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martes, 28 de mayo de 2019

Simple análisis postelectoral


Sabido es que "la política" es el elemento básico transformador de la sociedad. Quizás por eso, el “sabio pueblo“, en determinadas comunidades y municipios, ha decidido otorgar su voto a partidos que les han estado robando durante años; se conoce que les han robado poco y quieren que sigan haciéndolo más. Seguramente, porque esos votantes que les dan nuevamente su confianza, si estuvieran en el puesto de esos políticos, actuarían de igual modo a como lo han hecho ellos.

Por otra parte, en el Partido Morado, se ha demostrados que, en política, como en la vida, el odio entre parientes es el más profundo. ¡Qué lástima!

Ahora, tras los resultados electorales, se juega otro partido. A saber: 
1º.-  El de ¿qué hay de lo mío? 
2º.-  El de tú me apoyas aquí y yo, a cambio, te facilito la investidura allí.

Y, mientras tanto venga a hacer declaraciones solemnes para entretener al personal ¡País...!

Sin acritud.

domingo, 5 de mayo de 2019

Ciencia y progreso tecnológico.



Desde los albores de la humanidad, nuestra especie, como norma de conducta, se ha dedicado afanosamente a reemplazar cualquier situación dada por otra que ha juzgado más eficaz, útil y conveniente. En este contexto, ¿Es irremediable la digitalización de la humanidad? ¿Estamos todavía a tiempo de escoger otro rumbo u otro sistema? Actualmente, el ser humano considera haber hallado en la tecnología digital la herramienta necesaria para acrecentar, casi sin límite, su poder y bienestar. No obstante, convendría ser cautos, pues la criatura que estamos  creando, quizá algún día inquiete y hasta nos desafíe con ocupar nuestro lugar.

Hoy en día, poseemos ya el utillaje e instrumentos necesarios para escoger casi cualquier futuro. Desde el primer momento la tecnología digital nos cautivó. Una tecnología que comenzó a finales de la década de 1950 y se consolidó en los años setenta, y que llegaba, fundamentalmente, para mejorar la vida del ser humano a partir de diferentes herramientas y recursos científicos. Desde entonces, nuestra capacidad creativa no ha parado de sorprendernos con logros impensables en cualquier campo de la ciencia. Quizá por eso, la idea de futuro es cada día más difícil de establecer y el antiguo “futuro” se ha trasformado en el presente “hoy” con la continua e innovadora revolución que la ciencia, a través de la tecnología, pone diariamente al servicio del ser humano.
La Mañana 5.05.2019

En este sentido, un día no muy lejano, una pastilla ingerida atravesando nuestro tubo digestivo, logrará descubrir cualquier indicio de cáncer. También podremos saber cuándo nuestro cerebro permanece activo y cuándo se desconecta. Asimismo, las prótesis que proporcionan a las personas sin extremidades la facultad de efectuar actividades que nunca antes habrían podido hacer, es ya un hecho. Igualmente, vehículos autónomos, dispositivos y sensores para hacernos la vida más fácil, drones repartidores o robots en el supermercado son previsiones más que optimistas. De la misma forma, no tardando mucho veremos también trajes exoesqueletos que facilitarán a la gente destrezas sobrehumanas. Todos estos serán algunos de los ingenios del futuro. Y, además, dispondremos de unos dispositivos que nos monitorizarán para detectar anomalías, observar, vigilar y controlar, constantemente, nuestros signos vitales: la tensión, la temperatura, el pulso, la calidad del sueño... Pero, toda esa información tiene un riesgo, el de unos datos que compartimos y que van dejando tras sí determinados vestigios y marcas que no se borrarán nunca. Y ese es un gran problema, pues el rastro digital jamás se extingue; ya que el ciberespacio no descansa nunca. Esta ingeniería tecnológica es la puerta de entrada a un mundo casi desconocido todavía, en el que unos secretos algoritmos generarán específicos y precisos programas, previamente establecidos, que satisfarán todos nuestros deseos, sueños y ambiciones. Y es que la tecnología, al servicio de la ciencia, adivinará hasta nuestros más íntimos anhelos.

En este marco científico tecnológico, convendría preguntarnos ¿Dónde se encuentra el límite a tanta medición? ¿Se puede reducir y condensar el misterio de la vida en una combinación de cifras? En un presente futuro, la frontera será todavía más difusa… Por ello, interesaría que, sin renunciar a los efectivos avances experimentados, fuésemos críticos con las máquinas; ya que corremos el riesgo de convertirnos en una sociedad totalitaria y orwelliana. Una sociedad que probablemente ya existe, pues resulta evidente que el “Gran Hermano” ya está aquí, cohabita y está presente entre nosotros, y ha llegado para quedarse.

Y es que, extrayendo de la experiencia la cotidiana realidad, la percepción que se presenta a nuestra especie sobre el porvenir humano, es más bien pesimista. Ya que, de hecho, no obramos ahora mejor que antes; pues, si bien se ha vuelto más complejo el cerebro tecnológico, no ha progresado nada o muy escasamente nuestra condición y naturaleza emocional. Y, en consecuencia, corremos el riesgo de la aparición, en nuestra tecnológica y sofisticada humanidad, de una nueva eugenesia que nos lleve, en última instancia, a violaciones de los derechos humanos; porque, a pesar de los avances, como antes y como siempre, seguimos siendo primitivos, con comportamientos atávicos y rehenes del miedo.

Cada día más, avanzamos y vamos viviendo en una sociedad intensamente dependiente de la ciencia y la tecnología y, sin embargo, casi ninguno de los usuarios sabemos nada o poseemos muy escasos conocimientos de estos temas. No sé si este hecho establece la fórmula más eficaz y segura para dirigirnos hacia el desastre. Tal vez, tuviera razón el ensayista y novelista inglés Aldous Huxley, cuando nos decía que “El progreso tecnológico sólo nos ha provisto de medios más eficientes para ir hacia atrás”.


jueves, 11 de abril de 2019

Despoblación y despoblamiento.



El pasado día 31 de marzo, más de 80 asociaciones de diversas provincias de la “España vacía”, agrupadas en torno a las plataformas Teruel Existe y Soria ¡Ya!, se manifestaron en Madrid para protestar por la falta de atención del Gobierno del Estado y de las Administraciones periféricas a estos territorios y reivindicar la aplicación de medidas políticas concretas que eviten su despoblamiento.

Este tradicional abandono por parte de las instituciones, ha ocasionado un profundo malestar en las capitales de provincia, pequeñas ciudades y en el mundo rural de dichos territorios, al verse empobrecidas por la pérdida de empleos y la falta de expectativas provocadas por la deslocalización industrial y, en consecuencia, la disminución y deterioro de los servicios públicos esenciales. Todo lo cual ha generado un fuerte despoblamiento y, subsiguientemente, la desertización de una importante cantidad de pueblos de Aragón y de Castilla. El origen y causa de estos hechos, se atribuye a más de un ministro de las antiguas nóminas franquistas que, en connivencia con poderosas empresas de la época, taimadas ambiciones personales y coordinados con altas instancias de la dictadura, entorpecieron el establecimiento de determinadas industrias que pudieran arraigar a la población rural en ellas. De hecho, a modo de ejemplo, FASA-Renault, la empresa llamada a revolucionar económicamente Castilla, que fue fundada en 1951 por el Teniente Coronel e ingeniero andaluz, Manuel Jiménez-Alfaro, con el apoyo económico de cinco empresarios, tuvo que sortear ciertas trabas; ya que, según se cuenta, en un principio se pensó establecerla en la ciudad de Salamanca, pero el pronunciamiento de un alto dignatario de la diócesis salmantina: “Prefiero obreros de alpargatas que obreros de corbatas”, conllevó su instauración en Valladolid, la ciudad del Pisuerga.
La Mañana- 11.04.2019

A mi modo de ver, si bien en nuestra vida cotidiana, las causas de los hechos no son demostrables en casi nada, sí son probables en casi todo. Y es suficiente argumento, para las casi masivas protestas de los pasados días en Madrid, ante la situación generada en cientos de pueblos. En este sentido, al margen de sospechas y recelos, la realidad nos lleva a pensar que ha venido siendo norma sistematizada la ausencia por estudiar la forma de remediar el vaciamiento de los pueblos; lo que ha conllevado, inevitablemente, al florecimiento extensivo del cardo y otras malezas, el desmoronamiento de las viviendas y a un negro futuro de la población rural que, de cumplirse el vaticino, terminará viviendo sobre los pedregales o desapareciendo.

A pesar de que determinadas mancomunidades, organizaciones no gubernamentales, sociedades, algunos notables escritores y ciertos nombres contados y excepcionales, al menos por la singularidad de sus preocupaciones frente al desinterés general de la ciudadanía, se han venido ocupando en estos últimos años de hacer públicos concluyentes y alarmantes datos estadísticos sobre el abandono de pueblos y tierras del mundo agrario. Sin embargo, desde un tiempo atrás, al día de hoy, nada ha cambiado y nada se hace. Y la triste y sombría realidad es que, lo que para el común de los mortales puede parecer ya, sin más, un verdadero drama, para los serenos cerebros de nuestros políticos y de los empresarios regionales y nacionales, no deja de ser más que la evolución natural de los acontecimientos sociales y movimientos migratorios.

“La España vaciada” ha salido a la calle para denunciar su abandono. Sería aconsejable que no se viera la depauperación económica del medio rural como un signo permanente e irrecuperable de agotamiento. El flujo continuado de la población joven a la ciudad, con la consecuente desintegración de los núcleos familiares, la caída del índice de evolución demográfica y el inexorable envejecimiento de los “supervivientes”, conllevan a una cadena de infortunios, a un estado de incertidumbre y, sobre todo, a una gran soledad en bucólicos, bellos y apacibles pueblos y aldeas. Una inmensa soledad agravada por la falta de interés de las grandes compañías tecnológicas en hacer llegar al medio rural las imprescindibles conexiones de alta velocidad que permitan el fácil acceso a internet. Un acceso generalizado y de buena calidad en el mundo rural, es la base imprescindible a partir de la cual es posible que su desarrollo siga existiendo.
Por ello, entiendo, que esta sería la reclamación fundamental que el mundo económico y político debería asumir de forma inmediata. Todo lo demás no sirve. Si se gana esta batalla, ganaremos todos; pues el mundo rural es un hermoso lugar para vivir y vale la pena defenderlo. Lo contrario es abocarlo a la despoblación y su despoblamiento.




martes, 19 de marzo de 2019

Tempus fugit



Nos es muy frecuente escribir sobre sensaciones, aunque la vida sea casi un sinfín de sobresaltos, impresiones y emociones. Digo esto porque, desde que he comenzado el año, no sé qué me sucede con el tiempo que se me otorga cada día, pero es como si un duende me lo robara. El caso es que no paro en toda la jornada y, sin embargo, cuando llega el momento de echarme en brazos de Morfeo, tengo la sensación de que no he hecho todo aquello que me debería proporcionar más satisfacción: leer, escribir, ir al cine, asistir a alguna conferencia, visitar una exposición, acudir a un concierto o personarme en el teatro, cuando alguna obra aterriza en la ciudad, y realizar las actividades físicas diarias propias de un jubilado. Y es que, ahora, a tanto ya no llego.

Quizá sea porque, a partir de una determinada edad, la percepción del tiempo nos cambia según las actividades que realicemos. O bien porque, al estar en un momento de mudanza de ciclo, miro con añoranza aquello que he vivido y, por eso, me quejo de que el tiempo se encoge y las cosas no sean tal como fueron. Sea lo que sea, y a pesar de ser consciente de que el mundo evoluciona, todavía sigo creyendo que hay hechos que no deberían cambiar nunca: la honradez en el desempeño del trabajo, la consideración que debemos a los demás, el escrupuloso sentido de la ética, la solidaridad etc. Seguramente todo eso sigue existiendo, pero se revisten con otras formas a como las he vivido y…, entonces, me ocurre como con el tiempo, que se me escapan o yo no las veo. Intento entenderlo, pero mis parámetros son diferentes y esto, probablemente, me condiciona a la hora de analizar correctamente la situación actual de la sociedad, de la cultura y de nuestra propia civilización en esta etapa, en este proceso y en este momento. Y, en consecuencia, llego a una conclusión que entiendo que, tal vez, es incorrecta: todo es una fantástica engañifa. Y en esta mentira y enredo incluyo hasta la propia existencia; pues, la vida, casi sin darme cuenta, se me va convirtiendo en la ficción de una realidad que ya no existe. Y es que se da la paradoja de que la vida, a la vez, lo es todo y no es nada. Quizá, porque nuestra imaginación nos agranda tanto el tiempo que hacemos de la eternidad una nada, y de la nada una eternidad. O, tal vez, porque esa eternidad definida como una perpetuidad sin principio, sucesión, ni fin, sea la que Aristóteles definía como “el tiempo que perdura siempre".


Y opino esto porque, teniendo los años que tengo, vivo entre el fuego cruzado de una generación que deja de saber todo sobre un mundo que ya no abarca ni entiende totalmente y otra, que empieza a estar al corriente sobre una sociedad cuyo espacio, del todo, aún no comprende. Y es que, con tanto y rapidísimo avance tecnológico, llegar a cierta edad no es nada fácil.
La Mañana 19.03.2019
Posiblemente porque el mundo que me rodea y yo tememos que el tiempo se acelere, pase corriendo, y que mi vida se vaya con él.
Indico esto, porque entre que nos conformamos con lo que hacemos y se supone que es lo que tenemos que hacer y que dejamos que el transcurso del tiempo ponga todo en su lugar, se nos escapa la existencia. No obstante, sospecho que los caminos que llegan a esta conclusión son particulares y cada uno los transita a su manera. En todo caso cabría preguntarse: ¿Cuál sería la vida que, con sus circunstancias, realmente tendría sentido para mí, para ti, para cada uno en esta etapa, en este tiempo? Si lo descubres, amigo lector, a trazar caminos, ya que el tiempo hay que aprovecharlo, pues es lo único que no tenemos.

Con relativa frecuencia, me gusta irme al pasado porque me permite ver mejor el presente. Es la mejor manera con la que he conseguido entender que cada día que pasa no es no es un día más, sino un día menos. De este modo y con esta actitud logro valorar mejor lo que realmente importa. Y darme cuenta de que he llegado a una edad en la que escoger bien el propio tiempo, es ganar tiempo; porque luego, para nada tendré un minuto, ni un segundo, ni un momento...El tiempo no es sino el espacio que hay entre nuestros recuerdos y el mañana es sólo un adverbio de tiempo. ¡Quién pudiera vivir en ese universo espejo, del que nos hablan algunos científicos, en el que el tiempo fluye hacia atrás…!

Quién sabe si aún estoy a tiempo de pensar el tiempo. Ese tiempo que acaso cabría definir como un espejo móvil de la eternidad. A lo mejor, yo veo el tiempo como lo veo porque desde pequeño me enseñaron a callar, para dejar hablar al tiempo. Silencio. Tempus fugit

viernes, 8 de marzo de 2019

¡Mujeres! Es vuestro momento, sois el futuro.


Hablemos hoy, 8 de marzo, de cosas importantes. Hablemos del Día Internacional de la Mujer, esa fecha establecida por la ONU en 1975 en honor de aquellas 122 mártires que, luchando por la igualdad, fueron quemadas dentro de la propia fábrica donde trabajaban. Corría el año 1911. Pero, retrocedamos más atrás. Volvamos al pasado más remoto. Hasta ese lugar de África en el que, los bosquimanos del sur, un pueblo hablante de lenguaje clic, ese chasquido consonántico cuyos sonidos suenan como besos y estallidos de cansancio, resultan ser nuestros más antiguos ancestros. Toda la humanidad actual de nuestra especie homo sapiens somos, en línea directa, sus herederos directos. Pues bien, admitidos estos hechos, me pregunto: ¿Cómo sería hoy la vida en el mundo, en Europa, en España, sin esas mujeres de la etnia San, que habitaron hace miles de años las tierras del África austral, crearon sociedades y escribieron la historia? Sin duda, ellas fueron las que consiguieron, con una inimaginable fortaleza e inteligencia, que nuestra especie y nuestras sociedades hayamos ido evolucionando hasta llegar a este siglo XXI. Y, sin embargo, nuestra historia evolutiva y social ha estado monopolizada por un considerable androcentrismo. Es decir, identificado lo masculino con lo humano, en general, e ignorando el papel clave que ha jugado la mujer en el citado avance como especie y en el progreso social de cada comunidad. De hecho, no fue hasta el año 1791, fecha en la que la escritora francesa Olympe de Gouges redactó la Declaración de los “Derechos de la Mujer y de la Ciudadana”, cuando se reconocieron los derechos de las mujeres. Ya que, la “Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano”, proclamados por la Revolución Francesa, no amparaba a la mitad de la humanidad; esto es, a las mujeres.Y es que la desigualdad entre hombres y mujeres no es nada nuevo. Como tampoco lo es la lucha contra esta desigualdad.
La Mañana 8 de marzo de 2019

La historia humana del hombre, comúnmente, ha sido y ha ido caminando hacia la elaboración del concepto de la libertad. Mientras que la historia de la mujer ha transitado en un continuo proceso de su reivindicación libertaria del yugo del hombre. Por eso, la libertad, la justicia y la igualdad no son, en sí mismos, derechos de las mujeres, sino conquistas universales que se han logrado sobre los poderes dominantes. Y es que, lo que no se conquista, nunca será un derecho, sino un deseo.
Desde entonces hasta hoy, las mujeres, han ido, con infinita paciencia, escribiendo su historia y conquistando sus legítimos derechos. Unos derechos humanos que se les había negado, a veces, con violencia y en otras, llegando incluso al asesinato. Una lacra social que les hace víctimas de la violencia machista: “el terrorismo de género”. Un delito que aún no está tipificado, ni recogido en el Código Penal. Tal vez, debido a que, la violencia de género, se percibe todavía en nuestra sociedad como un “asunto de mujeres”. Y, éste, es un gran problema porque, aceptada esta situación, deberíamos ser sensatos y cautos para sujetar los desaforados entusiasmos de quienes piensan que cualquier escenario y  difícil realidad se soluciona a base de decretos y leyes. Sobre todo porque si olvidamos la prudencia nos podemos encontrar, en lugar de la aceptación y la asunción buscada, en un rechazo hacia las disposiciones y, por extensión, en una verdadera hostilidad hacia quien la norma pretende defender.

Por todo ello, hoy, 8 de marzo, Día Internacional de la mujer, por un instante, cambiemos algo del pasado. Dejemos que el pensamiento nos acaricie, fascine y absorba en lo preciso y renunciemos a lo establecido sin inquietud ni recelo, para que la igualdad entre hombres y mujeres se fije en el armazón de nuestro ser y nuestra mente. Pues, todo lo que rodea, involucra o cubre a un suceso, casualidad o momento vital, es lo que diferencia, especialmente, a cada uno de nuestros principios y razonamientos.
La igualdad debe ser un componente central en nuestra actual sociedad. De modo que hoy, más que nunca, mujeres, alzad la bandera de la igualdad y batallad por vuestros derechos, contáis con mi leal y humilde colaboración. “No hay barrera, cerradura ni cerrojo que puedan imponer a la libertad de mi mente”. Nos dejó escrito Virginia Woolf, feminista y escritora nacida en 1882. ¡Háganle caso!