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lunes, 29 de enero de 2024

Distopía, desinformación e incertidumbre, ¿sabemos hacia dónde vamos?

 

No sé si es la sociedad del mundo en que vivimos la que con sus tecnologías, ideologías y delirios nos está desconectando a unos de otros o somos las propias personas individualmente, las que con la actual tendencia a aferrarnos a hábitos individuales y rutinas perjudiciales, estamos originando que todo vaya cambiando a un ritmo acelerado en nuestra sociedad y debilitando los vínculos humanos. No lo sé, pero lo que si constato, es que la libertad intelectual, la cohesión social, los principios democráticos, la convivencia etc., que con tanto esfuerzo se fueron construyendo, se están disolviendo con tan vertiginosa rapidez como un azucarillo en el café de la mañana. Y, a su vez, tengo la impresión de que la perpleja incertidumbre individual y colectiva en la que vivimos, se está desarrollando y expandiendo a gran velocidad por medio de las continuas y sorprendentes mentiras, eufemísticamente denominadas fake news, que erosionan la confianza, polarizan el debate público, generan odio, fomentan la intolerancia y facilitan el advenimiento de la violencia, de las guerras con sus absurdas justificaciones, los asesinatos por los más espurios motivos, las violaciones de la legalidad vigente y la manipulación de los medios de comunicación por determinados poderes económicos empresariales. Y es que nos hallamos inmersos en plena era de la desinformación y posverdad, caminando en medio de una niebla retórica de la peor especie, en la que la galaxia de partidos de ultraderecha europeos tienen más apoyo hoy que nunca en cuatro décadas y el fascismo fascina nuevamente a amplios sectores jóvenes y no tan jóvenes de la sociedad. Por ello, aunque seguimos avanzando… ¿sabemos hacia dónde vamos?

La Mañana 29.01.2024

Después de vencer a la Covid 19 y considerar que lo peor había pasado, pues la pandemia nos había hecho más conscientes de nuestra fragilidad e interdependencia, el planeta ha sufrido y/o sufre ahora, entre otras calamidades, la irracional invasión de Rusia sobre Ucrania, la cruel guerra de Gaza, los terremotos de Turquía y de Marruecos, diversas matanzas de inocentes en calles e instituciones de EE UU, algunos atentados yihadistas y de la extrema derecha en países de la UE, prolongadas sequías, incendios, inundaciones, erupciones volcánicas... Desastres y cataclismos, todos ellos, que se suceden como si el Dios bíblico castigara con unas nuevas plagas nuestras inhumanas acciones humanas. Vivimos sumergidos por un flujo continuo de informaciones catastróficas que nos provoca ansiedades, miedos, servilismos... Un diluvio de incertidumbres que nos abruma y que pensamos que nunca terminará. Y es en este cielo pesado y cargado de nocivas noticias, en el que las continuas imágenes sobre incompresibles conflictos armados que nos muestran a miles de mujeres y niños inocentes destrozados por las bombas y los variados desastres naturales, comienzan a tener un impacto real en la salud mental de los ciudadanos. Y además, radios, TVs, redes sociales, información de todo, en todos lados todo el tiempo, logran que cada vez haya más personas vulnerables que sin darse cuenta, están siendo interesadamente adoctrinadas frente a las pantallas, accediendo a un gran basurero de estafas, vilezas y odios escondidos. Consecuencia de todo ello, es la alineación mental del individuo, cuya conciencia se va formando en base a la ilusión de veracidad que engañosamente se cuenta cada uno a sí mismo. Una forma de conocimiento asimilable por la actual doxa que vehicula creencias en las mentes de las personas y nos sumerge en el escepticismo, desconfianza e inseguridad con espejismos y falacias. Generando una confusión mental que invade a la sociedad de la llamada gente normal, en una distopía que opera a partir del mandato paradójico; o sea, decir todo y su contrario al mismo tiempo, dando la apariencia de un “razonamiento lógico”.

 

Estamos literalmente construyendo una sociedad de alienados e irreflexivos ciudadanos encerrados en una jaula digital, como si la normalidad y la alienación hubieran formado una carretera de circunvalación paralela a la realidad que nos circunda. Y esta doble confusión mental y emocional, a mi modo de ver, hace que el individuo difícilmente sea capaz de pensar por sí mismo. A la luz de esta defactualización sobre la actual supuesta realidad, me pregunto si continúa siendo posible la esperanza. Y me lo cuestiono porque la esperanza es una idea optimista. No obstante, creo que la actual situación, no debe ser planteada, ni a título individual ni colectivamente como sociedad, en términos de optimismo o pesimismo. Pues no actuamos porque seamos optimistas, ni por el contrario porque seamos pesimistas, sino porque en cualquier circunstancia, debemos hacer lo que tenemos que hacer individual y colectivamente. En este contexto, aunque Albert Camus creía que, pese a todo, en el hombre hay más cosas dignas de admiración que de desprecio, a estas alturas de la historia no está claro si el ser humano es ya un animal doméstico o tiene todavía a medio cocer sus instintos más salvajes. Y es que, quizás, todos los individuos y todas las sociedades somos en el fondo una cosa, y la opuesta, según se mire… To be, or not to be: that is the question.

lunes, 15 de enero de 2024

La Franja de Gaza, un infierno en la Tierra

 

En poco menos de dos meses y medio han muerto más de 21.000 personas en Gaza y unas 55.000 han sido heridas. Niños, una tercera parte. Los hospitales, desde el comienzo de la guerra han sido un objetivo fundamental de los ataques y bombardeos de Israel al alegar que albergaban a miembros de Hamás; de hecho, de los 36 con que contaba la Franja de Gaza al comienzo de la contienda, funcionan parcialmente trece de ellos, totalmente colapsados, sin apenas energía ni material sanitario y con escaso personal médico. Gaza territorialmente está prácticamente destruida, su devastación alcanza a más de la mitad de los edificios y a la mayoría de las instituciones, centros culturales, escuelas, mezquitas e iglesias que han quedado convertidos en ruinas y escombros. Según datos de la ONU, de los 2,4 millones de habitantes con que contaba la Franja, 1,8 millones; es decir, alrededor del 80% de su población total, han sido obligados a trasladarse al sur por orden de Israel. En consecuencia, las condiciones de vida de dichos desplazados, es de total hacinamiento y desesperación. Como ejemplo, basta decir que prácticamente no pueden moverse y su alimentación depende totalmente de la ayuda humanitaria. Las condiciones de vida, ante la falta de agua y de saneamiento, son extremadamente precarias; ya que hay un retrete para cada 1.000 personas y una ducha para cada 5.000. Lo que unido al nulo sistema de prevención, conlleva un alto riesgo de contraer enfermedades infecciosas como el cólera y el sarampión y otras crónicas, provocadas por virus y bacterias. Y a esta situación hay que añadir los abrumadores casos de atención de salud mental; una circunstancia que afecta, sobre todo, a las personas más vulnerables: niños y ancianos.

La Mañana 15.01.2024

Y todo ello, sucede como una catástrofe natural, sin que nadie se haga responsable de nada. ¿En dónde se encuentran las personas de origen árabe y de religión islámica? ¿Dónde están todos los defensores de los derechos humanos de Europa y Occidente? ¿Por qué la superpotencia mundial, EE UU, protege a su aliado israelí? ¿Qué hace Naciones Unidas, más desunidas que nunca? ¿Por qué la comunidad internacional permite a Israel la salvaje e injusta barbarie que está perpetrando contra el pueblo palestino que vive a la intemperie, en condiciones infrahumanas y desprotegido? Y es que a estas alturas de la guerra, cada día quedan menos dudas sobre la diáfana realidad del objetivo que desde el principio se sospechaba: conseguir la total desaparición del pueblo palestino de la Franja de Gaza. Ahora es Gaza, luego tal vez será Cisjordania. Un futuro incierto, en cuyo momento presente del conflicto toman sentido las declaraciones del ministro de Defensa israelí, Yoav Gallant, ante el secretario de Estado de Estados Unidos, Antony Blinken, tras una reunión del gabinete de guerra en Tel Aviv, a finales de octubre del pasado año: “Esta será una guerra larga, el precio será alto, pero vamos a ganar, por Israel, por el pueblo judío y por los valores en los que creemos”. ¿Serán quizás esos valores en los que cree el Gobierno de Israel los que figuran en los Protocolos de los sabios de Sión, la obra supuestamente escrita por Matvei Golovinski en 1903 como una acción de propaganda antisemita, que ahora se están convirtiendo en realidad?

 

Sea como fuere, es difícil interiorizar todo el sufrimiento y dolor que llevan padeciendo los palestinos desde hace casi tres meses, infligido por un ejército israelí que practica con saña crímenes de guerra bajo el mando supremo de Netanyahu. Me aterra el carácter ejemplificante que tan atroz disciplina tiene para la inmensa mayoría de desposeídos del planeta: la economía extractivo-acumulativa tiene sus reglas y sus objetivos, y cuando estos no llegan, se aplica para conseguirlos la fuerza bruta perfectamente organizada alrededor de la industria militar, las más efectiva de todas las industrias posibles y gran motor del desarrollo tecnológico y acaparador del planeta. Quizá por ello, ahora, aunque se han alzado voces a favor, ya casi nadie habla, como posible solución al conflicto, de los dos estados de 1948, ni siquiera de los dibujados en verde en 1967, ni del mutuo reconocimiento entre Israel y la OLP, alcanzado en Oslo 1993 entre Yasir Arafat e Isaac Rabin, pues la existencia del pueblo palestino está amenazada por la violencia de una de las fuerzas militares más fuertes del planeta, respaldada por las naciones dominantes de la “cultura occidental” de raíz judeocristiana. Y tras su Estado desaparecerán los palestinos mismos, masacrados, sacados a la fuerza de sus casas y obligados renunciar a todo lo que no sea la mera subsistencia allá dondequiera que acaben su destino, en una “nakba” inevitable y sin vuelta atrás. Y es que, desde mi punto de vista, casi peor que el genocidio que están perpetrando los israelíes, es la actuación cobarde e interesada del resto del mundo civilizado, si es que nos podemos calificar así. Para la posteridad quedarán estos crímenes, este horror y quedarán para siempre, como quedó el Holocausto; pero con la diferencia existente entre ser la víctima o el ejecutor. El crédito que consiguieron los judíos en gran medida lo han dilapidado. Han acreditado ser, aparentemente, buenos alumnos de "aquellos” asesinos nazis, demostrando que también ellos son capaces de lo peor.

 

sábado, 6 de enero de 2024

La noche de Reyes en la que perdí la inocencia

 

Nuestra memoria es un misterio que sigue desafiando a la ciencia. Hasta la fecha, biólogos y psicólogos no han sido capaces de saber cómo quedan almacenados los recuerdos en nuestro cerebro. Y sin embargo, somos memoria; es decir, unas criaturas que fijamos lo vivido, detenemos el tiempo y lo fragmentamos en forma de imágenes y palabras plenas de sentimientos y emociones que nos ayudan a saber quiénes somos y comprendernos y con la que construimos nuestra propia historia.

 

Hoy, a mi memoria viene aquel día de Reyes de mi infancia como una piel del pensamiento. Y llega envuelto en un collage de nítidos olores, de condiciones lumínicas, de afectos, de percepciones y recuerdos visuales completos. Mis ojos y mis oídos no han olvidado lo que oyeron y vieron en aquel momento de aquella sorprendente noche y mi memoria guarda aún sus efectos. Y es que la realidad no existe hasta que nuestra mente la interpreta, como tampoco existen los Reyes Magos en los que yo creía de pequeño, hasta que dejé de creer en ellos. Ocurrió hace mucho tiempo…

 

…Aquel año, ayudado por mi madre, había escrito la carta a esos fascinantes Magos que nos traían regalos a los niños que nos habíamos portado bien. Me encantaba pedirles todo lo que deseaba y esperar con expectación que llegara la mágica noche del 5 de enero. Llegó por fin el anhelado día y entre mis recuerdos surge aquel atardecer en el que había visto a los camellos, con enorme atención, recorrer las calles de la ciudad cargados de juguetes. Sin embargo, esa fantástica creencia se rompió de golpe cuando aún no tenía seis años. Fue la madrugada en la que desapareció la inocencia de mi infancia y todo cambió para mí.

Esa noche, obedeciendo a mis padres, me había acostado temprano y dejado en el alfeizar del balcón de mi habitación, un vaso de leche y unas galletas para los Reyes Magos y un poco de agua y zanahorias para los camellos. Estaba tan emocionado que me costó conciliar el sueño, pero al final lo conseguí. No sé cuánto tiempo había transcurrido, pero de repente me despertó un ruido fuerte. Abrí los ojos y vi a mi padre en el suelo rodeado de paquetes. Había tropezado con algo al entrar en la habitación y se había caído. Al principio no entendía lo que estaba pasando y creí que era un sueño; pero luego, al ver a mi madre en la puerta con gesto de preocupación en su rostro, me di cuenta de que era real. Lo comprendí casi todo en ese instante. En un abrir y cerrar de ojos, confirmé una sospecha que me había desvelado y revelado mi hermano mayor hacía poco tiempo. Los Reyes Magos no existían. Eran mis padres los que me compraban los regalos y los dejaban en mi habitación mientras yo dormía. La carta que les había escrito con tanto cariño e ilusión era una quimera. Todo era una ficción, un hermoso cuento.

Aquel tropezón de mi padre, acabó con la ensueño de mi vida infantil y me hizo enfrentarme de golpe a la cruda realidad. Una realidad que se reflejaba y materializaba al contemplar la cara de mi padre que me miraba desde el suelo con una mezcla de culpa y esperanza de que no me hubiera dado cuenta de nada y siguiera creyendo en los Reyes Magos. Una realidad que también se manifestaba en los regalos que yacían desparramados por el suelo junto a una gran caja de cartón y otras más pequeñas, envueltas con papel de colores brillantes y llenos de estrellas. Entre ellos, estaban la locomotora, los vagones y unas vías de tren, que con tanta ilusión había pedido a los Reyes Magos. Desde aquel momento, desapareció el encanto de la noche de Reyes que hasta entonces había alimentado la imaginación y fantasías de aquel niño. Es paradójico, caprichoso y sorprendente cómo se puede perder la inocencia de golpe, sin saber siquiera todavía que al perderla entra uno en otra vida.

 

La infancia, interesadamente a veces tarda en irse y en otras ocasiones desaparece de golpe. Ya que a pesar de la evidencia de esa noche, tuve una cierta reticencia a abandonar el pensamiento mágico. Pues aquel niño que acostumbraba a hablar con sus juguetes, no quería renunciar a esa conducta y por ello, opté por conservar durante años, en un armario de mi cuarto, a esos inanimados seres y artilugios que a través de mi imaginación cobraban vida. Y es que nunca me he desprendido del todo de la infancia y tal vez por eso, a pesar de los años trascurridos, cada 6 de enero, observo con curiosidad a esos niños que con cierta dificultad y escaso equilibrio pedalean montados en una flamante bicicleta, intentan mantener el equilibrio en unos patines, conducen dificultosamente un miniquads o juegan con un coche teledirigido por los Campos Elíseos llevando dentro todavía el sonido de la fanfarria de la cabalgata de Reyes que siempre resuena en el corazón de los soñadores.

 

 

lunes, 25 de diciembre de 2023

Navidad: un nacimiento que cambió la historia.

 

Cada historia necesita su trama, un tanto de intriga y textura de justificaciones, un tejido de circunstancias y hechos anudados. Es innegable que la historia, tanto la remota, como la pretérita o reciente, nos proporciona un abundante muestrario de sucesos y acontecimientos que lo atestiguan. Alguno de los ocurridos en las mismas tierras que antaño, lo tenemos presente en estos días en carne viva. Es una historia que parece construida como si fuera un castigo divino contra los pueblos que desde siempre habitan esos territorios. Convirtiendo, ese hecho, en una condena substancialmente injusta, trágica por su especial violencia y germen de imperecederos y nuevos rencores entre ellos.

 

La Mañana 25.12.2023
Es por ello que la historia; es decir, la narración y exposición de los acontecimientos pasados y dignos de memoria, con todo lo que conlleva, debe ser tratada con la asepsia con la que advertimos ante el espejo matutino la presencia de una nueva arruga, el pronunciamiento de las ojeras, la urgencia de un afeitado que nos reponga de una verdad a la que no podemos sustraernos y nos exige, además, suficiente claridad de juicio a la hora de juzgarla. Y debe ser así, tal vez, porque no existe nada ni nadie más próximo a la verdad, al menos la nuestra, que aquella que nosotros mismos percibimos a través de los escritos sobre las fuentes de la historia y la de los autores que han tratado esta materia. Y es en ese ejercicio casi de magia, haciendo cabriolas con el tiempo, donde se vuelca la siguiente historia que cada año se descubre, se revive y se cuenta.

 

Rumores sobre un milagroso nacimiento en Judea:

La Mañana. JAVC corresponsal en la zona.Belén/22 diciembre, año 1 de la era cristiana.

Los rumores sobre el nacimiento de un niño excepcional, hijo de la tribu de David, continúan en esta pequeña aldea. Belén es un hervidero de gentes que han llegado desde distintas partes de Judea para registrarse en el censo ordenado por el emperador Augusto. Entre ellos, se encuentran un modesto carpintero llamado José, radicado en Nazaret, y su embarazada esposa María. Según parece, la considerable concurrencia y aglomeración de judíos a esta circunscripción, para cumplir con el citado requerimiento, ha sido el motivo por el que, al no encontrar posada y estar María fuera de cuentas, apremió a los esposos a cobijarse en un establo donde, a los pocos días, nació el pequeño al que han puesto por nombre Jesús.

La noticia se propagó rápidamente entre los pastores de los alrededores, que se acercaron al cobertizo, rindieron respeto y reverencia al niño y le reconocieron como Rey de los judíos y el Salvador prometido por las profecías. Pero no solamente los pastores han mostrado interés por el recién nacido, sino que también se habla de unos misteriosos visitantes llegados de Oriente que dicen ser magos y que guiados por una estrella, han cubierto una larga travesía y llegado hasta el pesebre del cobertizo. Y, por lo visto, le han traído y ofrecido regalos de gran valor al niño: oro, incienso y mirra.

Las fuerzas de ocupación romanas, han restado importancia a este suceso que han considerado una cuestión interna de los judíos. Por su parte, el monarca Herodes Antipas, que se ha entrevistado posteriormente con los enviados orientales, se ha abstenido de hacer cualquier tipo de declaraciones. Esta es la situación que se vive actualmente en Belén, un pequeño pueblo que se ha convertido en el escenario de un acontecimiento que podría cambiar la historia de la humanidad.

 

Esta es la crónica, genealogía y tradición. Es la de siempre, es la nuestra, y así, ayer como hoy, nos la contó la prensa. Y es que no es la primera vez, ni será la última que miremos al pasado con la mirada fresca del presente. La fabulosa capacidad del recuerdo que convierte al tiempo en losa o entelequia, nos mete directamente o de rondón a contestar al pretérito, a vitalizarlo y hacerlo tal y como quisiéramos y/ o soñamos que hubiera sido. Ya nos lo advirtió Kipling, al final de alguna de sus historias: “así debió haber ocurrido”.

 

 

martes, 19 de diciembre de 2023

Israel, una democracia en entredicho

 

Netanyahu fracasó a la hora de vigilar la seguridad de su país, como había perdido antes a la hora de salvaguardar su democracia. El intento de someter a la justicia con su reforma intervencionista mientras era objeto de investigaciones por corrupción desató protestas masivas que parecen ya quedar atrás ante el actual conflicto bélico. Y ha naufragado también por la forma en que ignoró un informe detallado sobre los propósitos de Hamás, tal y como han relatado los periodistas Ronen Bergman y Adam Goldman en el The New York Times, el pasado 1 de diciembre, sobre el hecho de que Israel "sabía de los planes de Hamás hace más de un año”. Será su responsabilidad con la historia y tal vez también la de los EEUU, UE y Occidente por ofrecerle el incondicional apoyo que se le está otorgando.

 

La Mañana 19.12.2023

Si se calcula que la bomba de Hiroshima causó 66.000 muertes el primer día, una atrocidad que nunca lograremos digerir, sobre todo el pueblo japonés, el inmisericorde bombardeo de Gaza sigue caminando con firmeza rumbo a la lista de esos grandes hitos de matanzas de civiles que nos avergüenzan como humanidad y en la que se pueden incluir Dresde, Vietnam, Camboya, Ruanda o Irak. Y si además se hacen declaraciones como las del ministro israelí Amichai Eliyahu, el pasado 5 de noviembre, que admitía el hecho de que arrojar una bomba atómica sobre la Franja de Gaza era “una de las posibilidades” que se barajaba en el Gobierno, aunque posteriormente fuera desautorizado por ello, se puede afirmar que de seguir el curso de la guerra por los cauces que va, el resultado probablemente será el mismo. Ya que si la primera fase de la guerra ha dejado más de 16.800 muertos, el 70% de ellos mujeres y niños, en esta empezada segunda fase y en pocas semanas, la cifra de muertos supera ya los 19.000; por lo que, en consecuencia, podemos tener medio Hiroshima sobre la mesa de los informativos, en pocos días. Es verosímil.

 

Que Hamás es un grupo terrorista es más que evidente y que Occidente debe proporcionar a Israel una firme alianza ante cualquier agresividad externa es cierto, pero ambos hechos no conllevan otorgarle carta blanca al Gobierno de Netanyahu para que haga lo que está haciendo. No puede serlo. Y es que la respuesta que está efectuando Israel contra la totalidad del pueblo Palestino, además de ser de una inhumana crueldad, resulta impropia de un Estado que se autodefine y se le define internacionalmente como una “democracia”. No, no lo es, quitémonos y quitémosle la careta. Y fundamento mi opinión en conceptos tan básicos como los siguientes: ¿Qué democracia incumple impune y reiteradamente las resoluciones de la ONU? ¿Qué democracia detiene a niños y menores de edad, sin permitirles el ineludible derecho internacional a un defensor?, ¿Qué democracia juzga sistemáticamente a niños y adolescentes en tribunales militares, según UNICEF? ¿Qué democracia maltrata y asesina deliberadamente a menores detenidos? ¿Qué democracia “resuelve” un puntual atentado terrorista con una masacre convertida en genocidio, en vez de realizar una oportuna investigación, con la correspondiente acción policial y la de los tribunales de justicia? ¿Qué democracia mata deliberadamente a periodistas para evitar que se puedan saber las atrocidades que se están cometiendo, como ha denunciado Reporteros sin Fronteras en la actual guerra de Gaza?, ¿Qué democracia ataca y destruye deliberadamente Hospitales civiles en plena guerra, como han confirmado las propias fuentes militares israelíes diciendo que han asaltado por tierra el complejo del hospital Al-Shifa, el mayor que había en Gaza? ¿Qué democracia bombardea escuelas de la ONU dejando cientos de muertos civiles, la inmensa mayoría mujeres y niños, que se habían refugiado en ellas? ¿Qué democracia realiza detenciones arbitrarias de la población civil palestina? ¿Qué democracia efectúa restricciones a la movilidad y/o traslados masivos de la población bajo amenazas, tal y como informan Organizaciones de Derechos Humanos y de Naciones Unidas presentes en la Franja de Gaza? ¿Qué democracia, en el siglo XXI, mantiene una política de colonización permanente en Gaza y Cisjordania? ¿Qué democracia impide la llegada de ayuda humanitaria a las gazatíes para evitar que ocurra una gigantesca catástrofe humanitaria? ¿Qué democracia provoca que la mitad de la población de Gaza se esté muriendo de hambre y 9 de cada 10 personas no pueden comer todos los días, según ha advertido el Programa Mundial de Alimentos de la ONU? ¿ Que democracia alienta a los colonos ultraortodoxos para que se organicen con la idea de entrar en Gaza,  arrasarla y repoblarla con 300.000 judíos? ¿Qué democracia ataca, bombardea y destruye mezquitas y hasta cementerios? Y podría seguir enumerando más…. No, dejémonos de engaños, el actual Estado de Israel “No es una Democracia”. Un Estado democrático no es solamente aquel donde los ciudadanos ejercen el poder político a través de sus representantes, elegidos mediante el voto, en elecciones libres y periódicas. Sino que es algo más, al menos para los europeos. Un país democrático es aquel que además de todo lo anterior, cumple lo que indica el Artículo 1 de la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea, en el que se plasma que: “La dignidad humana es inviolable. Será respetada y protegida”. Un hecho fundamental que el actual Gobierno de Israel de Netanyahu ni cumple, ni acata, ni observa. Por todo ello, no comprendo por qué la “presión internacional” debe reducirse a sugerir a Israel que mate mejor y un poco menos y no a, por ejemplo, romper relaciones con Israel hasta que acate las resoluciones de la ONU y cumpla las normas que establece una verdadera democracia. Claro está que contando con el inquebrantable apoyo de los EE.UU. que mantienen todavía a más de 30 prisioneros en un limbo legal en Guantánamo, la mayoría sin cargos o a la espera de un juicio militar, se entiende todo.