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martes, 28 de enero de 2020

Decisiones del destino


La vida, nuestras vidas, se mueven siempre en la frontera entre lo posible y lo imposible, entre la realidad y el deseo. Es un territorio en el que algunas personas se mueven de una forma natural sin forzar nada, mientras que a otras les cuesta un supremos esfuerzo modificar el rumbo que el destino les ha marcado. Estas últimas son los que, un buen día, se acercan al espejo y se preguntan incrédulos ¿cómo he llegado hasta aquí? Y es que, todo lo que conforma lo que llamamos vida, es la suma de haber tomado unas pequeñas decisiones que bien podrían haber sido otras y, en ese supuesto, nuestra vida no sería la misma, habría cambiado.

Realmente, lo que somos está repleto de una sucesión de hechos reales y posibles. Pero que podrían haber sido otros y nos produce vértigo imaginar lo que nos hubiera ocurrido si hubiéramos optado por alguna de esas otras vías alternativas. La vida la vamos modificando casi cada día, ya que las grandes deliberaciones que adoptamos siempre vienen precedidas por otras más pequeñas que, generalmente, nos pasan inadvertidas.
La Mañana 29.01.2020

Somos lo que somos gracias a entusiasmos y afanes que revolotean a nuestro alrededor con la misma destreza que lo hace una abeja en busca del néctar de una flor. Tal vez por eso, lo que somos o lo que llagamos a ser tiene mucho que ver con juicios de valor aparentemente nimios. ¿Qué hubiera sido de mi vida si aquella noche no hubiera salido de casa con los amigos? o ¿qué hubiera ocurrido si hubiese rechazado la proposición que dulcemente me hizo estando juntos en el sofá de aquella discoteca? En ambos casos, si hubiésemos tomado otra determinación, hoy seríamos otro, no digo ni mejor ni peor; pero sí distinto. No seríamos el mismo. Probablemente nos reiríamos con otras personas diferentes, leeríamos otros libros, viajaríamos de vacaciones a otros lugares… Y es que la vida, a través de nuestros juicios, osadías, valores y/o ánimos, nos va inclinando a escoger entre una cosa y otra. Y lo hace de una forma tan sutil y casi tan imperceptible hacia un determinado lado de unas vidas paralelas que, cuando nos damos cuenta, ya no podemos escapar.

A lo mejor no somos más que instantes, coyunturas, efímeros soplos temporales y un encadenamiento de recuerdos. Con nuestro tiempo repleto de horarios y reuniones de trabajo, hemos pervertido la trascendencia de la vida. Desde esta perspectiva el tiempo se vuelve escaso y echamos de menos todo aquello que no hemos hecho. Y es que caminando en estos espacios y con estas realidades, no es aceptable vivir ni proceder de tal manera que no nos ocasione ningún daño.

Ya nos lo indicó el escritor británico Gilbert Keith Chesterton: “Siempre se ha creído que existe algo que se llama destino, pero siempre se ha creído también que hay otra cosa que se llama albedrío. Lo que califica al hombre es el equilibrio de esa contradicción”. Posiblemente la historia de nuestra vida está escrita, como dice el citado autor, por el hecho de que el destino agita y revuelve las cartas, y nosotros las jugamos. Quizás, al final, recogemos lo que nos hayamos merecido o, tal vez, nuestro éxito o fracaso no son más que las decisiones del destino.


domingo, 19 de enero de 2020

Tiempos convulsos.



Todo cambia a un ritmo extraordinariamente acelerado. Es como si esa energía oscura de la que nos habla la astrofísica se hubiera instalado en nuestra sociedad y actuara de separador de las clases sociales y de los logros obtenidos por la clase trabajadora a lo largo del pasado siglo XX. Actualmente, asistimos a una voracidad redoblada del sistema capitalista mundial extendido y capitaneado, a nivel planetario, por los grandes magnates y las multinacionales, oriundas, fundamentalmente, de los Estados Unidos. Un capitalismo que actúan con total y absoluta impunidad para conseguir sus fines a través de los distritos financieros más importantes del mundo, como son el neoyorquino de Wall Street y la City de Londres, donde, diariamente, se compran y se venden productos financieros por valor de dos billones de dólares; es decir, la tercera parte del total de dinero que fluye y se maneja en el planeta. El gran capital prolifera y se mueve como pez en el agua. Y esto ocurre a causa de la práctica inexistencia de unos partidos políticos y unas organizaciones sindicales, de una verdadera izquierda activa y sabiamente organizadas que plantasen cara en favor de una defensa justa y equitativa del salario de las masas de trabajadores, de su dignidad y de su voluntad de existir como ciudadanos libres y cívicamente modernizados.

La socialdemocracia e, incluso, lo que queda de los movimientos comunistas, hace años que han claudicado ante el capitalismo salvaje, ante los integrismos liberal-conservadores y ante toda la inmensa parafernalia aliada junto al poder del dinero y de las grandes multinacionales propietarias de los medios de producción y de comunicación. Y es que existen verdades que hoy en día no son populares y evidencias que se esconden o se tergiversan; pero, que debieran explicarse alto y sin rodeos. Por el contrario, la escasa gente que se atreve a denunciar y abordar los problemas que acechan a las clases más desfavorecidas, con sinceridad y objetividad, se les descalifica como reaccionarios por un pretendido progresismo que anida en diversos credos ideológicos de determinados partidos políticos, en algunas centrales sindicales, en no pocas cabeceras de la prensa escrita y en los medios tecnológicos de comunicación masiva que, al servicio del poder, son utilizados para enviar sencillos mensajes, escuetos y repetitivos, dirigidos a la clase trabajadora y a una ingente cantidad de público y que logran sus objetivos atravesando grandes distancias en un mínimo de tiempo.

Una cosa es hacerse la foto encabezando una manifestación contra los inmorales desahucios, protestar ante el ere o el cierre definitivo de una determinada empresa que obtiene beneficios, reclamar el derecho de adopción de menores por sus parejas, apoyar el cambio de sexo pagado por la Seguridad Social etc. y otra cosa es atacar los problemas primordiales subyacentes en nuestro país, máxime, teniendo presente que existen urgencias de injusticia social mucho más importantes. Sinrazones, como son las inhumanas listas de espera de seis y más meses para una operación de neurocirugía o corazón y alrededor de tres meses para una operación no urgente. O las inmoralidades de los contratos de trabajo basura y precariedad laboral. O la vergüenza de los más de diez millones de pobres que tenemos en nuestro país etc... Tal vez las dificultades estriban en que atacar con contundencia estos problemas de base es mucho más difícil e ingrato y, sobre todo, que para intentar resolverlo sería necesario actuar con verdadero coraje para preparar a las masas trabajadoras con ideas claras y mensajes sencillos. Y todo esto ocurre, posiblemente, porque la izquierda actual existente no se atreve o no sabe cómo hacerlo.

En este contexto, las perspectivas sociales que se presentan a nivel internacional en países grandes y ricos como Alemania, Francia y/o Reino Unido y las medidas que anuncian y toman los gobiernos de coalición socialdemócratas, conservadores y/o liberales que dirigen éstas y otras naciones europeas, no hacen sino retroceder y cercenar las conquistas sociales obtenidas por los trabajadores a lo largo del siglo precedente. Medidas que van desde recortar drásticamente los subsidios de paro y otras prestaciones sociales, hasta el aumento de la edad de jubilación. Y para ello, se escudan en la falta de recursos económicos derivados de la crisis económica, el incremento de la esperanza de vida, el envejecimiento de la población y la no rentabilidad de determinados puestos de trabajo en los mercados nacionales e internacionales. Lo que suceda dentro de dichos países se extenderá cual mancha de aceite a toda la Unión Europea y será un mal sin solución; porque el remedio que existe, el capitalismo salvaje dominante en la actualidad no lo quiere aplicar y una organización de masas de izquierda que la impusiera por la fuerza, actualmente ni existe, ni está por crear y ni siquiera se vislumbra que pueda aparecer.

En consecuencia, el orden político y social en Europa parece convulso ante la dinámica ofensiva neoconservadora que asola al mundo occidental con su avaricia y soberbia. Pero, esta situación, al capitalismo internacional parece no importarle, aunque provoquen, colectivamente, la desaparición del bienestar social tal y como lo hemos conocido hasta ahora y generen una brutal desigualdad que puede llegar a transformarse en un verdadero peligro social, como hemos visto recientemente con los llamados “chalecos amarillos en Francia. Leía hace unos día que hay acumulados más de 23 billones de dólares en cuentas de la banca que están a la sombra en paraísos fiscales y que el número de millonarios se ha disparado. Pero…, nada de esto parece importar al capitalismo internacional y a las grandes fortunas, saben muy bien que la factura de todos sus excesos los pagan siempre los de abajo.

Aquí, en España, ya tenemos Gobierno. Un Gobierno de coalición progresista de izquierdas marcado por una fuerte agenda social, un firme propósito de recuperación de derechos laborales perdidos y el compromiso de realizar una fiscalidad más justa y progresiva. ¿Será capaz de conseguirlo? En todo caso, para hacerlo, como todas las cosas, tendrá que ir con extremo cuidado. Veremos…, ya que los colores dependen de la luz que uno ve.

jueves, 9 de enero de 2020

Habemus Praeses Government. Una complicada investidura.



Con la investidura de Pedro Sánchez ha comenzado un nuevo tiempo político. Atrás quedan los negros auspicios que, un cierto día, el fallecido y recordado Alfredo Pérez Rubalcaba, en una entrevista en el 2016, en el programa Espejo Público, predijo que iba a pasar cuatro años más tarde en la política española: “Imagínese la que tendríamos montada si hubiéramos ido a una investidura con el apoyo de Podemos, que está  por el derecho de autodeterminación y de los independentistas, que ya ni le cuento” Pues bien, ese temor, se ha cumplido hoy martes, 7 de enero de 2020.

Es tiempo de cambios significativos en los partidos y eso se nota. Pedro Sánchez hace borrón y cuenta nueva y pretende recomenzar de la mano de ERC, un nuevo tiempo para Cataluña y para España. Una Esquerra Republicana de Cataluña que modifica sustancialmente su aspiración independentista  radical y blinda su estrategia en Madrid a través de una vía pragmática. Es un comienzo inédito que vale una investidura con escaso margen de maniobra y en la que, a través de ella, Sánchez y el PSOE pretenden intentar resolver el conflicto catalán por medio de a una mesa de diálogo y negociación.
La Mañana 10.01.2020

El abrazo de Sánchez e Iglesias en el hemiciclo, parece querer justificar la decisión de ERC. Un abrazo que, no obstante, oculta la fragilidad de la mayoría que sustenta a ambos líderes. Y que, sin duda, si se cumplen los pronósticos, el Gobierno de Coalición entre PSOE y UP que sostienen y respaldan ambas formaciones, pasará por no pocas estrecheces  políticas y parlamentarias; puesto que la oposición será un bloque monolítico que no les dará tregua ni un minuto.

De esta situación, al menos aparentemente, los que saldrán más beneficiados serán los  republicanos de ERC que están decididos a gestionar el “mientras tanto” y se han puesto manos a la obra convencidos de que las próximas urnas en Cataluña les recompensará la tarea emprendida. Tanto que el propio Oriol  Junqueras no se ha cansado de repetir a su equipo negociador, desde su obligado retiro en la cárcel de Lledoners, que el apoyo a la investidura de Sánchez, con su abstención, era una oportunidad que no podían desaprovechar. Tal vez por eso, finalmente, tras diversos juegos malabares, por ambas partes, a consecuencia de la decisión adoptada por la Junta Electoral Central, respecto a la suspensión de sus funciones al Presidente de la Generalitat de Cataluña, Quim Torra, el pacto entre ERC y el PSOE quedó apuntalado.

El mandato surgido del hemiciclo de las Cortes, se presume que no será pacífico, ni en las cuentas ni en las formas. Pues, como expresaba anteriormente, el PP, CS y VOX,  han decidido ya llevar su oposición más allá de la Cámara y batallarán desde las calles hasta los tribunales. En este contexto, el líder del Partido Popular, Pablo Casado, durante la sesión de investidura, no solamente se ha dedicado a proferir toda una ristra de improperios y descalificativos contra el futuro presidente, sino que ha llevado su ofensiva amenazando con denunciar a Sánchez por prevaricación, si no cesaba al president Torra aprovechando la vía del 155. Toda una muestra de intenciones en la que  Catalunya vuelve a ser el campo abonado para la batalla.

Por su parte, el portavoz republicano en el Congreso, Gabriel Rufián, ha exigido comenzar lo más rápidamente posible la mesa de diálogo pactada por el PSOE y ERC con una seria advertencia:  “si no hay mesa no hay legislatura”. Una actuación que incomodó a muchos diputados socialistas por su crudeza. Pero, el compromiso de Sánchez parece firme y honesto, a pesar de que en ERC no se fían.  Quizá, esas palabras del portavoz de ERC no dejan de ser más que meros matices de la escenificación mantenida durante las largas semanas en las que han estado negociando ambas delegaciones. En todo caso, el pacto alcanzado  puede conjeturar un giro copernicano en la política española. Tiempo al tiempo.

La realidad es la que es y Sánchez, una vez que sea investido Presidente del Gobierno precisará del apoyo de los diputados de ERC para gobernar y, sobre todo para poder aprobar los Presupuestos Generales, nuevas leyes y/o determinados cambios en la gobernanza del Estado. Y, para ello, necesita, imperativamente, pacificar Cataluña y sanar las heridas abiertas por el procés desde hace ya unos años. De momento, con la firma del correspondiente Real Decreto por el Rey Felipe VI, Pedro Sánchez se convertirá en el nuevo Presidente del Gobierno de la XIV legislatura de España que comenzó el pasado día 3 de diciembre de 2019​ cuando, tras la celebración de las elecciones generales, se constituyeron las Cortes. Y con su nombramiento como primer Presidente de un Gobierno de Coalición, comienza un nuevo tiempo en el que será imprescindible el diálogo y la política como instrumento útil para restaurar heridas y aplicar derechos cercenados por la derecha y unas políticas sociales que permitan una mejor y mayor justicia social.










martes, 31 de diciembre de 2019

Dios. Una historia humana



Hace unas semanas he terminado de leer un ensayo que me han regalado en estas fiestas navideñas y que me ha resultado interesantísimo, fascinante y perturbador. Lleva por título Dios y su autor es el investigador estadounidense de origen iraní, Reza Aslan. El autor, nos explica cómo todas las culturas, por antiguas que sean, han creado y creído en su “Ser Supremo”, casi a imagen y semejanza de nuestra propia especie. Quizá, generando un reflejo do lo que “somos” o de lo que nos gustaría ser. El Título completo es: Dios. Una historia humana y la ha escrito a modo de biografía. Una de las razones por la que me ha agradado tanto es, posiblemente,  egoísta, ya que, de alguna manera, mantiene planteamientos muy similares a lo que pienso sobre el “Ser Supremo” que, en las religiones monoteístas, es considerado hacedor del universo. Por ejemplo, en el libro se afirma que la idea de la existencia de un Dios forma parte de la propia evolución humana; es decir, de la misma manera que por evolución el “homo sapiens” logró que sus dedos pulgares fuesen oponibles al resto de los dedos de la mano (hecho único en los primates) o que perdiésemos la abundante cantidad de pelo que cubría nuestro cuerpo o dejar en mero testimonio un órgano como el apéndice; de la misma manera, repito, hemos adquirido la idea de Dios y del alma.

En este contexto, el libro de Reza Aslan nos desgrana aspectos en los que nuestra fe, nuestras creencias o nuestra propia vida, nos hacen plantearnos preguntas. Unas interpelaciones, dudas y cuestionamientos que no han cambiado prácticamente desde que existe el ser humano: ¿Existe Dios? ¿Qué es el alma? ¿Hay algo más además de la realidad que percibimos?

La Neurociencia contemporánea se plantea, frecuentemente, interrogantes sobre la creencia religiosa. O sea, se establece un diálogo entre ciencia y religión. Dicho de otra manera, se interroga sobre ¿cuál es la relación entre el cerebro y las entidades espirituales como Dios? Si sabemos que incluso las experiencias religiosas más poderosas están mediadas o son incluso causadas por la actividad neuronal, ¿significa esto que esas experiencias no son reales en ningún modo significativo? En este sentido, el libro Dios, es un brillante ejemplo literario que recoge algunas de las preguntas fundamentales que, desde los albores de la humanidad, se han hecho nuestros ancestros.

Creo que es verdad que toda experiencia consciente, incluida la experiencia religiosa, sucede en la mente, y la persona la experimenta como real. De este modo, incluso las alucinaciones serían reales, en el sentido de que son experimentadas como tales por la mente humana; aunque la ciencia ignore todavía lo que es realmente la “mente”. Pero, por supuesto, tendemos a querer que la experiencia religiosa sea real en el sentido más fuerte. El autor, plantea y apunta que existen muchos recursos teológicos que ayudan a responder a la pregunta de cómo la experiencia religiosa podría ser una experiencia auténtica de Dios, incluso aunque ocurra en la mente. Por ejemplo, los estudiosos en el campo de la ciencia y la religión a menudo emplean modelos teológicos que afirman la actividad de Dios en y a través de los procesos naturales del mundo físico. Estos modelos no representan a un Dios más allá de un mundo natural que está aquí, para después tratar de encajar de algún modo a Dios en este mundo. Sino que, más bien, ven a Dios como un ser presente y activo en el mundo natural en todo momento y en todos los lugares, que se encuentra incluso en el fundamento del mundo natural. Si nuestros modelos teológicos no nos obligan a elegir entre procesos físicos y acciones divinas, no debería sorprendernos que los auténticos encuentros religiosos con Dios sucedan en la mente y sean empíricamente identificables en el cerebro.

Soy consciente, y tengo amigos que así me lo han manifestado, sobre todo, ante la pérdida de los seres queridos, que, el hecho de ser creyente facilita un determinado grado de felicidad y ayuda poderosamente, en momentos difíciles, al equilibrio psíquico de las personas A menudo para la piscología o la psiquiatría la pregunta religiosa se limita a si la religión nos hace sentir mejor o nos convierte en mejores personas en términos éticos, pero esto no nos da ninguna pista acerca de si la experiencia religiosa es objetivamente real o una simple construcción de la mente. En este aspecto, creo que son pocas las personas religiosas que  admitirían que son religiosas debido a los beneficios psicológicos que les brinda la fe. Más bien, experimentan sus creencias como un indicador de cómo es realmente la realidad. La pregunta se vuelve entonces epistemológica: ¿cómo sabemos lo que creemos saber?

Por lo que he leído en este citado libro Dios y en otros varios sobre este tema que han pasado por mis manos a lo largo de mi vida, he constatado que existen diferentes enfoques académicos para explicar por qué podríamos tener buenas razones para tomarnos en serio las creencias religiosas. Una de las respuestas que leí hace ya varios años, es que proviene de la teoría cognitiva de la religión. Una teoría que sugiere y explica que la creencia religiosa es auténticamente natural en términos evolutivos. Es decir, que sería la forma en la que, nuestra capacidad natural para la creencia religiosa, es exactamente la que podríamos esperar si hubiera, de hecho, un creador que deseara mantener una relación con los seres humanos.

Sin embargo, he leído también a otros afamados autores neurocientíficos que proponen un enfoque multidisciplinar e interdisciplinario y que enfatiza en la riquísima complejidad de la realidad, incluidos hechos concretos característicos como la conciencia y la propensión de los humanos a experimentar la trascendencia. Y esos momentos de trascendencia bien podrían señalar algo más, algo más allá, por encima y por debajo del orden natural. Y también he leído que, muchas personas se resisten a aceptar las explicaciones científicas acerca de la mente porque temen que esto aboca a una visión reduccionista o materialista del ser humano, ya que descarta la posibilidad de realidades espirituales. Y, por ello, prefieren pensar que la conciencia es fundamentalmente inexplicable en términos científicos porque de este modo creen que ese misterio deja espacio a Dios.

Y respecto al concepto del “alma” la controversia es similar a la idea de Dios. Los creyentes creen profundamente en su existencia individualizada del cuerpo como elemento material y los negacionistas se preguntan si ¿existe un marco físico para afirmar la existencia del alma humana? Ya que, si el alma es una realidad natural, ¿qué sucede cuando la persona pierde su conciencia o su memoria, como por ejemplo al enfermar de alzhéimer? ¿Pierde también su alma? Y aquí surge una nueva cuestión: ¿Qué versión de la mente de una persona representa a nuestro verdadero yo?

Es un tema que me suscita mucha curiosidad, que me preocupa y, de alguna forma, me apasiona por su incertidumbre. Quizá por ello, por el momento, creo que la ciencia y la religión deberían colaborar estrechamente, en formas creativas, para abordar los problemas más apremiantes a los que, en este tema, se enfrenta una gran parte de la humanidad.

En resumen, desde mi punto de vista merece mucho la pena leer “a Dios”. Háganlo y…, después, me lo cuentan.

miércoles, 18 de diciembre de 2019

Las hojas del tiempo. Se marcha el otoño, regresa el invierno


Todos los años me sorprende el otoño. Debe ser porque cuanto mayor voy siendo, peor me organizo el tiempo. Y un día, de repente, sin saber cómo, contemplo que una tarde cualquiera se otoña y las hojas de los árboles comienzan a caer etéreas meciéndose en el aire de la nada. Al principio de forma imperceptible y después, rebosando, comienzan a amontonarse hasta que empapan el cielo de una luz cobriza. Y entonces, privado del sentido del tiempo, plantado en medio de algún lugar del paseo central del Parc dels Camps Elisis, converso con ellas y las interpelo a medida que van cayendo, de la misma manera que desciende mi tiempo.

Rememoro. Y ahora no estoy seguro en qué otoño, de qué año, comencé a pensar el tiempo. Fue quizás una tórrida noche de verano, mientras oía suspirar de alivio a los rosales del jardín y el canto de los pájaros se convertía en una nana apasionada. O tal vez, cuando la luz argentada de la luna se disfrazó de pretexto para recordarme un encuentro, un sueño, una vigilia, un susurro, una caricia, un horizonte azul…

Sigo sin estar seguro del momento. Evoco y a la memoria me llega un día de otoño en el que una lágrima silenciosa se quedó alojada en un recodo del alma como penitencia de un lejano ocaso de mi vida en la meseta. Un mar de cristales en la quietud de una tormenta furiosa. Una palabra quebrantada naufragando en el libro de la nada. Y otro otoño en el que casi sin saber cómo, apareció un baile de luciérnagas violetas. Un latido despistado en el gesto inoportuno de un enamorado preguntándose qué haría el resto de su vida. Un arabesco atesorado en el fondo de una acuarela todavía sin pintar.

Y en ese otro otoño, sin darme cuenta, me convertí en un alegre sembrador de palabras, en espectador de inéditas fotografías llenas de hojas infinitas. Hojas todavía enmarañadas en las brisas de una nueva vida. Guiños en ocres, en dorados, en rojos, en blanco y en verdes, decretando ataviar los segundos, los minutos y las horas de mi tiempo, bajo la atenta sorpresa de mi semblante y la atónita mueca de mi mirada, amueblando sentimientos y pensamientos en un orden aún por descifrar.

La melancolía que siempre me invade en otoño no es otra cosa que la nostalgia hacia otro tiempo pasado, una metáfora de la vida que veo correr ya sin freno. Quizás sea porque en otoño los días se hacen más cortos, la luz se vuelve más pálida y la prisa se instala de nuevo insidiosa en mi vida. O, tal vez, esa añoranza, suceda porque en esta estación del año, llena de sorprendentes anocheceres, casi súbitos, me pilla siempre desprevenido y, entonces, tengo la sensación de que se me escapa el tiempo. De alguna manera, la caída de las hojas en otoño, es una la dulce alegoría de apellidar y señalar el declive de la edad…

Y es que la nostalgia del tiempo pasado es, sobre todo, el recuerdo hacia la niñez y con ella, hacia la alegre vida carente de preocupaciones, hacia la naturaleza plena de plantas y flores que con tanto empeño trataron de cultivar los ilustrados y que se trasluce en el libro autobiográfico de Jean Jacques Rousseau Sueños de un paseante solitario, para quien la naturaleza actúa como consuelo de la soledad. Posiblemente, por eso, cuando la tristeza otoñal señala intrigante hacia mi cabeza, voy raudo al encuentro del libro situado en las estanterías de la librería de casa, como quien persigue a tientas el calmante somnífero en una angustiosa, amarga y perturbadora noche de insomnio, y me dispongo a releerlo con fe homeopática, con la esperanza de que la nostalgia, el desconsuelo y la tristeza de Rousseau cure la mía. Y así, me ensimismo tanto en su lectura que acabo por pensar que aquellos autores a los que leo son en realidad mis interlocutores.

Como Einstein decía, “la eternidad está incluida en un instante, en una sola hora, esa que nos puede cambiar la vida y hacernos inmortales”. Y es que el tiempo no existe. El tiempo son solo los sucesos que nos llegan y acontecen. Puesto que el valor del tiempo y de de las historias que vivimos no está en lo que duran, sino en la intensidad con que suceden. Seguramente por eso, el instante es la continuidad del tiempo, pues une el tiempo pasado con el tiempo futuro y así, año tras año, cuando de marcha el otoño regresa el invierno.




viernes, 6 de diciembre de 2019

Relato: El silencio del fón póca


Suele afirmarse que las personas viajamos para “desconectar”. Y, en general, debe ser cierto. Pero, en esta ocasión, yo acariciaba la idea de desconectar de una manera radical, sin ataduras de ningún tipo. Por eso, tenía casi decidido iniciar mi escapada de dos semanas largas a Irlanda sin él. Pues imaginaba que viajar con su silencio, sería como caminar dejando en casa una parte de mi cuerpo; puesto que, ahora, somos ya ciborgs y él es un órgano más de nuestro ser. No obstante, no me atrevía a interrumpir la cadena de esa supuesta y prometida libertad que con él iba a tener. Un vínculo que el azar decidió romper el mismo día de partir.

Todo empezó con su primer silencio. Ocurrió de pronto, como suelen pasar todas las cosas. Y sólo cuando su silencio se hizo grande, comprendí lo que él es, para lo que sirve y lo que representa en nuestras vidas. Y es que todo tiene importancia y valor en este mundo, incluso los silencios; sólo hay que saberlos escuchar. Y ha sido su mutismo el que me ha dado todas las respuestas. Durante el viaje, a diario y a menudo, iba a su encuentro aguardando su reacción, sus palabras. Y no asimilaba que no llegaban porque estaba enfermo o que, tal vez, me las proporcionaba de otra forma, como presentes pausas, como vacíos que no rellenaba de letras y de frases, ni cargaba de imágenes o vídeos. Su reposo encerraba lo que no podía escuchar, lo que necesitaba y reclamaba oírle decir y ver.

Era doloroso asumir que el silencio fuese su única expresión; pero, sabido es, que a veces, lo cotidiano es lo que nos queda. Pasaban los días, y no aprendía a renunciar a su cita, a no tener expectativas, a no esperar nada de él. Saber que esa tregua era todo lo que quería decirme, era desesperante; quizá, porque como decía Mario Benedetti: “Hay pocas cosas tan ensordecedoras como el silencio”. No obstante, he de decir y recordar que su mudez no ha sido consentida, sino obligada. Y es que este “alien“ al que tan alegremente he invitado, a veces, a traspasar la frontera de mi intimidad, ha estado mudo durante el viaje por encontrarse enfermo. La causa, según me dijeron en UCI de la clínica Shenzen del Dr. Huawey de Dublín, un virulento malware que le había ocasionado un malicioso crecimiento de sus cachés internos, que aumentaban sin control, afectando a los bugs de su memoria RAM. Esperaba que pronto estuviera repuesto y vacunado y, a partir de este momento, pudiera reintegrarse en sus funciones vitales y triviales que le son propias cada día. Pero, no fue así.

Quizá convenga recordar que este inseparable consorte y compañero fue creado en 1973 por el ingeniero electrónico de la empresa Motorola, Martin Cooper. Este americano nacido en Chicago y de ascendencia ucraciano-irlandesa, le dio vida y bautizó bajo el glorioso nombre de Dyna Tac. Sin embargo, hay cierta controversia, ya que algunos expertos consideran que mucho antes de que existiera el prototipo de Motorola, ya existía una versión en la antigua Unión Soviética. Su creador fue el ingeniero de radio Leonid Ivanovich Kupriyanovich que en 1957 realizó con éxito las primeras pruebas de un prototipo automático, con un alcance entre 20 y 30 kms., y que denominó LC-1. No obstante…, como en tantas otras ocasiones, nos topamos con la “Historia pervertida” y los honores y la fama han quedado en manos norteamericanas.
La Mañana 2019.12.06


Dicho todo esto, finalizo dando un consejo que, también, hago propio y mío: a partir de ahora no pierdas el tiempo en contarle tu vida, al inherente compañero, úsalo para arreglar la tuya; pues su ausencia me dejó un vacío tan grande o igual que su presencia. El tiempo también es silencio y con él he aprendido en el viaje que es el único amigo que jamás traiciona. Evidentemente, hablo de mi fón póca; es decir, mi teléfono móvil, escrito en gaélico irlandés como una perpleja sonrisa y en reconocimiento a la ascendencia materna de su inventor.