad, esparcimiento, alegría y hasta seguridad… ¡hay tantas!... y cada cual se sabe las suyas. Y al igual que uno busca a otros sin más, hay quienes prefieren nuestra relación porque creen que les aportamos aquello que no tienen y que les sirve. A la larga, todos somos colectores de vida y soplos de tiempos notables e inolvidables. Permutamos nuestros cromos con los que más nos importan y nos atrae de los demás. Siempre que lo hacemos, intentamos y procuramos mejorar y/o suplir los espacios vacíos de ese álbum intransferible que llamamos: “Nuestra vida”.

 

Quizás tenga razón el psicólogo británico y en realidad solo podamos tener o mantener cinco amigos. Esos que, en muchos casos la pandemia y, en otros, cualquier distinta o nueva circunstancia inesperada, nos ha ayudado a verlos. Y eso que la conexión entre las personas dicen que lo es todo; posiblemente, porque un amigo es siempre uno mismo con otra piel.